El primer cambio que me dejaron los festejos religiosos y, en especial, los de fin de año, es mi actual afición por el lenguaje.Como creo haberlo mencionado rezamos dos novenas y en ambas, tanto en los textos originales como en el de la monja Samper Acosta, se habla del buey y del jumento.¿Por qué le pusieron ese nombre tan raro al burro?, preguntó una voz juvenil; he de confesar que no entendí la pregunta y respondí: en primer término y tradicionalmente, los dos animales estaban en el portal de Belén; Benedicto XVI, con su severidad alemana los sacó del pesebre y, según lo vi en varias iglesias, ya no estaban estos tradicionales acompañantes de José y María pero el Papa Francisco los volvió a llevar al humilde albergue, tal como consta en su homilía de Navidad. Algunos curas no se enteraron a tiempo y por ello maltrataron las novenas, según las cuales los pacíficos y famosos animales calentaban al niño con su aliento.Pero, respondió mi interlocutor, eso no explica por qué al simpático burro lo bautizaron con ese feo nombre, ‘jumento’; trabajo me costó explicar a jóvenes y niños que ‘burro’ y ‘jumento’ son sinónimos sin que hubiera bautizo de por medio.Por supuesto, aunque en la lengua bogotana se usó hasta no hace mucho la palabra ‘jumento’ para calificar a todos los torpes no educables: “ese ministro es un jumento”, “el hijo de tu amiga es un jumento”, etc, etc… Lamentablemente ya desapareció esta útil acepción que es menos fea que calificar a alguno de “lento” o “estúpido”; además, tenía un dulzón sabor bíblico.Al final de este episodio lingüístico surge la pregunta: ¿A quién le creemos? ¿A Benedicto, o a Francisco? Pero a quienes analizamos el evangelio más con el libro de Saramago que con las estúpidas notas que en diversas épocas se agregaron a los evangelios para poder falsear lo que ellos dicen y lo que Jesús -hombre- quiso enseñar, nos enfrentamos a un dilema: Francisco agregó en su homilía que la Sagrada Familia había huido a Egipto para proteger al niño del genocidio que había organizado Herodes, y esto merece otro comentario.Los judíos siempre fueron amigos y, en ocasiones víctimas de las masacres. Según el antiguo testamento, Jehová -por petición de Moisés- organizo el asesinato por parte de unos ángeles mercenarios a su servicio de todos los primogénitos de los egipcios; afortunadamente, como todas las historias de los semitas (ver Las mil y una noches) tal cosa no ocurrió y por ello la Familia no huyo a Egipto sino que pacíficamente se devolvió a su pueblo, Nazaret y esto le crea a Francisco un problema: si había burro (jumento) José podía llevarse a María y a Jesús a El Cairo (ciudad donde un guía astuto me llevó a la casa donde vivió la “Sagrada Familia”, creo que la de él y no la sagrada). De todos modos si el burro o jumento era burra, también proveía de leche al angustiado y desplazado padre de familia.Por supuesto, en esta hipótesis, y ahí fue donde Francisco no calculó el peligro que representaba la presencia del jumento, ¡José sé robo el burro sin el cual no habría llegando nunca a Egipto!La no presencia del animal, para al análisis severo del Papa germano, deja en claro que no hubo tal huida, ni reyes magos a quienes también sacó del pesebre ni, por supuesto, masacre alguna y Herodes ha sido calumniado por más 21 siglos porque los estudiosos acaban de aclara que Cristo nació cuatro o cinco años ¡Antes de Cristo! Según algunos estudiosos, la masacre de Masada también fue un invento para darle a Israel unos héroes que hacían falta, y lo mismo ocurrió con las otras atribuidas injustamente a Jehová: el diluvio universal y el genocidio de Sodoma y Gomorra ni tampoco, en pequeño, el chiste flojo de pedir a Isaac que asesinara a su hijo (Páselas por inocentes).La triste historia de los judíos, escrita magníficamente por Johnson es que sí hubo una horrible matanza y un genocidio atroz, a cargo de Hitler y su banda de apestosos nazis, con la silenciosa aceptación de los conciudadanos de Benedicto.