Por Alda Livey Mera Cobo, reportera de El País

El sonido fuerte al tocar el trombón, demasiado estridente para sus críticos de los 60, resonó como un grito herido de los latinos en el corazón del Bronx. Para los veteranos, era simple: un forastero que no sabía tocar ese instrumento y empezaron a llamarlo ‘El malo!

Y resulta que ‘el malo’ se volvió bueno, buenísimo. La metamorfosis empezó al crecer arrullado por los ritmos populares puertorriqueños en la voz de Toña, abuela paterna de William Anthony Colón Román, quien nació el 28 de abril de 1950 con la genética musical boricua, heredada de sus padres, William, obrero de fábrica, y Aracelly, ama de casa, pero en el barrio latino del Bronx de Nueva York.

Así le cultivó el oído que lo llevó muy niño a estudiar trompeta y clarinete. Pero su admiración por Mon Rivera, a sus 14 años lo hizo inclinarse por el trombón. Y con ese sonido agresivo Willie Colón con- dimentó ese movimiento musical, social y político llamado salsa en la Nueva York de la década de los 60.

Latino marginal

Su apelativo de ‘El malo’ caló también para identificar al naciente compositor que le ponía música y ritmo a ese mundo de marginalidad y rebeldía del ‘ghetto" donde había crecido. O mejor, en el que había sobrevivido.

Rostros de delincuentes y prostitutas, en la pobreza y la miseria, aparecían en sus canciones, como ‘Lo mato; música muy criticada en su momento porque supuestamente incitaba a la violencia con la que se asociaba a los inmigrantes latinos,

En 1965 se lanzó a la calle con sólo 15 años a tratar de brillar en medio de tantas estrellas. A los dos años Jerry Masucci y Johnny Pacheco, gestores de la Fania All Stars, lo llevaron para formar su famosa mancuerna: Héctor Lavoe y Willie Colón.

Fueron ocho años y 14 discos que dejaron éxitos como ‘El malo; en 1967, con el pico más alto en la historia salsera, al combinar el tono pícaro e hiriente de la voz de Lavoe con la melodía tradicional boricua, marcado por el sonido fuerte de la urbe de Nueva York del trombón de Colón.

La imagen de malo y de vago que Willie alimentó desde las letras hasta en las carátulas (donde aparecía capturado o robando) les trajo fama, pero también muchos líos porque todo el mundo quería pelear con ellos en cada esquina.

Como ocurrió en Connecticut, Estados Unidos, según contó Willie a El País. “Allá viven campesinos, gente muy seria, religiosa y Héctor dijo unos chistes colorados que los ofendieron y nos cayeron encima. El quiso saludar diciéndoles ‘blanco blanco y eso no cayó bien y se subieron al escenario y le dieron, lo hirieron en la cara y a mí me torcieron un tobillo. A veces la gente no entendía el sentido del humor de Héctor, y si se ponía contento, se le iba la mano”:

El binomio Lavoe-Colón se disolvió en 1974, pero seguirían unidos por una entrañable amistad y una relación profesional como productor de los discos de ‘El cantante: Sólo la muerte de Héctor separó este matrimonio musical. Duelo que le fue muy difícil de asimilar.

“Yo estaba de gira en Europa y supe la noticia antes de llegar a Sevilla, España -recordó Colón-. Después del segundo tema tuve que parar porque ahí ‘se me cayó el veinte: Le pedí disculpas al público, me tomé un descanso y luego le dediqué el resto del concierto a Héctor. Lo peor era no poder regresar a Nueva York, escribí una carta de duelo pidiéndole disculpas por no estar en su velorio ni en su entierro. Cuando el Congreso de Puerto Rico me condecoró, pedí que le hiciéramos un monumento; el Alcalde de Ponce nos dio el lugar y allí están hoy sus restos”:

En 1977 Colón se unió a otro hito de la salsa, el juvenil Rubén Blades, y crearon lo que se llamó el movimiento ‘salsa con-ciencia; un proyecto musical de alto contenido sociopolitico, cuyas crónicas urbanas con letras de Blades y sonido de Colón, tuvieron una resonancia tan es- tridente como la lograda con Lavoe.

Famosos son sus éxitos Metiendo Mano o Siembra, cuyo concierto para celebrar los 25 años los volvió a reunir en 2003 y a desunir: Colón demandó a Blades porque no le pagó US$115.000, deuda que Blades atribuyó a los productores del evento y este 17 de mayo irán a audiencia por ello.

