Este 20 de marzo de 2026 se cumplen ocho meses desde el secuestro de dos uniformados miembros de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín) de la Policía Nacional en el departamento de Arauca.
Los policías, identificados como el subintendente Franquilley Hoyos Murcia y el patrullero Jordyn Pérez, fueron interceptados el 20 de julio de 2025 en la vía entre Tame y Arauca mientras cumplían funciones oficiales. Presuntamente, ambos policías estaban dedicados a investigar los homicidios de líderes sociales, firmantes del Acuerdo de Paz y sus familias.
Desde entonces, permanecen en poder del Ejército de Liberación Nacional (ELN), grupo armado que mantiene fuerte presencia en esa región fronteriza.
A ocho meses del hecho, sus familias han alzado nuevamente la voz para exigir gestiones efectivas que permitan su regreso a casa. Denuncian que, pese al paso del tiempo, no han recibido información clara ni resultados visibles por parte de las autoridades, lo que incrementa la angustia y la incertidumbre.
Es relevante tener en cuenta que Arauca atraviesa una situación compleja en términos de seguridad, donde el ELN ejerce control territorial y ha intensificado acciones armadas en los últimos años; esta situación ha dificultado tanto las operaciones de rescate como los procesos de negociación, que permanecen estancados.
Las familias insisten en que los uniformados son padres, hijos y hermanos, y que su prolongado cautiverio no puede convertirse en una cifra más dentro del conflicto. Por ello, han hecho un llamado directo tanto al ELN como al Gobierno para priorizar su liberación como un gesto humanitario.
Humberto Pérez, el padre del patrullero Pérez, en entrevista con distintos medios de comunicación, relató cómo transcurrieron los hechos el lamentable día que su hijo fue secuestrado: “Mi hijo, Yordyn Pérez Mendoza, en compañía del señor Franque Esley Hoyos Murcia, quienes son miembros de la Policía Nacional adscritos a la Dijín, fueron retenidos mientras se desplazaban desde Bogotá hacia Arauca, lugar donde laboran”.
El padre del uniformado señaló que “la noche anterior (sábado 19 de julio de 2025) habían llegado a las once y media, pernoctaron en mi casa y salieron a las ocho de la mañana. En el trayecto entre Pueblo Nuevo y Panamá de Arauca fue donde, al parecer, ocurrió la retención que hoy nos tiene viviendo este penoso hecho”, explicó.
Recientemente, se conocieron pruebas de supervivencia de los secuestrados, lo que confirmó que seguían con vida, aunque en condiciones desconocidas. Sin embargo, estas evidencias no se han traducido en avances concretos hacia su liberación.
Este secuestro se suma a una preocupante tendencia de incremento de este delito en Colombia, impulsado por disputas territoriales entre grupos armados ilegales.