Semanas después de un terremoto, como el ocurrido el pasado 10 de agosto en Colombia, muchas personas continúan experimentando una sensación de vulnerabilidad extrema, atrapadas en un estado de alerta constante que parece no dar tregua.

Para Gabriela García, psicóloga de Primero, empresa de salud y bienestar, quienes viven una tragedia como esta pueden caer en vigilancia aumentada o hipervigilancia.

“La persona permanece pendiente de cualquier señal que pueda indicar peligro: un ruido, una vibración, un movimiento, una grieta, una puerta que se mueve o incluso una sensación corporal”, dice.

Y, desde la neuropsicología, explica: “Podemos entenderlo como un cerebro que, después de experimentar una amenaza real, aumenta temporalmente su sensibilidad para detectar posibles amenazas futuras. Participan especialmente los circuitos relacionados con la detección de peligro y la respuesta de estrés, mientras que las áreas encargadas de valorar racionalmente la situación ayudan progresivamente a determinar: ‘En este momento estoy seguro’”.

Lo que ocurre es que, después de un sismo, el cerebro puede aprender una asociación muy rápida: movimiento = peligro. Por eso, un ruido que antes pasaba desapercibido ahora puede captar inmediatamente nuestra atención.

No significa que la persona esté “exagerando”, sino que su sistema nervioso está intentando protegerla.

El problema, según la psicóloga, aparece cuando esa alarma permanece activada durante mucho tiempo, incluso cuando objetivamente ya no existe una amenaza inmediata.

La meditación diaria ayuda a controlar los pensamientos negativos. | Foto: IA

¿Es normal sentir que está temblando?

Hay quienes pueden experimentar sensaciones de movimiento, balanceo o inestabilidad, incluso cuando el entorno está quieto.

También puede producirse una respuesta de sobresalto ante sonidos que se parecen al ruido del sismo.

Lo que hay que diferenciar son dos cosas: una sensación subjetiva de movimiento posterior al evento, que puede aparecer durante un periodo de recuperación, y un síntoma persistente o intenso que requiere valoración.

No existe un número exacto de días que podamos considerar “normal” para todas las personas. Durante las semanas siguientes al suceso pueden presentarse sobresaltos, dificultades para dormir, imágenes intrusivas, miedo, irritabilidad o estar pendiente de nuevos movimientos telúricos. La mayoría de estas reacciones disminuye progresivamente.

Lo preocupante es que la persona no vaya recuperando funcionamiento. Por ejemplo: que no pueda dormir durante varias noches, deje de salir de casa o no quiera trabajar o estudiar, entre otras.

Si los síntomas persisten más de un mes y generan deterioro importante, debemos valorar la posibilidad de un Trastorno de Estrés Postraumático, Tept, aunque la evaluación clínica debe hacerse individualmente.

¿Cuáles son los síntomas del Tept?

La Organización Mundial de la Salud, OMS, señala que suelen comenzar el primer mes y que la mayoría de las personas expuestas a acontecimientos potencialmente traumáticos no desarrollan Tept.

¿Cuándo el miedo deja de ser una reacción normal y se debe buscar ayuda profesional?

No debemos esperar a que la persona esté “muy mal” para pedir ayuda. Hay que buscar apoyo profesional cuando el miedo empieza a controlar la vida cotidiana. Es decir, si dice cosas como: “Ya no puedo dormir porque estoy esperando que vuelva a temblar”, “no puedo dejar que mis hijos salgan de casa”, “no puedo volver a entrar a mi apartamento, aunque técnicamente es seguro”, “cada vez que escucho un ruido siento que voy a morir”, “no puedo trabajar porque estoy pendiente de cualquier movimiento”.

También hay que prestar atención a sensaciones de desesperanza intensa, aislamiento, consumo problemático de sustancias, autolesiones o pensamientos de muerte. Una reacción emocional después de un desastre no tiene que convertirse necesariamente en un diagnóstico, pero sí merece atención cuando persiste, aumenta o interfiere con la vida.

¿Cuánto tiempo al día es sano informarse después de una emergencia como la de agosto?

No existe una cantidad de minutos universal establecida por la evidencia que podamos presentar como una “dosis saludable” de noticias. Lo que sí recomiendo es pasar de una información continua a una información programada.

