La circulación de armas de fuego en la capital vallecaucana fue un panorama que causó preocupación durante el 2025, pues estos elementos estaban en poder de estructuras ilegales.

Según afirmó a El País el secretario de Seguridad de Cali, Jairo García, el año pasado se incautaron 1220 armas de fuego en la ciudad, el 7 % más que durante el mismo periodo de 2024.

Además, cifras de la Policía mostraron que, de las 1327 armas incautadas, 372 eran hechizas o artesanales, mientras que 955 eran originales, es decir, cerca del 80 %, lo que, de acuerdo con las autoridades, deja ver que el fenómeno está relacionado con la comercialización de armamento.

Asimismo, fuentes de esa institución confirmaron que 1055 de estos elementos no contaban con permiso de circulación, mientras que 270 tenían salvoconducto.

Para el consultor en seguridad y paz Felipe Fernández, “en el lenguaje institucional eso significa que estamos hablando de armas industriales, de fabricación en serie con estándares de funcionamiento y, en muchos casos, con posibilidad de rastreo si los seriales no han sido alterados”.

Aunque El País indagó sobre el tipo de armas originales y la manera en la que ingresan a la capital vallecaucana, la Policía indicó que actualmente no se cuenta con esa estadística.

Las armas incautadas por las autoridades en la capital del Valle son dejadas a disposición de las autoridades competentes, con el fin de sacarlas de circulación y que no afecten a los caleños. Estos elementos fueron usados en diferentes actividades delictivas. | Foto: El País

Por su parte, Carlos Rojas, exsecretario de Seguridad de Cali e investigador independiente de GovLab en políticas comparadas de Latinoamérica, indicó que el mercado de las armas ilegales en el país es dinámico y muy poco regulado, por lo que no se requieren armas de fabricación casera, ya que “el comercio mundial de armas facilita, a través de las diferentes fronteras que hay en Colombia, que son bastante porosas, el ingreso de importantes cargamentos de armas de fuego que son distribuidas en las ciudades y que son entregadas a los grupos armados ilegales”.

Los expertos explicaron que, a pesar de que hace más de una década existían armerías en Bogotá, Medellín y Cali, en las que se fabricaban armas artesanales, conocidas popularmente como armas hechizas, en la actualidad ya no son tan populares, ya que los grupos ilegales prefieren armamento industrial, puesto que es más potente y tiene garantías en su uso.

Por lo anterior, Fernández aseguró que “esto marca una diferencia sustantiva frente a las dos fuentes más comunes del mercado ilegal urbano, y son las armas hechizas (de fabricación artesanal), y las traumáticas modificadas para disparar munición letal, un fenómeno que la Policía en Cali ha identificado de manera reiterada como un factor de riesgo creciente”.

Según Carlos Rojas, de acuerdo con los estudios que ha realizado sobre el tema, es posible que en la capital vallecaucana estén circulando aproximadamente 150.000 armas sin salvoconducto, muchas de ellas en manos de criminales, aunque un porcentaje menor podría representar a ciudadanos que buscan protegerse ante la percepción de inseguridad, lo que no es viable legalmente sin los permisos correspondientes.

¿Por qué hay tantas armas en Cali?

Las actividades ilegales que dinamizan el crimen organizado en la ciudad demandan armamento con un buen alcance y potencia, indicaron los expertos, por lo que cada vez ingresan más armas a la capital vallecaucana para cometer homicidios, hurtos, extorsiones y otras actividades delincuenciales.

Hay un gran poder económico que se está moviendo en la mayor informalidad de la ciudad y en gran medida dinamizado por todo ese volumen de recursos que mueve el crimen organizado. Entonces, no hay duda de que se están moviendo grandes sumas de dinero al margen de la institucionalidad y de las regulaciones que el país tiene”, aseguró el exsecretario de Seguridad de Cali.

En la capital del Valle se incautaron armas cortas y largas, aunque las autoridades no han revelado la estadística del tipo de cada elemento. | Foto: El País

Para Fernández, el hecho de que los grupos delincuenciales tengan más armas de fuego significa que existe una mayor letalidad en la ciudad dentro de los enfrentamientos por las economías ilegales que tienen lugar en distintas zonas de la capital del Valle del Cauca.

