El pánico se apoderó de un grupo de ciudadanos que transitaba por el corredor vial que conecta a la capital del país con el occidente del departamento.
En un paraje solitario de la zona conocida como parque Canoas, lo que parecía un domingo de descanso para tres familias se transformó en un escenario de criminalidad extrema que expone la vulnerabilidad de los viajeros en las rutas de Cundinamarca.
Las víctimas, entre las que se encontraban mujeres y niños, fueron sorprendidas por hombres armados que irrumpieron en su trayecto con una violencia inusitada.
Según los reportes recolectados tras el incidente, los atacantes, identificados por los afectados como ciudadanos extranjeros, tomaron control total de la situación mediante el uso de armas de fuego y amenazas de muerte constantes.
De acuerdo con los testimonios recopilados por medios de comunicación nacionales, el asalto inició cuando varias mujeres y menores de edad fueron abordados por sujetos armados que serían de nacionalidad venezolana.
Lo que empezó como un atraco convencional se transformó rápidamente en una retención ilegal sistemática que ha encendido las alarmas sobre el control territorial de estas bandas en los corredores viales.
Los delincuentes aplicaron un procedimiento específico para neutralizar a sus víctimas y asegurar el botín. Según los relatos de los afectados, los asaltantes obligaron a los ciudadanos a quitarse los cordones de sus propios zapatos para utilizarlos como ataduras en pies y manos. Una vez inmovilizados, fueron arrojados al suelo en una zona boscosa del sector.
Bajo constantes amenazas de muerte y agresiones físicas, los criminales exigieron el acceso total a la privacidad financiera de las familias. El objetivo principal era obtener las claves de las cuentas bancarias para realizar transferencias y retiros inmediatos, una modalidad que se ha vuelto recurrente en los asaltos perpetrados en esta zona del departamento.
Uno de los aspectos más preocupantes del suceso fue la logística empleada por la organización. Inicialmente, el robo fue ejecutado por tres sujetos, pero a medida que transcurría la tarde, al menos siete cómplices adicionales llegaron al lugar de los hechos.
Este refuerzo permitió que los delincuentes interceptaran a más familias que transitaban por el área, convirtiendo el parque en un punto de retención ilegal.
Los afectados recalcaron que los asaltantes no mostraron ningún tipo de consideración ante la presencia de niños, quienes vieron cómo sus padres eran golpeados y despojados de sus pertenencias. Además del dinero en efectivo y los saldos bancarios, los delincuentes huyeron del sitio llevándose un vehículo particular.