Consultar fuentes oficiales una o dos veces al día durante unos 15-30 minutos puede ser una pauta práctica para muchas personas, evitando revisar noticias constantemente, más antes de dormir. La pregunta no es “¿cuánto tiempo estoy viendo noticias?”, sino: “¿Después de informarme quedo más preparado o quedo más asustado?”.

Si una persona revisa redes cada cinco minutos buscando confirmar que no está temblando, está alimentando el circuito de vigilancia. También es importante diferenciar información de rumores. Después de una emergencia, compartir videos, audios o mensajes no verificados puede aumentar innecesariamente la percepción de amenaza.

¿Qué les dice a quienes duermen con la puerta abierta, no permiten que sus hijos vayan al colegio o no quieren volver a su casa, aunque ya es segura?

Entiendo por qué están haciendo esto: su miedo tiene una razón. Después de una experiencia amenazante, estas conductas pueden producir una sensación inmediata de seguridad.

El problema es que, si se mantienen indefinidamente, pueden enseñarle al cerebro algo diferente: “Si cierro la puerta, estoy en peligro”; “si mi hijo va al colegio, algo malo va a pasar”; “si regreso a mi casa, no estoy seguro”. Así se puede establecer un ciclo de evitación.

Si una autoridad competente ya verificó que la vivienda es segura, el objetivo psicológico no es obligar a la familia a “dejar de tener miedo”, sino realizar un retorno progresivo. Volver a entrar acompañado, permanecer inicialmente periodos cortos, recuperar las rutinas y aumentar progresivamente el tiempo. En otras palabras: seguridad física primero; recuperación psicológica después.

Después de una catástrofe, tener miedo o pesadillas es natural. Puede ser preocupante cuando se revive permanente lo sucedido o se tienen cambios emocionales bruscos. El sobreviviente empieza a sentir culpa y desesperanza. | Foto: El País
Hay que mantenerse en el presente, no hacer planes a largo plazo, y en lugar de deprimirse, ocuparse en el apoyo a los seres queridos, recomienda la psicóloga.. | Foto: El País

¿Cómo se manifiesta la hipervigilancia en los niños y qué no deben hacer los papás?

En los niños la respuesta puede ser diferente porque aún están desarrollando sus capacidades de regulación emocional. La hipervigilancia puede aparecer como sobresaltarse fácilmente; miedo a dormir solos; necesidad constante de estar junto a los padres; dificultad para separarse; pesadillas; volver a conductas que ya habían superado, como mojar la cama; irritabilidad o rabietas; dolores de cabeza o de estómago; disminución del rendimiento escolar; juego repetitivo sobre terremotos, muerte o rescates; preguntas constantes como “¿va a volver a temblar?”; miedo a quedarse solos.

En niños pequeños el trauma puede expresarse más mediante el juego, dibujos o conductas que mediante un relato verbal. Los padres deberían evitar tres cosas: no mentir: “Nunca más va a temblar”. No minimizar: “Eso no fue nada, deja de llorar”. No transmitir permanentemente el miedo adulto: hablar continuamente del desastre delante del niño, revisar noticias de manera compulsiva o expresar que salir de casa es peligroso.

Una frase mucho más adecuada sería: “Sí, fue algo que nos asustó. Los adultos estamos aquí para cuidarte. La casa/colegio ya fueron revisados y estamos tomando las medidas necesarias. Si vuelve a ocurrir algo, sabemos qué hacer”.

¿Qué problemas mentales pueden aparecer luego de una tragedia como esta?

No significa que todas las personas vayan a desarrollar un trastorno, pero pueden aparecer reacciones de estrés que posteriormente disminuyen. Pueden presentarse dificultades como reacción aguda de estrés; ansiedad y ataques de pánico; alteraciones del sueño; depresión; trastorno de estrés postraumático; duelo intenso o complicado; consumo problemático de alcohol u otras sustancias; síntomas somáticos; problemas de adaptación; aumento de pensamientos de muerte o conductas suicidas en personas vulnerables.

El riesgo aumenta cuando existe pérdida de seres queridos, desplazamiento, pérdida de vivienda o empleo, aislamiento, dificultades económicas o ausencia de redes de apoyo.

La OMS reconoce duelo, ansiedad, depresión, estrés agudo, Tept y consumo problemático de sustancias entre los problemas relacionados con las emergencias.

Salud mental | Foto: colprensa

¿Cómo prevenir el riesgo de suicidios, que puede desencadenarse luego de un desastre?

