No es la primera vez que señalo el descuido con el que el país, desde el Gobierno Nacional a los municipales, tratan a los ancianos.La plusvalía que tanto gusta a los ministros de hacienda, aplicable a quienes se les valoriza la propiedad raíz en la cual viven, no como consecuencia de los benéficos resultados de la administración municipal sino porque en Bogotá prácticamente se agotó la tierra urbanizable, lleva a que la mayoría de los afectados no somos productivos de modo que es un ataque directo al ahorro de quienes trabajamos durante muchos años para envejecer (ambos cónyuges) con tranquilidad sin contar con que los jóvenes de ahora están empeñados en recortar las pensiones.Esto último, por supuesto, se da al nivel de los ministros y otros funcionarios ricos y jóvenes; los viejos pobres o burguesamente acomodados, ¡Qué se frieguen y ojalá se mueran para aliviar la crisis de la salud!¿A mí que me importa que mi vivienda valga más cada año si sigo viviendo en ella? Pero nos tienen que penalizar pese, además, a que el gobierno distrital de Bogotá ha hecho lo posible por arruinarnos con calles miserablemente malas, un tráfico repugnante y obviamente con cero movilidad.Pero a los mayores nos dicen, además: no usen el vehículo tres días por semana, no lo saquen tampoco el día sin carro, monten en bicicleta, traten de tomar un bus azul que nadie sabe para donde va ni como se paga, o un Transmilenio a ver si se cae al subir o bajar o si lo roban dentro o si puede caminar ocho o diez cuadras llenas de huecos, alcantarillas destapadas y ladrones para llegar a ese eficaz sistema de transporte.Los griegos y los romanos que honraban a los ancianos y reconocían en ellos la memoria de la ciudad y la experiencia de vida, obviamente no pensaron en ahorrar en salud pública saliendo de ellos por vías injustas, turbias e insensatas.¿Por qué tenemos que aguantar a esos perversos funcionarios que han malbaratado los dineros públicos en pésimos gobiernos que ahora están vendiendo los pocos activos que le quedan a la Nación y que acabarán en mermelada? Veámoslo.Santos y su protegido Petro a quien parece que tiene de candidato para 2018 y por eso trata por medio del sombrío Benedetti de frenar al vicepresidente. ¿De dónde viene la ‘liaison’ pecaminosa entre esos tres especímenes de lo peor que tiene la política colombiana?El Presidente, además de los innumerables defectos de su torcida personalidad, es un inútil y pésimo administrador (Colombia es, entre 146 países el 125 en mala administración).¿Qué lo une a Petro? ¿Qué lo hizo Presidente con los votos de Bogotá? ¿Qué más? Ya se verá al pasar los días.¿Y a Benedetti? Averígüelo Vargas pero no me parece que sea una historia para menores que, sin embargo, le valió una embajada para la hermana a ese odioso personaje. Tema siniestro este, lo mismo que el de si Santos le encomendó frenar a Vargas y por eso, sorpresivamente, Uribe lo salvó para asombro de su combo parlamentario que no piensa que y que va de ida cuando Uribe ya está de regreso.De milagro que al finalizar en el Senado la aprobación del Plan de Desarrollo, nos libramos del que antaño se denominaría “Impuesto a la soltura”. En la vieja y decente Santa fe de Bogotá, por un pudor mal entendido, nadie llamaba a ciertas partes de la anatomía o de su funcionamiento por el nombre correcto, lo cual siempre nos mantuvo separados de los malhablados españoles, de manera que “soltura” hoy en día sería reemplazada por “diarrea”. El Director de Planeación, joven e inexperto, pretendía castigar el uso del agua en ciertos estratos lo cual implicaría mayores impuestos para los ancianos con incontinencia o para quienes sufren de cáncer de colon o de otros trastornos intestinales o como consecuencia del consumo de pitahaya. Es lo único que nos faltaba.¡Qué país este!