La editorial Penguin Random House reeditó el libro ‘Los niños de la guerra’, del periodista Guillermo González Uribe. Un intento, desde la literatura de no ficción, para aportar a la verdad histórica del conflicto en nuestro país.

Entre 1999 y enero del 2015, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, atendió a 5.708 niños que habían sido reclutados por guerrillas, paramilitares y bandas criminales. 

Para un país acostumbrado a unos hechos de violencia que siempre se superan entre sí tal vez el dato sea uno más en medio de las estadísticas del conflicto en Colombia. Pero si la cifra se lee despacio tiene una contundencia que asusta. 

Son más de 5.000 niños que empuñaron un arma, dispararon, tal vez mataron o ayudaron a asesinar a alguien. 

Y estamos hablando solamente de los que lograron salir de esas organizaciones ilegales y recibir atención por parte del Estado. Otros fueron asesinados o formaron su carácter dentro de estos grupos irregulares, sin conocer otra opción de vida, y replicaron lo único que conocieron: la ley de las armas.

[[nid:602858;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/12/los-ninos-de-la-guerra-libr.jpg;left;{Portada de 'Los niños de la guerra'. Especial para El País}]]

Esa fue la realidad con la que se estrelló el periodista Guillermo González Uribe, quien a través de su libro ‘Los niños de la guerra’, publicado originalmente hace 15 años, reveló la tragedia de estos pequeños que sucumbieron en medio del conflicto de los grandes. 

En el 2002 su obra fue merecedora del Premio Planeta de Periodismo; tres lustros más tarde, la editorial Penguin Random House le planteó reeditar el libro, como un aporte a la verdad histórica del conflicto en Colombia.

Quince años después de la publicación, González Uribe se dio a la tarea de buscar de nuevo a los protagonistas. 

De las once historias que componen el libro, logró hablar de nuevo con cinco de los hoy adultos. Con un lenguaje directo, crudo, que deja en evidencia la degradación y depravación del conflicto armado en el país,  ‘Los niños de la guerra’ no puede dejar tranquilo a nadie que se aventure a navegar en estas dolorosas páginas.

El escritor Willian Ospina lo confiesa sin ambages: “Tres veces me he estremecido igual en mi vida. Leyendo el libro ‘La violencia en Colombia’, que Germán Guzmán, Eduardo Umaña Luna y Orlando Fals Borda publicaron en los años sesenta; leyendo la ‘Crónica de una muerte anunciada’, que Gabriel García Márquez publicó en 1981, y leyendo este libro. Los tres nos llevan al fondo del abismo de la condición humana; los tres nos llevan en un viaje al final de la noche”.

En diálogo con la revista Gaceta, González Uribe, bogotano, con amplia trayectoria en los medios que incluyen la dirección del Magazín Dominical de El Espectador y de la revista Número, habló sobre  su obra y de los sueños de esos jóvenes con los que habló. Porque, sí, a pesar de todo lo que padecieron, también ellos sueñan con la construcción de un país mejor que el que les tocó.

Cómo surgió la idea de este libro, ¿que lo llevó a preguntarse por esta faceta de la guerra y presentarla de una manera tan descarnada?

Esto fue en el año 2001. Un año antes fui padre y  creo que eso me llevó a estar tan cerca de los niños. Por el otro lado, yo había vivido a finales de los 70 y a principios de los 80 con Guillermo Cano, en El Espectador, todos los procesos de un auge muy fuerte de los grupos guerrilleros y paralelamente toda la represión que se desencadenó en la época de Turbay Ayala. En mi vida he tenido un interés constante por la cultura, la política, los Derechos Humanos, la parte social y ya entonces en ese año con toda la cuestión de los niños -y a partir de varias actividades que desarrollé en esa época- llegué  al primer proyecto de reinserción exitosa para niños desvinculados del conflicto que se ha dado en el país: era liderado por Bienestar Familiar, con apoyo de OIM y otras organizaciones que en ese momento dieron vida a este proyecto. Digamos que la primera parte de este libro la desarrollé hace quince años con cerca de 30 niños, cuatro relatos se convirtieron en historias de vida porque al hacer la transcripción me di cuenta que las entrevistas sobraban, que yo había pasado a ser un amanuense, como una persona que estuvo allí por diferentes motivos para contar las historias profundas y fuertes de estos niños. Creo que en ese momento, a comienzos del 2000, el país era un poco ciego frente a las guerras que se vivían y estos relatos nos marcaron y nos sirvieron para mostrar una guerra que no conocíamos mucho.