Su línea de salsa con contenido social, llevó a Colón al ejercicio político, con altos cargos en favor de los derechos de los inmigrantes latinos en EE. UU.

Como activista político y defensor de los derechos humanos, se codea con figuras como Bono, Uz, y ha recibido el CHUBB, la más alta condecoración política de la Universidad de Yale, que comparte con John F. Kennedy y Jesse Jackson; dos doctorados Honoris Causa en Letras Humanas y en Sociopolítica, y otras distinciones dadas por presidentes, organizaciones y hasta por el papa Juan Pablo II.

Del artista se sabe que ha grabado más de 40 álbumes, por cuyas ventas ha recibido 15 discos de oro, cinco de platino y once nominaciones a los premios Grammy. Pero reservado de su vida privada, admite que fue un error haberse casado tan joven, 18 años, con Marina Dávila.

De esa unión nació William Jr., (42) hoy policía en Nueva York. De su actual esposa, la irlandesa Julia Craig, tiene tres hijos, Diego, Miguel (toca la trompeta) y Antonio, de 30, 26 y 20 años. Y podría decir que el quinto hijo es su sobrino Joe, a quien adoptó cuando falleció su hermana Cynthia, otro golpe de la vida, pues su hermano mayor, William, murió siendo adolescente.

Asistente para la comunidad latina del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, disfruta con navegar, programar computadores y pilotear aviones. Incluso, siempre llevó su orquesta completa a sus conciertos, pero por las recientes normas de seguridad aérea en Estados Unidos, sólo vuela por diversión: Canadá, Brasil,Venezuela, Puerto Rico...

Prefiere más compartir en familia y se confiesa “muy consentidor” con sus cuatro nietos y un bisnieto. Hoy, a sus 60 años, el que empezó siendo ‘el malo; es de las buenas leyendas vivas de la salsa.

Con el álbum El Malo hizo leyenda, el gran Willie Colón. | Foto: El País

Willie y sus llaves

Willie Colón, ¿cómo se siente luego de cumplir 60 años?

Me siento bien, muy agradecido de todo lo que he vivido, recuerdo tantos amigos que ya no están, me siento dichoso y con buena fortuna de estar vivito y coleando, en contacto con la gente y tocando; ése es un regalo grande y le doy gracias a Dios por eso.

¿Qué diferencia hay entre el chico de 17 años y el Willie Colón de hoy?

No mucho, para ser un viejo de 60 años soy bastante inmaduro todavía, más discreto, vivo más emociones como ser padre, abuelo y bisabuelo, puedo saborear más la vida, por naturaleza uno se calma y se comporta como Dios manda, pero en espíritu sigo siendo rebelde y eso lo reflejo en mi música y en la política. Me gusta estar activo, seguir vigente y contribuir a lo que está pasando.

¿Cuál es su mejor recuerdo en Cali?

Tengo fotos y se ve sólo un mar de gente: niños, grandes, jóvenes, abuelos, hombres, mujeres. Todos conocen mi música, llega un momento y ya no puedo cantar porque todos tararean las canciones y que me apoyen así, llena mucho. La industria de la salsa le debe mucho a los caleños porque cuando ha estado por debajo, ellos nunca la sueltan, no la abandonan.

Héctor Lavoe y usted cazaban peleas con el público a cada rato, ¿no?

En esa época era muy chamaco y como las carátulas nuestras invitaban a eso, había grupos de jóvenes que se paraban al frente del escenario a retarnos. Una vez cantamos en Schira (Nueva York) y grabamos con la Fania All Stars, llegaron unos chicos a desafiarnos y Héctor y yo terminamos tirando la tarima encima de la gente como en las películas de vaqueros.

¿Cómo conoció a Héctor Lavoe?

Tocábamos en un barrio del Bronx en el mismo edificio por casualidad: Héctor en uno de los altos, en Ponceños Social Club, y yo en el segundo piso. Como era como una fábrica, había una competencia muy fuerte de quién tocaba más duro porque se sentía la onda, hasta que (Johnny) Pacheco dijo: Bueno por qué no los ponemos a tocar juntos?!

¿Y lo hicieron enseguida?

A mí no me gustó la idea y a Héctor tampoco, pero Johnny nos convenció y Héctor dijo: ‘bueno, hago la colaboración sólo por este disco porque ustedes están muy flojos, pero grabamos ‘El Malo’ y la mancuerna Willie Colón y Héctor Lavoe duró ocho años y después seguí siendo el productor de sus discos.

Y en el 83 grabaron Vigilante...