“Hay indicios de transformación cuando este patrón se cruza con otros elementos. Por ejemplo, con la presencia de redes multicrimen más articuladas, algo que la propia Policía ha venido reportando en 2025 a través de desarticulaciones y capturas asociadas a porte ilegal y estructuras organizadas. También cuando aparecen evidencias de una infraestructura de abastecimiento más sofisticada, como son los casos de centros de tráfico que operaban bajo fachadas formales, lo que habla de logística, encubrimiento y planificación, no simplemente de porte de armas en la calle”, agregó el consultor en seguridad y paz.

Mayor capacidad económica de los grupos

La dinamización de las rentas ilegales ha contribuido al aumento de los ingresos de estas bandas criminales, por lo que adquieren armas de alto poder con el fin de amedrentar a sus oponentes, amenazar víctimas e incluso cometer delitos con más precisión, lo que puede llegar a cobrar mayores sumas de dinero por la comisión de hechos como el sicariato.

“Estos recursos se encuentran en circulación y alimentan, nutren y dinamizan el crimen organizado en la ciudad. Tienen como fuente toda la actividad ilegal del narcotráfico; el mismo comercio de armas tiene un altísimo nivel de rentabilidad para quienes a ello se dedican”, dijo Rojas.

Así es como delincuentes camuflaron 25 cañones de armas en el interior de un horno procedente de Estados Unidos cuyo destino final era Cali, según las autoridades que hicieron la incautación. | Foto: El País

De la misma manera, Fernández enfatizó que “cuando aparecen evidencias de una infraestructura de abastecimiento más sofisticada, como son los casos de centros de tráfico que operaban bajo fachadas formales, demuestra que hay logística, encubrimiento y planificación, no simplemente porte de armas en la calle”.

Por ello, el exsecretario de Seguridad de Cali añadió que hechos del blanqueo de recursos para intentar hacerlos pasar como actividades legales también nutren las cuentas de los criminales, por lo que es vital la articulación que han demostrado la Policía, la Fiscalía, la Alcaldía, el Ejército, entre otras instituciones, para golpear estas rentas.

Uno de los casos más recientes ocurrió cuando uniformados de la Policía Nacional decomisaron un asador proveniente de Miami, Estados Unidos, ya que, al revisarlo con tecnología de escáner en el Aeropuerto El Dorado, de Bogotá, se encontraron elementos extraños en su interior.

Los hechos ocurrieron el pasado 6 de enero y, de acuerdo con las autoridades, se hallaron 25 cañones de armas de fuego ocultos que pretendían llegar como encomienda a Cali, según informó la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, Dian, lo que dejó en evidencia esta modalidad criminal.

Continúa el flagelo

A pesar de las actuaciones de las autoridades para desarticular estos grupos al margen de la ley, de acuerdo con los expertos, es difícil sacar de circulación miles de estos elementos peligrosos, ya que los mercados negros han tomado fuerza y las armas llegan desde diferentes países o incluso son hurtadas a la Fuerza Pública.

Las autoridades están priorizando las investigaciones para desarticular las redes de comercio de armas, más allá de adelantar procesos de desarme voluntario. | Foto: El País

Además, según Carlos Rojas, las instituciones no tienen las capacidades para afectar un problema tan amplio. “El país no cuenta con esas herramientas y por eso, por más que un alcalde, un secretario de Seguridad o un comandante de Policía desee intervenir, neutralizar y reducir los indicadores de alto impacto en criminalidad de las ciudades, en el fondo no se refleja en medidas suficientes que transformen la dinámica del crimen urbano en Colombia”, dijo.

A pesar de ello, Fernández puntualizó que el trabajo de las autoridades va por buen camino, pues el fortalecimiento de los módulos de trazabilidad y del rastreo balístico han permitido establecer con mayor precisión que una parte significativa del mercado ilegal urbano está compuesto por armas industriales.

“Es decir, a mayor capacidad de rastreo, mayor visibilidad de un problema que en parte ya existía, pero que antes no se podía dimensionar con la misma claridad”, concluyó.