La moda colombiana volvió a ocupar un lugar protagónico en el escenario internacional gracias a una propuesta que fusiona diseño contemporáneo, sostenibilidad y saberes ancestrales.
Y es que, la firma MAZ, liderada por la diseñadora colombiana Manuela Álvarez, fue la encargada de crear los trajes oficiales con los que la Selección Colombia hizo su llegada protocolaria al Mundial de Fútbol 2026, en una colección desarrollada junto a artesanos de la comunidad indígena Camëntsá Biya, del Valle del Sibundoy, en Putumayo.
Más que una colección de sastrería, el proyecto buscó representar la identidad cultural del país a través del trabajo artesanal y la innovación textil.
La iniciativa reunió a integrantes de los colectivos Curarte y Suma Killa, liderados por Eisen Jacanamejoy y Teresa Jacanamejoy, quienes participaron en un laboratorio creativo para incorporar elementos de la cosmovisión Camëntsá al diseño de las prendas.
El resultado fueron más de 70 trajes confeccionados con más de 450 metros de tejido de algodón elaborado artesanalmente en telar horizontal.
Sobre esta base se estampó un monograma exclusivo del Trifolio de Adidas mediante una tecnología que no utiliza agua durante el proceso de impresión, en línea con criterios de sostenibilidad.
“Más que una propuesta de sastrería, este proyecto representó una oportunidad para continuar explorando una pregunta que ha guiado nuestro trabajo desde la fundación de MAZ: ¿cómo puede el diseño contemporáneo dialogar con el conocimiento artesanal para representar la identidad de un país?”, explicó Álvarez al presentar la colección.
No obstante, ese detalle representativo de la colección, el tradicional trifolio de Adidas, fue reinterpretado por la diseñadora, quien desde la visión de la comunidad Camëntsá, transformó el símbolo en la llamada Flor del Maíz o Trifolio de la Bienaventuranza, asociado con conceptos como la protección, la abundancia, el buen vivir y la prosperidad.
Cada uno de estos emblemas fue elaborado completamente a mano en chaquira, convirtiéndose en un elemento distintivo de los trajes.
En total se realizaron 120 trifolios artesanales, concebidos como un amuleto colectivo para acompañar a cada integrante de la delegación colombiana durante su participación en el torneo.
Su ubicación también tuvo un significado especial: fueron ubicados sobre el lado derecho de la chaqueta, relacionado simbólicamente con la acción y la destreza, mientras que el escudo de la Federación Colombiana de Fútbol se bordó sobre el lado izquierdo, a la altura del corazón, como representación del vínculo entre el equipo y los aficionados.
El proceso de elaboración involucró además 1.711 botones grabados y tinturados manualmente y el trabajo conjunto de más de 40 personas, entre artesanos, especialistas textiles, confeccionistas y técnicos.
Según explicó Manuela Álvarez al presentar la colección, el proyecto fue una oportunidad para continuar explorando la relación entre el diseño contemporáneo y el conocimiento artesanal como una forma de representar la identidad colombiana.
La diseñadora afirmó que el trabajo artesanal no pertenece al pasado, sino que constituye una herramienta capaz de dialogar con la innovación, la industria y los escenarios internacionales, preservando los oficios y conocimientos transmitidos durante generaciones.
*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.