A raíz de todo lo que ha sucedido no solo en Cali sino en otras partes, terremotos, incendios, inundaciones, quiero hacer las siguientes reflexiones.

Primero quiero expresar cual es mi aprendizaje personal y como aplicarlo.

Primera lección: HUMILDAD, agachar la cabeza y nunca sentirme superior a nadie, respetar y escuchar a los demás, aun si no piensen igual que yo.

Segunda lección: PRESENCIA, la vida es un ratico y hay que vivir el ahora, no sabemos qué va a pasar mañana.

Tercera lección: AMOR PROPIO, soltar la fusta y no darme tan duro, no vivir pensando en el qué dirán de mí, vivir más en introspección y menos hacia afuera.

Cuarta lección: SILENCIO, hay que saber cuándo callar y no ser tan reaccionario, buscar espacios donde el silencio se convierta en alimento para el espíritu y así conectar con la fuente, llámese Dios, Gran espíritu, Wakantanka, Ala, o el gran Misterio.

Quinta lección: COMPARTIR, no sólo lo que me sobra, eso es fácil, sino dar suficiente para los que necesitan y como dijo Jesús “que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda.” LA SOBERBIA, …hay… el peor enemigo y está interno.

Muchas más y cada día aprendo algo nuevo.

Son momentos complejos donde también tenemos que aprender lecciones colectivas, como especie gregaria, somos parte de un gran rebaño por lo cual tenemos responsabilidades con los otros.

Allí viene la reflexión de lo importante y la responsabilidad que tenemos al planificar nuestras ciudades y nuestros entornos.

Caso específico, hay construcciones o grandes edificios que fueron construidos en terrenos no aptos porque seguramente nuestras autoridades encargadas de la planeación permitieron los permisos, entonces me pregunto, de quién es la responsabilidad, ¿del constructor o de las alcaldías? Esto lo digo para que de esta reflexión aprendamos y seamos responsables de nuestras acciones. No construir donde son lechos de ríos que ahora están cubiertos o invisibilizados por encima, pero ellos también tienen vida por debajo.

Un buen aprendizaje nos deja este terremoto, que no importa a la clase social que pertenezcamos ni la cantidad de plata acumulada en los bancos, todos somos mortales y cuando muramos oleremos a lo mismo. Las rencillas por poder e ideologías políticas o religiosas, sólo empeoran las cosas y creo que la tierra lo siente.

Con respecto al incendio que ocurrió hace unas semanas en la loma de Cristo Rey se hubiera podido mitigar si las autoridades competentes hicieran uso de las herramientas que existen, como torres de vigía, cámaras térmicas y helicópteros Bambi… de verdad otra sería la historia.

Entonces ahora no se trata de ‘llorar sobre leche derramada’, sino mirar con sinceridad y despojados de orgullo, a trabajar en las obras personales y colectivas, aprender de las lecciones que nuestra tierra nos está exigiendo.

Tarea de aprendizaje para todos y todas.