Aquí voy a ser cuidadosa: no es que después de todo desastre necesariamente aumentan las tasas de suicidio. La evidencia es variable según el desastre, la población y el momento. Lo que sí sabemos es que vivir una emergencia, perder a alguien, perder la vivienda, quedar aislado o atravesar dificultades económicas puede aumentar factores de riesgo en personas vulnerables.

La prevención empieza por preguntar: “¿Has pensado que no quieres seguir viviendo?”. Preguntar no induce el suicidio, permite detectar riesgo. Si la respuesta es afirmativa, hay que evaluar la presencia de intención, plan, acceso a medios, antecedentes de intentos y capacidad de mantenerse segura.

Mientras recibe atención, la persona no debería quedarse sola si existe riesgo alto y se debe limitar el acceso a medios potencialmente letales. La OMS recomienda identificar tempranamente a las personas en riesgo, evaluarlas, tratarlas y realizar seguimiento, además de reducir el acceso a medios letales.

¿Cómo acompañar a quienes perdieron un ser querido, casa, patrimonio, trabajo o carro?

No todas las pérdidas se procesan de la misma manera. Perder una persona implica duelo por un vínculo. Perder una vivienda puede implicar perder seguridad, recuerdos, estabilidad e identidad. Perder el trabajo puede generar incertidumbre económica y sensación de inutilidad. Perder patrimonio puede representar años de esfuerzo. Por eso no hay que comparar pérdidas.

Lo primero es ayudar a la persona a recuperar necesidades básicas: seguridad, alimentación, descanso, medicamentos, comunicación con familiares y acceso a recursos.

Después viene la recuperación psicológica. En el duelo por un ser querido, el doliente debe integrar la pérdida en su historia y seguir viviendo sin que eso signifique dejar de amarlo o recordarlo.

Paso a paso para retomar...

1. Orientación al presente: mirar alrededor y nombrar cinco cosas que veo, cuatro que puedo tocar, tres que escucho, dos que huelo y una que saboreo. Esto ayuda a que la atención salga de la anticipación y vuelva al entorno actual.

2. Respiración: no necesitamos hacer ejercicios complicados. Se puede inhalar suavemente y hacer una exhalación un poco más prolongada. El objetivo no es “eliminar el miedo”, sino ayudar a disminuir la activación fisiológica.

3. Rutina: mantener horarios relativamente estables para levantarse, comer, trabajar, estudiar, jugar y dormir. El cerebro necesita señales repetidas de predictibilidad.

4 Conexión: hablar con personas de confianza, abrazar, acompañar a los niños, realizar actividades cotidianas y recuperar espacios agradables. La recuperación no consiste solamente en pensar “ya pasó”. El cerebro necesita experiencias repetidas de seguridad.

Cómo retornar poco a poco

1. Garantizar vivienda segura, alimentación, medicamentos, atención médica, documentos, comunicación y protección.

2. Dormir, alimentarse, mermar la exposición a noticias, no consumir alcohol o sustancias y permanecer acompañado.

3. No obligarse a estar bien. Identificar miedo, tristeza, rabia, culpa o confusión como respuestas posibles.

4. Levantarse, bañarse, comer, caminar, trabajar cuando sea posible, estudiar, cuidar a los hijos.

5. Empezar a tomar decisiones pequeñas: qué necesito hoy, a quién voy a llamar, qué trámite debo hacer, qué puedo recuperar.

6. Reconstruir redes: familia, amigos, comunidad, instituciones, colegio, trabajo y profesionales de salud.

7. Buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

¿Dónde pedir ayuda? En Cali, en la Línea 106 se da orientación, apoyo psicológico, intervención en crisis y activación de rutas. Y la 123 es apta si existe riesgo o intento de suicidio o emergencia médica.

¿Qué frases no repetir?

“Tienes que ser fuerte”.

“Ya pasó, tienes que superarlo”.

”Hay personas que están peor”.

“Dios sabe por qué hace las cosas”, “no llores”, “por lo menos estás vivo”.

”Tienes que agradecer que no fue peor”.

”Los niños olvidan rápido”.

”Ya tienes que volver a la normalidad”.

¿Qué frases decir?

“Lo que estás viviendo es muy difícil”.

”No tienes que resolver todo hoy. Estoy aquí contigo”.

”Podemos ir paso a paso”.

”¿Qué necesitas en este momento?”.

”No sé exactamente qué decirte, pero puedo acompañarte”.