Ante los varios amenazantes problemas que se siguen afrontando en todo el mundo todos los días (guerras, cambio climático, disminución de la biodiversidad y del agua dulce, mal uso de la IA, ‘autocratización’) hay que destacar varios cambios positivos, y seguro hay más, que avanzan cada vez más en distintas partes.

Más ciudadanos participan en la política: en las elecciones nacionales ronda del 65% al 90 % en países con voto obligatorio, y del 40 % al 60 % en los voluntarios, y aunque la actividad política directa (militancia, protestas, debates o activismo) está aún por debajo del 10 % de la población mundial, ya comienza a cambiar.

Más mujeres ocupan cargos públicos, a 2026 hay entre 28 y 30 mujeres liderando el poder ejecutivo en los 195 países reconocidos oficialmente, y cada vez las hay más que aspiran a ellos. En los cargos privados ocupan, a nivel global, el 33,5 % de los puestos de alta dirección, y en las juntas directivas el promedio es 24,5 %.

Más conocimientos, basados en la ciencia, se logran cada año sobre la geografía y la historia del mundo, y sobre todos los demás asuntos que conciernen a la humanidad; y disminuyen las simples creencias. Cada vez es mayor la difusión de los mismos y hay más facilidades para poder verificarlos responsablemente.

Más conciencia de los problemas globales, como el cambio climático, la desigualdad y la pobreza. Organizaciones internacionales y movimientos sociales impulsan esta visión, aunque la magnitud de las crisis, las diferencias económicas entre regiones y la corrupción, hacen que el grado de compromiso varíe en la práctica.

Más energías renovables disminuyen la dependencia de los combustibles fósiles, ya sean eólicas, solares e hidráulicas a pequeña escala, que se están usando en muchas partes, al tiempo que se controla más el mal uso de la energía, igual que el del agua potable. Hay menos desperdicios y basuras y su reciclaje aumenta cada vez más.

Más tolerancia y respeto por la diversidad étnica, cultural, social y económica; las leyes y el reconocimiento social han avanzado significativamente en temas de derechos humanos, igualdad de género y preferencias sexuales. Y más preocupación por la debida educación cívica de los habitantes de las ciudades y sus actividades.

Más intercambios culturales que generan empatía, tolerancia y crecimiento cultural propio, transformando cada vez a más personas en cultos ciudadanos del mundo, que respetan y disfrutan de sus diferencias culturales en sus sitios de origen; y que no pretenden imponer sus costumbres en lugares distintos de sus orígenes.

Más control de la natalidad, y ya a nivel mundial el promedio es de aproximadamente 2,2 hijos por mujer (una tasa de natalidad que ha caído drásticamente desde los 5 hijos registrados en la década de 1950) y la mayoría sobrevive. Menos hijos que entonces podrán ser mejor criados y convenientemente educados desde la infancia.

Más estoicismo, pero no solo en la medida en que enseña acerca de aquel antiguo camino hacia la felicidad y la paz interior, controlar las reacciones ante las adversidades y cultivar la razón; sino especialmente en cómo colaborar con los demás para mejorar la vida que viene para todos, en todas partes del mundo.

Más educación y cada vez para más mujeres; y por lo demás ya se sabe cómo mejorarla para que forme ciudadanos y no para que apenas instruya profesionales. Como dijo Nelson Mandela: “la educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo” y por lo tanto para cambiarse ella misma.

Cambios positivos todos los anteriores que hay que es necesario apoyar mucho más, cada quien de acuerdo con sus disertaciones, prioridades y posibilidades, considerando que no son excluyentes unos con otros.