La actriz británica Emilia Clarke reveló recientemente los detalles más crudos de las dos emergencias cerebrales que sufrió mientras filmaba la serie que la hizo famosa en el mundo entero. Tenía 26 años cuando todo comenzó en un gimnasio del norte de Londres.

Clarke, quien hoy tiene 39 años, habló con una profundidad inédita en el podcast ‘How to Fail with Elizabeth Day’ sobre lo que vivió tras los dos aneurismas cerebrales que la golpearon en 2011 y 2013, durante los años más intensos del rodaje de Game of Thrones, la producción de HBO en la que interpretó a Daenerys Targaryen.

Aunque había hecho alusión al tema en 2019, esta es la primera vez que la actriz ofrece un relato tan detallado del miedo, el dolor y las consecuencias emocionales que arrastra hasta hoy.

El primer episodio ocurrió, según contó, en el barrio de Crouch End, en el norte de Londres, cuando Clarke estaba en medio de una sesión de ejercicio con su entrenador personal y sintió un dolor de cabeza que describió como imposible de ignorar. Al intentar hacer una plancha, algo cedió.

Emilia Clarke | Foto: El País

“Sentí de inmediato como si una banda elástica estuviera apretando mi cerebro. Intenté ignorar el dolor y seguir, pero simplemente no podía”, recordó la actriz. Llegó al baño del vestuario casi arrastrándose, donde se desplomó frente al inodoro con vómitos y un dolor “fulminante, punzante y constrictivo”.

Fue trasladada de urgencia al hospital y operada con éxito, pero la cirugía le dejó afasia, un trastorno del lenguaje que le impidió hablar con fluidez durante semanas. Tardó ese tiempo en poder pronunciar su propio nombre.

La actriz sufrió los episodios de salud mientras filmaba una de las producciones más famosas. | Foto: SEMANA

Cinco semanas después del colapso, Clarke ya estaba frente a las cámaras en Dubrovnik. En el podcast confesó que durante las dos semanas posteriores al incidente trabajó con su representante para ocultarle a HBO lo ocurrido. Ella temía que la despidieran. “Hasta que supieran que no iba a morir”, explicó con sus propias palabras.

Durante esa primera operación, los médicos encontraron un segundo aneurisma en el lado opuesto del cerebro, un fenómeno que la actriz identificó como aneurisma en espejo, una anomalía en la que una debilidad arterial se replica simétricamente en ambos hemisferios durante el desarrollo fetal. Decidieron monitorear ese segundo aneurisma sin intervenir.

Meses después, mientras Clarke protagonizaba una obra en Broadway y vivía en Nueva York, una revisión rutinaria reveló que ese segundo aneurisma había triplicado su tamaño. Los médicos le prometieron una intervención sencilla: entrar una noche y salir al día siguiente. Sus padres viajaron desde Inglaterra para acompañarla.

La realidad fue otra. “Lo siguiente que recuerdo es que me estaban despertando, y sentía ese mismo dolor intenso otra vez, porque me dijeron: ‘Salió mal. Tenemos que abrirte la cabeza y necesitamos tu permiso’”, relató Clarke. Tendida en la camilla, alcanzó a ver a sus padres al fondo de la sala. “Recuerdo la cabeza de mi mamá asintiendo, diciéndome: ‘Di que sí’”, contó.

Emilia Clarke estuvo al borde de la muerte tras sufrir dos aneurismas. | Foto: El País

Lo que había fallado dentro del quirófano fue técnico y con consecuencias graves. El material usado para sellar la ruptura fue introducido en exceso, lo que provocó un desgarro en el tejido cerebral. Los cirujanos tuvieron que abrir el cráneo de Clarke para bloquear el aneurisma de forma directa.

Fue, según ella misma describió, “un sangrado bastante grande”. Mientras la operaban, sus padres recibían actualizaciones que cambiaban cada media hora: que podría morir, que podría quedar ciega, que podría quedar paralizada.

Clarke salió con vida, pero el impacto emocional fue profundo y duradero. “Lo más grande que me pasó con el segundo derrame cerebral fue que me apagué emocionalmente. Se convirtió en una situación en la que simplemente no podía mirar a nadie a los ojos”, explicó en el podcast.

Y añadió: “Estaba convencida de que había burlado a la muerte y de que se suponía que debía morir, y eso era todo lo que podía pensar cada día”. El resultado fue un aislamiento que describió en estos términos: “Te desconecta de poder relacionarte con el mundo exterior, porque caminas sabiendo que tu cuerpo te ha fallado, tu cerebro te ha fallado”.

Hoy, cualquier dolor de cabeza, por leve que sea, desata en ella el miedo a que todo vuelva a ocurrir.

Nuevos diagnósticos y una fundación nacida del dolor

En la misma entrevista, Clarke reveló que este año recibió dos diagnósticos que atribuye directamente a las lesiones cerebrales de aquella época. Le han diagnosticado el Síndrome de Ehlers-Danlos, un trastorno del tejido conectivo que afecta la movilidad articular, y el Síndrome de Activación de Mastocitos —conocido como MCAS por sus siglas en inglés—, que provoca inflamación crónica.

“Mi cuerpo cree que es alérgico a todo”, explicó. Ambas condiciones, indicó, son consecuencia de haber vivido con una lesión cerebral sin tratamiento integral durante años.

*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.