Las canciones de Erich no prometen un final feliz, pero sí un final. Hablan de la duda, la incertidumbre y de esos momentos emocionales que no siempre encuentran palabras para ser nombrados.

Este 14 de febrero, el cantautor mexicano llegará a Cali, en Espacio Madriguera, para cerrar su gira por Colombia, una parada que coincide con la forma en que entiende la música: como una brújula que lo ha guiado casi sin proponérselo.

En el acto de permitirse sentir, escribir y tocar —confiesa— entendió que la música lo eligió. “Cuando supe que dedicarme a esto era un llamado del universo, di todo de mí. Me costó mucho, incluso mi salud mental, pero valió la pena”.

Aunque su proceso para dominar este arte no fue el más fácil—la guitarra, al principio, era su enemiga: “tocaba muy mal”, admite y se ríe— hubo un momento de su infancia que el instrumento le dio la certeza de que sí tenía madera para esto. Recuerda estar en el coro de la iglesia, guitarra en mano, cantando frente a otros niños. No era perfecto, pero algo ocurrió ahí: el silencio, la atención, la sensación de estar haciéndolo bien.

El cantautor mexicano llega a la ciudad para el cierre de su gira por Colombia, un recorrido que confirma su conexión con el público y su forma de escribir desde la emoción. | Foto: Especial para El País

Desde entonces, “la música y la guitarra siempre volvieron a aparecer en mi camino, hasta llevarme a donde estoy hoy”, expresa el cantante. No hubo un momento exacto en el que decidiera dedicarse a ella; fue un proceso que se fue construyendo con el tiempo y con esa certeza en la mano de que sí, todo esto era un llamado que sí quería responder.

Al reconocerse torpe con la guitarra y el canto, empezó con Girl, de The Beatles, una canción de rasgueo sencillo, de arriba hacia abajo. “Cuando la aprendí, me di cuenta de lo poderoso que era poder tocar y cantar una canción. Ahí entendí que la música, más que cualquier otra cosa, es un lenguaje que conecta: personas que se sientan a escribir lo que sienten y logran que otro se reconozcan en eso”, dice.

“La música tiene algo que nos gusta a todos”

Si la música tiene el poder de sanar —- para Erich— también es la mejor terapia para un corazón triste, ya sea por un rompimiento de pareja, un momento difícil o una situación que no se puede compartir con alguien y en la que solo se necesita ser comprendido. Para él, tiene la capacidad de conectarte con lo que sientes, en especial la música triste.

“Me gusta hacer música triste. Creo genuinamente que es la música más importante que se puede hacer, porque fue la que me abrazó en mis momentos más difíciles”, comparte.

Y si existiera una forma, un color o una sensación para describir su música, el cantautor dice que su arte sería un abrazo. “Llega para acompañar —sonríe—, para aceptar el daño y reconocer que lo que sientes es real. Pero también para recordar que pasará y que estarás bien”.

Sobre su proceso para componer música, Erich señala que tuvo muchos momentos en los que sí se inspiró en situaciones de sus amigos y sentimientos personales, “me considero ‘drámatico’”, confiesa, al hablar de situaciones que para otros podrían ser sencillas pero para él despierta una gran capacidad de asombro.

Así, sus momentos de composición solían aparecer cuando se encontraba “bajo de nota” como si hablar con la música fuera su perfecta amiga para curar un corazón que siente demasiado. Aunque, sostiene Erich, un niño de 12 años no conoce del amor: “yo sufría como si supiera de ello”.

“Tenía ideas muy erróneas del amor, de las relaciones, de cómo debe ser…no conocía nada. Creo que, a medida que vamos creciendo, nos vamos dando cuenta de que quizás aún no sabemos nada. Yo creo que es un misterio. Y es bonito”, expresa.

Erich ha conquistado escenarios masivos como el Vive Latino (México), Sonorama Ribera (España) y Rock al Parque (Colombia). | Foto: Especial para El Páis

Un publico que escucha

Erich no es ajeno al público colombiano. Ya había pasado por escenarios como el Festival Cordillera y Rock al Parque, pero esta vez —dice— se siente distinto. “Estoy muy contento de poder hacer una gira más adecuada, más completa. Me hace muy feliz estar acá”, expresa. Bogotá, Medellín y Pereira marcaron el recorrido, antes de llegar a Cali, ciudad en la que será el cierre de su viaje.

Aunque el cantautor confesó que no esperaba tener una recepción tan positiva: “realmente fue una sorpresa”, su emoción por poder tocar para personas dispuestas a escucharlo. Además, asegura que Colombia es un gran público: “creo que respetan mucho al artista; incluso si no lo conocen, escuchan”.

Incluso, el interprete ha tenido la oportunidad de presentarse junto a otros músicos en escenarios compartidos, pero esta es su primera gira propia en el país. Asume, como lo ha hecho anteriomente, este momento con responsabilidad. “No quiero dedicarme a algo hasta no sentirme orgulloso de ello”, afirma, “y me siento orgullosos de lo que soy en día” como una forma de nombrar el compromiso que mantiene con su proceso artístico.

“Esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida”

Y es que durante ese camino, su proceso como compositor cambió. Antes se describía como alguien melancólico y desde ahí partia su escritura. Ahora, en cambio, escribe desde el deseo: porque quiere hacerlo, quiere crear música y le fascina esa posibilidad.

De los momentos que más recuerda para llegar aquí, es a su padre —quien siempre ha escrito y leído mucho— le propuso intentar algo distinto: hablar desde la superación, desde el momento en que el dolor ya no pesa igual, tras enseñarle a él, como su primer público, la canción “No estoy bien”.

Su padre tomó una libreta y escribió una frase casi sin pensarlo: “Se siente tan extraño no extrañarte, pero se siente bien”. Erich se quedó en silencio. La frase, dice, era mejor que todo lo que él había escrito hasta ese momento. Lo recuerda con humor y asombro. “mi padre escribe muy bien, es increíble”, dice y se ríe.

Con esto, expresa, se motivó y se le abrieron nuevas puertas. Aunque muchas de sus canciones —sostiene— nacen desde la tristeza, como “Ya no digas nada”, escrita tras vivir la “peor noche de su vida” y de un desamor, y que hoy tiene gran acogida en países como Colombia, Chile y México, también ha aprendido a escribir desde otros lugares.

“Igual no debo” es de las canción que considera más alegre, al componerla se dio cuenta que incluso de las experiencias difíciles se puede ver con otras luz. Por eso, aunque sus canciones hablen de finales, Erich no cree del todo en ellos. Piensa, más bien, que todo ocurre por una razón.