Entendiendo la ciudad como la interrelación, en diversos sentidos y de varias maneras, del artefacto (la ciudad física), sus habitantes y sus actividades, debe quedar en claro la importancia de que la educación de sus habitantes al respecto sea la indicada, y así mejorar su calidad de vida en ella. Se trata de formar verdaderos urbanistas e instruir ciudadanos responsables. Educación que no apenas se debe sumar a la convencional de artes, ciencias, humanidades, geografías, historias, lenguas y política, sino relacionarlas con las ciudades.

Educación cívica, para que los habitantes de la ciudad convivan mucho mejor en barrios y conjuntos residenciales, en los que el respeto por los otros, comedimiento y colaboración son fundamentales para que el vivir en ellos sea seguro, funcional y grato, e incluso emocionante, ya sea al permanecer en ellos, o circulando a pie o en un vehículo; además de una verdadera urbanidad en tanto cortesía, buenos modales, lenguaje apropiado y cuidado del entorno para una convivencia pacífica y respetuosa. Educación que una vez que la mayoría de los habitantes de una ciudad la adquieran, los nuevos la seguirán, como lo hacen los turistas educados.

Educación institucional, relativa a cómo funciona el Gobierno; y a la enseñanza de los derechos, deberes y responsabilidades de los ciudadanos en tanto miembros activos del Estado, y titulares de derechos políticos, y sometidos a sus leyes. Logrando de esta manera ciudadanos informados y comprometidos con la democracia y el bien común, y conscientes de la importancia de participar activamente en la comunidad para fomentar valores como el respeto, la tolerancia, la colaboración y la responsabilidad de todos los habitantes en una ciudad.

Educación urbana, centrándose en las características y necesidades únicas y prioritarias de cada ciudad, y su entorno metropolitano, en relación con su geografía e historia, y cómo se ha adaptado a poblaciones diversas y con necesidades específicas, que han dado origen a su urbanismo, arquitectura y paisajes presentes en el Siglo XXI y que la identifican; y cómo lograr a partir de esta realidad una mejor ciudad mediante un pensamiento, ilustrado crítico y participativo, utilizando la ciudad como un recurso a mano para el aprendizaje crítico de la misma.

Educación estética, para que se entienda que la belleza, si bien es variable culturalmente, está relacionada con la armonía, el equilibrio y la proporción, desde la perfección formal hasta el encanto de la imperfección; y entonces desarrollar en los habitantes de la ciudad la sensibilidad, percepción, creatividad y pensamiento crítico necesarios para apreciar la estética y su significado en la ciudad y la naturaleza, fomentando una mejor conexión entre las actividades, el artefacto y sus habitantes, contribuyendo a su transformación personal y social.

Educación política, enfocada en explicar la democracia y lograr el conocimiento político, económico, social, étnico y cultural de cada sociedad. Información que permita a los ciudadanos seleccionar candidatos a alcaldías y concejos según sus propuestas para cada ciudad, en tanto artefactos, habitantes y actividades; como también la de presidentes y parlamentarios, considerando que, en cada vez más países, ya cerca de las tres cuartas partes de sus habitantes viven en ciudades, y en el mundo ya lo hacen más de la mitad desde 2008.

En conclusión, se precisa de una verdadera y amplia educación que permita adquirir conocimientos, valores, costumbres y hábitos para el desarrollo personal y social; desde la familia, la escuela, el colegio, la universidad y después, promoviendo el pensamiento crítico, la igualdad, la colaboración y el respeto por los otros, permitiendo entonces la conformación de sociedades más justas, pacíficas y prósperas, a base de ciudades ídem, en las que el artefacto, sus habitantes y actividades conforman una sola ciudad con mejor calidad de vida.