La espera ha terminado. La guerra de los últimos, el esperado thriller postapocalíptico dirigido por el aclamado cineasta Ridley Scott, ya se encuentra listo para deslumbrar a las audiencias en las salas de cine de todo el mundo.
La producción, que destaca por sus impactantes secuencias de acción y una fotografía majestuosa, es el resultado de tres meses intensos de filmación en Europa. Aunque la trama está ambientada en los paisajes de Colorado, Estados Unidos, el rodaje se realizó por completo en Italia, utilizando la cadena montañosa de los Dolomitas para recrear las Montañas Rocosas. Adicionalmente, el equipo técnico dio vida a los escenarios principales trabajando en los míticos estudios Cinecittà de Roma, mientras que la banda sonora original —compuesta por Harry Gregson-Williams— fue grabada en las salas del legendario estudio Abbey Road en Londres.
A continuación, una entrevista exclusiva con el coprotagonista de la cinta, Josh Brolin, quien interpreta a Bangley, un experto militar en supervivencia que comparte un refugio aislado junto a Hig (Jacob Elordi) en un mundo devastado por una letal enfermedad transmitida por la sangre.
Para quienes no conocen el libro o de qué trata la película, ¿podrías contarnos brevemente de qué se trata La guerra de los últimos? ¿Qué es?
La guerra de los últimos es una película postapocalíptica que surge a raíz de una enfermedad transmitida por la sangre. A nuestra manera de verlo, sería como el COVID, si el COVID se hubiera llevado mucho más lejos y hubiera tenido un efecto considerablemente mayor. En ese contexto, la gente que queda y logró sobrevivir tiene que seguir haciéndolo como pueda. Cuando se les acaban los suministros y los recursos básicos, se ven obligados a conseguirlos de otro lado. Entonces, la dinámica se vuelve como algo al estilo de La carretera, de Cormac McCarthy, donde todos están intentando subsistir y la historia se convierte en un profundo estudio sobre el egoísmo.
Después está la relación, al menos desde mi punto de vista, entre estos dos tipos: uno que logró armar un entorno con el que se siente muy cómodo, en una relación con Hig con la que está muy a gusto. Sin embargo, Hig tiene esa mentalidad constante de que tal vez hay algo más allá afuera esperando por ellos. Y mi personaje piensa de inmediato: “¿Por qué quieres salir de aquí si me tienes a mí?”.
Ya lo tocaste un poco, pero bueno: ¿cómo describirías la relación entre Bangley e Hig? ¿Qué crees que busca Bangley en ella?
Lo que busca es compañía. No sé si alguien necesariamente vería o interpretaría eso a primera vista dado cómo se presenta él ante los demás. Bangley trata de hacer sentir culpable a Hig de muchas formas para que se quede a su lado. Usa todas estas tácticas que yo, personalmente, jamás usaría en mi vida real, pero que son tácticas de un tipo muy “macho” o cosas por el estilo que probablemente yo mismo he mirado con cierto desprecio en otras ocasiones.
A pesar de eso, entiendo perfectamente que él solo quiere un intercambio humano, ¿sabes?. E incluso cuando Hig decide irse, hasta el momento en que lo emboscaron, sigue existiendo, en cierto sentido, un intercambio entre ellos. Así que él lo recibe con mucho gusto. Al final del día, es la sola idea de quedarse completamente solo lo que creo que aterra profundamente a mi personaje.
¿Cómo fue rodar en Italia, trabajando con todas esas locaciones prácticas?
Es que la verdad yo haría lo que sea en Italia, lo que sea. Aunque debo aclarar que esa no fue la razón principal por la que decidí hacer la película; Ridley Scott es la verdadera razón, y después Jacob Elordi y todos los demás miembros del equipo. Pero sí, grabar en Italia no hizo ningún daño. El lugar es simplemente hermoso. Parece una película de David Attenborough o un documental de National Geographic cuando ves lo hermoso que es el paisaje en pantalla, con el avión pasando y las montañas de fondo, los Alpes y todo eso. Es verdaderamente increíble.
Todo lo relacionado con Italia es mi lugar ideal: la gente, la cultura, los entiendo muy bien. Yo suelo ser alguien tan efusivo en nuestro país, en Estados Unidos, que a veces la gente te mira raro, como preguntándose “¿qué te pasa?”. En cambio, voy a Italia y siento que a una abuela de 87 años la entiendo muchísimo mejor que a la mayoría de las personas que conozco en mi propio pueblo, porque allí la gente es simplemente abierta. Es un ambiente acogedor, cálido y lleno de pasión. Fue genial, lo amé. Estábamos instalados en un pueblito y tuve la fortuna de estar acompañado por mi familia; mis hijos estaban ahí y mi esposa también. Tengo fotos hermosas de ellos en estas capillas viejísimas. Es simplemente brillante, brillante. Me sentí muy afortunado de estar ahí.
¿Qué hace que trabajar con Ridley Scott sea algo tan único?
Él mismo, ¿sabes?. Cuando tienes la oportunidad de trabajar con un tipo que está completamente dispuesto a marchar a su propio ritmo, te das cuenta de que parece rebelde, pero en realidad es solo un enorme respeto por uno mismo. Él viene y te dice directamente: “Mira, quiero cambiar de género cinematográfico, quiero desafiarme a mí mismo”. A lo largo de los años ves a muchos cineastas que fueron increíblemente grandes y que en algún momento de sus carreras se perdieron. Yo nunca vi a Ridley perderse. Puede que tenga películas que la gente disfruta más que otras, pero eso es algo que le pasa a cualquiera en esta industria.
Para ser un tipo de 88 años, en cuanto logras pasar ese primer momento en el que murmura cosas, te das cuenta de que hemos llegado a un punto en el que tenemos un código de comunicación sumamente directo entre nosotros. Al principio de la producción entré un poco en pánico y pensé: “Se volvió loco”. Pero después me di cuenta de que hay un diseño muy específico y estructurado en él; crea algo que tiene una base sumamente sólida pero que al mismo tiempo se siente caótico.
Creo que es ahí donde encuentras la verdadera magia, algo que no conseguirías necesariamente con otro director que está empeñado únicamente en imponer su visión rígida. Creo que él tiene una visión muy clara, pero también posee un enorme respeto por los actores, manteniendo esa mentalidad clásica del teatro a la antigua que te dice “experimentemos, veamos qué más hay aquí, busquemos juntos el diamante que nadie ha encontrado antes”. Le tengo un respeto enorme y lo quiero muchísimo.