El acosador de Floralia cambiaba el color de los plásticos de su moto para no ser identificado. Merodeaba el barrio buscando a sus víctimas: mujeres que salían a caminar con sus hijos pequeños. Las amenazaba con matarlos si no obedecían. Después introducía la mano por debajo del pantalón, las tocaba y huía.
Cuando la mayor Martha Lucía Orejuela, jefa de la Patrulla Púrpura de la Policía en Cali, escuchó la denuncia, pensó en sus dos hijas, de 8 y 3 años. Entendió a esas madres que, por proteger a sus hijos, preferían no reaccionar.
— Es uno de los casos que más me ha marcado. Se volvió un reto —dice.
Con sus agentes revisó cámaras durante horas hasta encontrar el detalle: el hombre cambiaba las tapas de la moto para despistar. Luego ubicaron a las víctimas, alrededor de diez mujeres, y las convencieron de denunciar. Hoy el agresor está en la cárcel.
La mayor también es psicóloga. Estudió para sanar su propia historia. Ahora, con el uniforme verde oliva, enfrenta la violencia contra otras mujeres.
Es lunes, víspera del Día de la Mujer. En la estación de policía La Rivera, al norte de la ciudad, revisa en su celular los reportes de la madrugada. El primero ocurrió después de una rumba: una pareja inició una discusión, él la agredió físicamente y huyó, ella llamó a la Patrulla Púrpura, que la acompañó hasta un centro médico.
— El licor es un factor de riesgo. Las fechas especiales son las más difíciles.
En 2025 se registraron 4499 denuncias por violencia intrafamiliar contra mujeres en la ciudad, 12 al día, según el Observatorio de Seguridad. En ocho de cada diez casos, el agresor fue un hombre que alguna vez prometió amarlas.
Cuando llega a una escena, la Mayor no mira primero al agresor sino a la víctima. Observa los silencios, la postura, el temblor en las manos.
— La violencia casi nunca empieza con un puño; empieza con el control sobre el otro: el teléfono, las redes sociales, la familia, los amigos, la forma de vestir. Esa es una de las principales señales. La víctima inicia un aislamiento progresivo de su círculo social debido a celos disfrazados de amor, desvalorizaciones constantes y amenazas.
No todos los agresores, sin embargo, son parejas o exparejas. Su primer caso como comandante de la Patrulla Púrpura fue una anciana a quien su nieto bañaba en el patio con una manguera y límpido. Sucedió en el barrio Los Chorros.
— Se aferraba a nosotros como si no quisiera soltarnos nunca. Era su forma de decir “gracias”, aunque no decía nada.
Otra mujer de 89 años vivía dentro de un carro mientras sus familiares cobraban sus pensiones. Estaba desnutrida. Murió en un hogar de acogida meses después de ser rescatada. Otra mujer de 65 años, con trastornos psiquiátricos, fue obligada por su hija a vivir en el antejardín de una casa del barrio Villa del Prado. Sobrevivía gracias a la caridad de los vecinos.
En Cali, solo el 5 % de las víctimas reporta como agresores a sus hijos. Pero entre mujeres mayores de 60 años ese porcentaje se dispara al 65 %, según el Observatorio de Seguridad.
La Patrulla Púrpura la integran 18 agentes. Atienden cerca de veinte casos diarios: uno cada hora en promedio. No solo de mujeres agredidas. También personas de la comunidad Lgbti e incluso, hombres golpeados por sus exparejas. La violencia de género también ocurre contra ellos.
Desde 2023, cuando asumió el mando de la patrulla, la Mayor recibió una advertencia: si no demostraba resultados, volvería a vigilancia. Ella se sonríe mientras lo narra.
En el último año los feminicidios se redujeron a cinco, menos de la mitad que en 2024, cuando ocurrieron 11. Pero la violencia no desaparece, muta. En 2025 fueron asesinadas 69 mujeres en la ciudad, 8 casos más que en 2024.
— Lo más difícil es acompañar a la víctima cuando está rota emocionalmente, cuando siente culpa y miedo. Se necesita ponerse en sus zapatos y devolverle a esa mujer la confianza y la dignidad – dice Martha.
Las denuncias muchas veces llegan por la línea de emergencia 123 o directamente al teléfono de la Patrulla Púrpura, 318 861 1522. En los barrios, la mayor Martha y sus agentes también han formado vecinos como Guardianes Púrpura, que los alertan cuando identifican algún caso de violencia de género en la comuna.
Si el riesgo es extremo, la víctima puede ser trasladada al hogar de acogida de Casa Matria de la Alcaldía. Allí llegan con lo puesto, muchas veces con sus hijos. Algunas cargan una maleta después de que los agentes de la patrulla las acompañaron a sus hogares por las pertenencias; otras, apenas una bolsa.
En 2025, 38 mujeres pasaron por ese refugio bajo medidas de protección por riesgo de feminicidio, según explicó Steffany Escobar, subsecretaria de Equidad de Género. Hoy viven cinco mujeres, que reciben acompañamiento psicológico, jurídico y apoyo para reconstruir su autonomía. Algunas permanecen días; otras, meses. Los huérfanos de los feminicidos también reciben atención en la Casa Matria.
— La dependencia económica es uno de los principales obstáculos para salir del círculo de violencia —dice Martha.
La Mayor toma el radioteléfono. Sus uñas están pintadas de púrpura, el color de la patrulla. No es parte del uniforme, es una elección, aclara. Con esas manos ha sostenido a víctimas que no pueden dejar de temblar.
El radioteléfono suena, hay una nueva emergencia. Antes de despedirse, la Mayor dice:
— A las mujeres que están pasando por violencia de género les aseguro que no están solas. El miedo es comprensible, pero el silencio fortalece al agresor. Denunciar no es destruir una familia, es proteger una vida, la suya y la de sus hijos. Y la Policía, a través de la Patrulla Púrpura, está para acompañar, no para juzgar.
Casa Matria: el refugio que protege a mujeres en riesgo de feminicidio en Cali
Casa Matria es el programa integral de la Alcaldía de Cali diseñado para proteger y acompañar a mujeres en alto riesgo de violencia de género, especialmente cuando existe amenaza de feminicidio. Cuenta con un hogar de acogida, un refugio al que las víctimas llegan tras ser retiradas de entornos donde su vida corre peligro. Allí reciben protección inmediata y un espacio seguro para estabilizarse física y emocionalmente.
Según explicó Steffany Escobar, subsecretaria de Equidad de Género, el objetivo no es solo salvarlas de una agresión inminente, sino ayudarlas a reconstruir su proyecto de vida. “Cuando llegan, lo que más temen es empezar de nuevo: no saber dónde vivirán, cómo sostendrán a sus hijos o si el agresor cumplirá sus amenazas”. Por eso, además de alojamiento, el programa ofrece acompañamiento psicológico, asesoría jurídica y apoyo social.
Casa Matria también trabaja sobre uno de los factores que más perpetúa la violencia: la dependencia económica. Las mujeres reciben orientación para acceder a empleo o formación en oficios que les permitan sostenerse de manera autónoma y evitar regresar al círculo de maltrato. Algunas permanecen pocos días; otras, varios meses, dependiendo del nivel de riesgo.
De acuerdo con Escobar, el enfoque del programa es preventivo y de restitución de derechos. “No se trata solo de resguardar a una mujer por un tiempo, sino de que pueda tomar decisiones sin miedo y construir una vida libre de violencia”.
Las líneas de atención son 3508032031 y 3116120000. La dirección es Calle 10 # 8-27 (Casa Matria Centro).