Llama la atención que usted vuelve 15 años después a recuperar esas historias, a mirar qué pasó con esos niños y sale una nueva edición del libro, ¿como fue ese reencuentro?

En su momento el libro gana un Premio Planeta de Periodismo (2002), pero fue un libro que en ese instante no tuvo todo el despliegue que hubiera podido tener porque se vivía un momento de guerra en el país. Pasa todo este tiempo y el año pasado Penguin Random House se interesó por reeditar el libro, yo pensé que era interesante, pero pensé también que no bastaba con reeditarlo como había salido hace quince años, entonces me pregunté qué había pasado con esos niños que había entrevistado y que ahora eran adultos, entonces me di a la tarea de buscarlos y de los once que salieron publicados en el libro encontré cinco de ellos. 

En esta edición, más o menos la mitad del libro es material nuevo, además de las nuevas entrevistas con los hoy adultos, que ya tienen familias.¿Qué encontró como una variable constante en las historias que esos jóvenes le relataron?

Lo que encontré es que estos niños y niñas que fueron víctimas y victimarios en esta guerra es un ansia de paz, sentir que ellos quieren y creen en el proceso de paz y lo que desean es que ni los suyos ni otros niños vuelvan a padecer el infierno que vivieron ellos.

Eso que dice es  interesante, pero también se percibe mucho dolor en el libro. Es un libro que duele como país al comprobar que miles de niños terminaron en la guerra y que nadie hubiera hecho algo para evitarlo...

Es que lo triste del momento actual de nuestro país es que nosotros desde las ciudades difícilmente nos percatamos de lo que ha sido esta guerra de casi 70 años y lo que ha significado para la gente que lo ha padecido, entonces sí es tremendo que nosotros que vivimos la guerra en los medios, a través de la televisión, la prensa o la radio, no conocemos la hondura y la profundidad de esta guerra. Creo que sí es interesante penetrar en las historias de estos niños y darnos cuenta de que esto no es una guerra de mentiras, esta ha sido una guerra en serio, con demasiada sangre, demasiados muertos y demasiados niños y niñas inmiscuidos en el conflicto.

Después de hablar nuevamente con los protagonistas de la historia, hoy ya convertidos en adultos, ¿cree que pudieron superar el trauma de la guerra? Porque en algunas historias se ve todavía mucho resentimiento, sobre todo pensando en lo que se viene con los chicos que saldrán de las Farc.

Una vez un siquiatra, en un encuentro sobre los niños y la guerra, decía que la ventaja era que así como los niños, a través de la historia, han sido la carne de cañón en las guerras, porque son seres que no están todavía bien formados, que son fácilmente adoctrinables, que tienen mucho arrojo, que pueden hacer estas atrocidades casi sin darse cuenta, se pueden recuperar rápidamente. A veces había niños que me contaban unas historias y yo pensaba que no parecía que hubieran vivido todo lo que estaban narrando. Los niños tienen un poder para superar los traumas y los conflictos generalmente superior al de los adultos. Nosotros nos quedamos en la ira, en el resentimiento, en el resquemor, los odios, es más difícil para los adultos superar momentos muy duros o fuertes. En general creo que buena parte de los niños sí logran superar las tremendas vivencias de la guerra, algunos de ellos me contaban que ya habían salido de la universidad, incluso hay un grupo que tiene hijos, trabajo, el grupo grande de Bienestar Familiar con el cual hablé. Hay otros que sí veo más difícil que superen el conflicto y los traumas, inclusive algunos de los niños que entrevisté hace un año me dijeron que algunos volvieron a la guerra, otros a la delincuencia común  y a otros los mataron, pero hay una masa interesante que ha logrado salir adelante. El énfasis grande que hacen es que han logrado salir adelante gracias al apoyo que han recibido. Hay una niña que cuenta que tuvo asistencia sicológica doce años, es el caso más extremo, pero hay otro niño que tiene ahora su familia, sus hijos, su trabajo y que me dice que si no hubiera sido por el apoyo sicológico, educativo y, sobre todo, de amor, no lo hubiera logrado. Ellos hacen mucho énfasis en que lo que más necesitan es amor, gracias a eso han logrado salir adelante.

