El jueves, en el Encuentro Anual de Afiliados de la Cámara de Comercio de Cali, nació Camaradería, la red de negocios para las empresas afiliadas a la Cámara. Yo no pude estar en el salón. Vicky Perea ocupó mi silla en la conversación con María del Mar Palau, y ver arrancar un proyecto a distancia me causó una sensación dulceamarga. Sin embargo, considero que Vicky fue la persona más indicada para estar allí arriba, ya que, con su enciclopédico conocimiento del Valle, pudo dar fe del rol que han jugado las conexiones y los vínculos empresariales en la región, desde el Tren del Pacífico al clúster azucarero.
Algunos se preguntarán qué hace un medio de noticias desarrollando herramientas de tecnología. La pregunta es legítima y la respuesta se remonta a las primeras motivaciones por las que decidí embarcarme en este camino. Mi visión es, desde los huesos de una institución de 76 años, sacar adelante una empresa de medios y de tecnologías de la información. No son dos negocios, son apenas el mismo oficio, pero con herramientas nuevas.
Camaradería es la evolución de El País Licita, que lanzamos con la Cámara en febrero, enfocada en acercar las compras públicas a los empresarios. Pero en estos meses aprendimos algo que no estaba en el plan. La información sola no basta. Lo que el empresariado caleño pedía, sin decirlo con esas palabras, era un lugar donde encontrarse: interactuar entre sí, hacer conexiones de alto valor y cerrar negocios. Camaradería es ese vehículo. Y su pieza más importante no es la que mira al Estado, sino la que mira hacia adentro: cualquier empresa de la red puede publicar sus propias solicitudes de compra para que las demás participen. Es el intercambio económico entre las empresas del Valle, puesto en orden. Claro, hoy en Camaradería también sus afiliados tienen acceso a las oportunidades de venta al Estado, todo lo anterior como beneficio incluido a los afiliados de la CCC.
Aquí vuelvo a la pregunta del periódico. ¿Qué es Camaradería sino un medio? Una plataforma de información altamente especializada, que sirve a un nicho preciso y cuya audiencia es además partícipe en la creación de contenido de alto valor. Durante décadas, las empresas de esta ciudad se encontraban en las páginas de El País. Hoy se encuentran en una pantalla, con inteligencia artificial de por medio, pero el oficio es el de siempre: poner en contacto a quien ofrece con quien necesita.
Le dejo una incógnita a cada afiliado que lea esto. ¿Cuántas de las compras que hizo su empresa este año se fueron a proveedores de Bogotá o de Medellín, cuando quizás, a quince cuadras había alguien capaz de surtirlas? La pregunta pesa más ahora. La reconstrucción después del sismo de agosto va a mover obra pública y privada como esta región no veía en décadas, y lo que está en juego es quién la ejecuta. Si la hacen firmas de afuera, el Valle se repara. Si la hacen empresas de aquí, con socios que hoy pueden encontrarse en Camaradería, el Valle se repara más rápido y cada peso se vuelve nómina, proveedores e impuestos locales. Esa es la diferencia entre reparar y dinamizar.
A la Cámara, y a María del Mar Palau, una tecnófila que entiende de primera mano el poder transformador de la tecnología, mi agradecimiento. A ustedes les pido algo concreto: entren a Camaradería, publiquen una solicitud de compra y cuéntenme qué pasó. En este espacio, estaremos compartiendo con ustedes las experiencias vividas en Camaradería Caleña.