Sí, pero Héctor ya no era tan campesino, tan jíbaro, ya conocía el movimiento de todo, estaba más maduro y nuestra relación no cambió mucho porque todo el tiempo trabajábamos en el estudio de grabación y manteníamos una amistad.

¿Cómo evitó caer en el mundo de drogas, mujeres y bohemia de los artistas?

Muy difícil. Era una tentación permanente, pero nadie aprende de cabeza ajena, por más consejos que tú le des a la juventud, es difícil que te escuchen porque es un gran placer, pero pasajero, y los que han cogido ese sendero no llegan a viejos. Mira talentos increíbles como Héctor, Ismael Rivera y otros que se nos fueron por la droga y los que pudieron sobrevivir y superaron el vicio, perdieron tantos años de tener éxito.

Recordemos cuando grabó con Celia...

Cuando supe que Celia Cruz venía a cantar a la Fania, dije en broma ‘me gustaría grabar con ella; pero Masucci lo tomó en serio y ella aceptó. Celia ya era una superestrella y pensé qué iba a hacer yo si ella cantaba más música cubana que salsa: Sentí mucho temor, estaba nervioso, pero era tan segura que no tenía egonen el trabajo, era muy profesional y generosa. Incluso, escogí Usted abusó; un ritmo brasilero con acordes raros para ella, y me dijo: ‘Ay Willie, yo no puedo cantar eso’, y ese fue el que mejor salió.

¿Y cómo fue la llave con Rubén Blades, ese otro cronista urbano?

Muy diferente. Con Héctor fuimos familia y como hermanos fuimos explorando el mundo. Pero Rubén es un hombre organizado, premeditado, un tipo educado y venía con su agenda lista ya: sabía lo que quería y hasta más de lo que yo sabía, porque hago mis cosas más por instinto, no soy de planes a largo plazo." Fue una mancuerna más fría, muy buena pero enfocada en las confluencias politicas del momento.

Pero les fue muy bien...

Reconocí la manera como escribía Rubén, rompiendo el formato de coro-soneo, él venía con muchas canciones, con buen vocabulario y muchas historias. Había mucha magia, porque yo hacía el ritmo de

La calle y lo que aprendí de la vida a las malas y Rubén, el concepto académico. Yo fui el motor y él fue el coche, pero fuera del trabajo nunca compartimos.

Le dicen arquitecto de la salsa urbana...

Me agrada, es una flor, cuando hay artistas como Eddie Palmieri, Joe Cuba, Rubén Blades, Bobby Rogers, Ricardo Ray, Tito Puente, que fueron los hombros en los que yo me pude subir y con quienes yo aprendí muchísimo. Tuve mucha suerte de encontrar personas así.

¿Cómo dio el giro a solista romántico?

Quería hacer algo diferente a lo que hice con Héctor y Rubén. Yo andaba siempre con mil libreticas con composiciones como Juancito, Nueva York, Tiempo pa’ Matar y temas instrumentales, y los pre- sentaba a gente (de disqueras), pero no convencía porque les parecía demasiado dulzón para estos tiempos. Pero cuando Rubén se fue, saqué esas libreticas y grabé y ‘Sin poderte hablar’ fue un batazo. Eso me dio la credibilidad para que las disqueras tuvieran más confianza y me apoyaran en mi proyecto de solista.

Su paso por Cali

Umberto Valverde, escritor y melómano (q.e.p.d.), recuerda cuando ‘le metió mano’ a Willie Colon en los años 80, hecho que narra en su libro Quítate de la vía Perico.G

Valverde relata que había pagado muy caro para ver a Colón en Los Compadres y después de esperar cuatro horas, llegó y cantó sólo dos temas. Valverde se enfureció, subió a la tarima y le mandó el puñetazo al artista. Subió la Policía, los amigos de Valverde, los asistentes de producción, los empresarios, todos a calmar la trifulca y Colón accedió a cantar más.

El mismo Colón ha admitido que él no es un buen cantante y que empezó a cantar Porque Héctor Lavoe muchas veces no llegaba a los conciertos, y de paso, él necesitaba trabajar porque tenía una familia. Entonces él cogía el micrófono. “Es que Willie es realista, muy claro y consecuente”, dice Valverde.

“Willie Colón es un hombre esforzado con conciencia política. Vivió en la época turbulenta, está muy centrado en la realidad social de Nueva York”, acentúa.