 ¿Cuál fue la enseñanza básica que le dejó el diálogo con estos niños, con miras a eso que denominan posconflicto?La enseñanza básica que me deja es que yo creo que la persona que pase por este libro no quiere que haya más guerra en este país. La enseñanza que a mí me deja es que no quisiera que mi hijo ni otros niños estuvieran en la guerra en Colombia. La enseñanza básica para mí es que quienes quieran seguir en esta guerra que la hagan con sus hijos, que no la hagan con los hijos de los demás. Es que si nosotros analizamos el esquema de la votación del plebiscito, vemos que en las zonas donde el conflicto ha sido más fuerte la gente se pronunció a favor de acabar con el conflicto y a favor del proceso de paz con las Farc, como el caso del Chocó donde el 70 % de la gente votó a favor. Pero en las grandes ciudades, donde apenas recibimos el conflicto a través de los medios, la gente es escéptica. La guerra no nos ha tocado tan directamente, entonces lo que prima son las consignas y toda la campaña que se armó en contra del plebiscito, en buena parte a partir de falsas verdades. Otro elemento que llama la atención de su libro son las historias de esos niños antes de entrar a la guerra. Hay una constante de maltrato, de extrema pobreza, ¿de alguna manera también es un llamado de atención a un país en el que se deja a los niños al garete?En un texto a manera de conclusión que hago planteo que así en este momento se logre consolidar el proceso de paz, lo fundamental es que estos niños y niñas que han vivido en zonas donde no hay posibilidades de nada, se les preste atención porque de lo contrario no lograremos nada.  Hay zonas donde los niños no tienen posibilidades de estudio ni de trabajo, son objeto de maltrato intrafamiliar, viven en zonas donde no hay mucha presencia del Estado, entonces lo que ocurre es que el ejemplo para ellos son los armados, que son los que tienen el poder económico, los que mandan en las regiones, los que tienen las mujeres, los lujos… Todo lo que vende la sociedad de consumo lo representan en estas regiones los armados, ya sean guerrilleros, paramilitares o delincuencia común, entonces lo grave de esto es que si de verdad no se va al fondo de la cuestión, de llegar a las zonas desprotegidas del país, si siguen igual las condiciones de crianza de estos niños no habrá alternativa y ellos seguirán engrosando estos grupos armados. Entonces sí creo que es un llamado de atención muy fuerte para todos los colombianos. Hace poco un empresario me decía: ‘Mire, si nosotros queremos seguridad para nosotros el entorno en el que vivimos tiene que ser seguro y feliz donde la gente viva bien’, lo fundamental es que hay que ir a las causas que generan que los niños y las niñas se vinculen a estos grupos armados y tomen las armas. ¿Qué espera usted que deje su libro en el alma de quien se aventure a navegar en sus páginas?Yo lo que quisiera -y  estoy viajando por todo el país con ese propósito- es que cualquier persona que se acerque a este libro quede vacunada contra la guerra, que  se convierta en un militante por la paz y por construir un país donde todos podamos vivir un poco mejor. Si uno logra sembrar granitos de arena en ese sentido pues valdría la pena el esfuerzo de hacer el libro y especialmente no sería en vano todo lo que vivieron y sufrieron todos estos niños que pasan por las páginas del libro.