Con un sentido poético podemos decir de Cali lo que es y ya no es, pero sigue siendo. Como en un presente continuo, ocurre su devenir entre la memoria y los vestigios de otros tiempos, mientras se transforma con los acontecimientos y se reescribe ante cada uno de ellos.
A lo largo de sus casi cinco siglos de historia, la ciudad llegó a ser escenario de sucesos significativos, trágicos unos y afortunados otros. Esta dualidad le ha exigido sobreponerse a sus desdichas y, al mismo tiempo, encontrar expresiones y formas que le dieron sentido a su existencia y orgullo por sus riquezas culturales y naturales. En busca de equilibrar en el camino las adversidades con retos y aprendizajes para su bienestar, Cali ha alcanzado una fascinante y particular identidad.
Hace setenta años se produjo quizás el mayor desastre urbano en la historia de la ciudad, cuando explotaron siete camiones militares cargados con toneladas de dinamita junto a la antigua estación del ferrocarril y el barrio San Nicolás, que arrasó gran parte del centro y dejó miles de víctimas. La ciudadanía afrontó el dolor y emprendió la reconstrucción que significó reconfigurar el trazado de la ciudad. En otros casos, fueron hitos ciudadanos los que modificaron y modernizaron el urbanismo de la ciudad, tal como los VI Juegos Panamericanos (1971), evento que transformó sustancialmente la infraestructura de la ciudad, adquiriendo esta reconocimiento como la capital deportiva de América.
Un registro histórico de lo que fue nuestra ciudad se halla en el documental Cali, Cálido, Calidoscopio (1985), que efectúa un paralelo entre la memoria del pasado y el presente de ese momento, con tomas de personas, paisajes y calles en un ambiente musical. Cali fue epicentro del movimiento cinematográfico y literario en los años 70 y 80, liderado por Andrés Caicedo, Luis Ospina y Carlos Mayolo, cuyo estilo, bautizado como ‘Gótico Tropical’, mezcla de calor, crisis y misterio. Por su parte, la salsa, como fenómeno social que le dio identidad popular, ha moldeado el espacio público y barrios, en función de la música y el baile.
A medida que el progreso, el comercio y las vías como la del gran Bulevar del Río se abren paso, queda atrás la ciudad de la infancia y juventud de muchos caleños que solo la recuperan en su memoria, o la evocan a través de la música. Cali sigue siendo ella en la literatura por obra de autores que vivifican sus calles, su brisa, sus tensiones. En ¡Que viva la música! y El atravesado, Andrés Caicedo recorre la geografía urbana de los años 70, erigiendo lugares icónicos como la Avenida Sexta en monumentos literarios.
Ahora hay un nuevo y gran desafío ante el devastador terremoto del 10 de agosto, consistente en la ineludible y urgente adecuación del ordenamiento territorial de la ciudad en zonas y trazados y normativa que atienda los estudios sobre las causas de la destrucción masiva de estructuras en barrios tradicionales. Se necesitará contar con bases técnicas para la seguridad de la ciudad y de la vida de sus habitantes, sabiendo con certeza que zonas edificadas sobre antiguos cauces y humedales concentraron la mayor destrucción por efecto, entre otros, del llamado fenómeno de licuefacción.
En palabras robadas al poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, habló de “..la ciudad que nos sueña a todos y que todos hacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos”.