‘El Trombonista Mayor’, ‘El Malo’, el salsero neoyorquino que narró la vida dura de los latinos en la Gran Manzana, Willie Anthony Colón Román, más conocido como Willie Colón, un artista ineludible de la música latinoamericana, murió el pasado sábado, 21 de febrero, a los 75 años en un hospital de Nueva York. | Foto: El País

El coleccionista e investigador del fenómeno salsa Gary Domínguez admite que “no puedo decir que lo conozco porque han sido encuentros esporádicos y fugaces, a la carrera a la salida de los conciertos, porque junto con Blades, es de esos difíciles de coger”:

Gary atribuye ésto a que Colón “es muy escabullido, no porque sea prepotente sino porque es más bien tímido, y ahora que está en la política, pertenece al Consejo del Estado de Nueva York, es más difícil aún”.

Pero sí ha estado pendiente de su carrera, sobre todo desde que comenzó en solitario y “al final triunfó cuando en 1979 sacó su disco Sin Poderte Hablar, que todavía es un éxito, a pesar de no tener una gran voz, pero es un gran músico, y sobre todo, un gran arreglista”, opina Gary.

Además fue muy talentoso porque supo entender el mensaje social de la salsa que trafa Rubén Blades, a pesar de que él venía del sur del Bronx y Blades era un estudiante de leyes Panamá, grabaron obras maestras como Siembra y Metiendo Mano, hasta ganar varios Grammy. Luego, supo arriesgarse a cantar solo. “Creo que le aprendió a Rubén Blades porque pocos cantantes tienen la capacidad de cantar, componer y arreglar sus propias canciones”, dice Gary.

También le reconoce este melómano, su versatilidad, pues triunfó como cantante romántico y siguió manejando la crónica social de la salsa. “Es un cantante que habla igual del sida en El Gran Varón o de la guerra de Vietnam en Tiempo pa’matar o de una noche detenido en Medellín como lo narra en su éxito ‘Especial No. 5!

“En los años 80 Willie Colón vino a un concierto a Medellín y el empresario no coordinó las conexiones de los vuelos y llegaron tarde, pero ya el público había destruido el sitio -cuenta Gary-. La Policía, creyendo que era él el incumplido, subió a una patrulla y lo tuvo toda la noche detenido en la celda de los indigentes y por esa experiencia compuso ese tema”.

Otro que le ha seguido la pista en Cali es el fotógrafo de la salsa, Carlos Alfredo Molina. La primera vez que lo vio fue el 21 de julio de 1979, en el Coliseo Evangelista Mora y le tomó fotos, una de las cuales le regaló en 2005, la última de cinco veces que lo ha visto en Cali. “Esas tomas las hice mientras Willie estuvo en tarima porque alguien le tiró un pedazo de asiento y le pegó en una pierna. Él se disgustó y no terminó el show, pero al otro día se disculpó de que muchos hubieran pagado por la agresión de uno solo”, dice Molina.

“Al otro día los acompañé a la cárcel de Vistahermosa, donde fueron a tocar gratis, en un gesto con los presos que siempre tenía el empresario, el finado Larry Landa”, recuerda Molina.

Este salsómano consumado coincide en que Willie Colón es un tanto esquivo, un poco apartado y sólo se relaciona con los empresarios. “Es un tipo más bien serio y tranquilo, jamás lo vi beber algo”.

En 2005 quiso invitarlo a visitar su museo de la salsa en el barrio Obrero, donde muchos artistas han estado, pero fue imposible porque Colón iba a aprovechar para hacerse unos chequeos médicos en Cali porque estaba muy gordo.

Si algún colombiano lo ha tenido cerca es el cantante Fonseca, quien se siente el más afortunado de que Willie Colón haya aceptado grabar con él su canción Estar Lejos, éxito del momento.

Fonseca lo conoció cuando llegó al estudio a Nueva York a grabar su éxito a dúo, “Estar lejos; luego de haber hablado por teléfono sólo dos veces. “Admiro mucho a Willie, y saber que íbamos a grabar una canción que yo había escrito fue alucinante, una experiencia que todavía no me puedo creer”, dice.

LA FRASE

“Héctor tenía mucha labia, malicia, pero cuando se metía en líos me tocaba sacarlo”, WILLIE COLÓN, sobre la presunta competencia entre él y Héctor Lavoe por ser el más malo de los dos.

“Hoy se ve quiénes son los que sobreviven: él y Rubén Blades, que fueron una especie de Batman y Robin de la salşa, los chicos malos de la salsa”. GARY DOMíNGUEZ, INVESTIGADOR DE SALSA.

Willie Colón es un gran protagonista de la salsa, porque es un gran músico, es el mejor trombón de la historia”. UMBERTO VALVERDE, ESCRITOR Y MELÓMANO (q.e.p.d).