La película ‘Familia en renta’ se estrenó a nivel mundial el pasado septiembre en Canadá, recibiendo una ovación de pie, en gran medida por la actuación de Brendan Fraser, presente en el evento, quien no había realizado un papel protagónico desde ‘La ballena’, su interpretación ganadora del premio Óscar a Mejor Actor del 2023.
En ‘Familia en renta’, Fraser da vida a Phillip Vandarploeug, un actor estadounidense en dificultades que vive en Tokio y acepta un trabajo un tanto inusual para una agencia de “familias de renta”, un negocio que existe realmente en Japón donde actores profesionales interpretan roles sustitutos en las vidas de otras personas: invitados a una boda, dolientes en un duelo, familiares de compañía o ausentes.
La práctica, que comenzó en la década de 1980, surgió a partir de una necesidad cultural de lo que uno de los fundadores llamó un “servicio sensible: que comprende llegar a los demás con un corazón empático”. Es una premisa extraordinaria que de algún modo parece perfecta para Brendan Fraser, cuyo don para encontrar humanidad en lugares inesperados ha definido su reciente renacer profesional.
La película es dirigida por Hikari, cineasta japonesa, conocida por su trabajo en la aclamada serie ‘Bronca’ y su largometraje debut ’37 segundos’. Hikari también coescribió el guion con Stephen Blahut, y el rodaje se realizó en la ciudad de Tokio durante varios meses del 2024.
Con ‘Familia en renta’, Brendan Fraser confirma su don para encarnar personajes sensibles y un tanto patéticos, pero complejos y muy humanos, que le valió un reconocimiento mundial cuando su carrera como actor de acción, aventura y comedia, parecía estancada.
El actor de 57 años accedió a una entrevista para contar algunos detalles de su nuevo papel protagónico.
¿Cómo llegó ‘Familia en renta’ a su vida?
Luego de toda la pompa y la ceremonia de los Óscar, surge la pregunta obvia: ¿y ahora qué sigue? No es abrumadora, pero debes elegir con cuidado. Hay miradas curiosas que quieren saber cómo vas a seguir después de eso. Se da por sentado que estás a pleno, y que puedes hacer lo que quieras, pero esa no es la realidad. Tal vez lo fue en algún momento, pero ahora todavía tienes que arremangarte y poner manos a la obra.
Tampoco querría que fuera diferente. Mi tendencia siempre es buscar algo que, con suerte, se aleje de lo que he hecho antes. Y solo el título de ‘Familia en renta’, y el concepto como idea para una película, de inmediato llamó mi atención.
Este era fácilmente un proyecto que podría haber quedado olvidado en la “lista negra”. Cuando era chico, solía rescatar animales, así que quise acercarme a porque se sentía un poco como uno de esos proyectos raritos: totalmente único. Algo que quizá al principio podría ser descartado a primera vista, pero que, si se le presta atención, resulta ser la elección correcta.
Reunirme con HIKARI fue como reunirme con la hermana que nunca tuve, por lo personal que es con las personas con las que trabaja. Unirme a su familia tuvo un significado muy profundo para mí. Amén de la posibilidad de cumplir el sueño de pasar un tiempo prolongado en Japón y verlo impulsado por el proceso de hacer una película en Tokio. Es uno de esos proyectos que te hacen pellizcarte.
¿Se esforzó por aprender japonés, un idioma difícil de dominar?
Hice mi mejor esfuerzo. Y te sorprendería porque existen simplificaciones y distintas categorías para hablar el idioma. Está la forma honorífica más elevada que ni siquiera los japoneses comprenden del todo bien, usada en textos formales con palabras sofisticadas. Y luego está la forma sencilla, en la que habla la gente. Elegir cómo hablar también es importante.
Pero lo básico lo aprendí con un tutor antes de llegar, y lo olvidé de inmediato. Me reuní con el elenco, y todos me cuidaban para asegurarse de que no dijera: “Por favor, pásame un tutú” en lugar de: “Cuidado, que un coche está a punto de arrollarte”. Podía hacer la mímica de manera convincente, pero mi objetivo era que sonara como si realmente hablase japonés; si bien interpreto a un foráneo, a un estadounidense. Estaba bien que se notara el acento, y no necesitaba ser completamente fluido. La idea era que había pasado el tiempo suficiente allí como para poder mantener una conversación.
El concepto de contratar familiares sustitutos puede parecer extraño, pero la película no se detiene en esa novedad, sino que más bien se enfoca en el significado que hay detrás. ¿Por qué era tan importante eso?
Todos hemos sentido cierta sensación de aislamiento. Todos nos hemos sentido solos. Ayer, a mi coprotagonista Akira Emoto le hicieron una pregunta similar, y él respondió: “La soledad no es necesariamente algo negativo”. Eso me hizo pensar: bien, tengo algo que esperar con ilusión. Él ha tenido una vida muy rica y plena. Pero el personaje que interpreta en la película está bastante contento de que lo dejen en paz.
Sé que no tenemos demasiado tiempo, pero quiero hablar de lo increíble que es Akira Emoto. ¿Sabe que tiene su propio teatro en Tokio donde, cada mañana, interpreta a Shakespeare, o a quien sea, para quienquiera que quiera pasar? Sus hijos lo ayudan a dirigirlo, y ellos también son actores, y cada mañana llega gente a ver estas funciones. El día que fui, Akira estaba leyendo un tomo del siglo XV, el pasaje de un diario de un shogun que estaba básicamente revisando una factura. Sencillamente cosas que había comprado y quería saber a dónde habían ido. Y allí está Akira leyéndolo de forma dramática, y todos a mi alrededor riéndose a carcajadas.
La cuestión es que él es un auténtico actor de teatro; lo vive y lo respira, y goza de un profundo respeto en todo el país. Para Hikari, incluirlo en esta película fue realmente emocionante. Y para mí también lo fue. He trabajado con Ian McKellen, y valoro la experiencia y sabiduría de quienes han pasado antes por esto. Si te pierdes eso —si no prestas atención a lo que te pueden enseñar cuando eres joven— te pierdes mucho.
¿Cómo concibió a su personaje, Phillip?
Siempre que leemos algo, lo relacionamos con nuestras propias experiencias, o eso influye en cómo las vivimos. Había similitudes con experiencias de mi propia vida con las que me podía conectar, pero Phillip es de otro lugar.
No está huyendo —no es un hombre buscado—pero sí es un extraño en una tierra extraña. Que sobresale. Es un hombre blanco de 1,90 m de altura en un mundo de personas que literalmente lo miran para arriba. Por qué está allí es una pregunta que lo sigue a todas partes. Ha pasado siete años o más en el extranjero, y no tiene lazos con lo que dejó atrás.
Creo que tiene que ver con algún tipo de trauma, y quizás su propia experiencia de haber sido criado por hombres de la generación que yo conocí, que podían ser muy autoritarios. Que te dirían: “Aguántatelas”. No abrazaban a sus hijos, no les enseñaban a hacerse valer, o sencillamente estaban ausentes o desinteresados. Él es, en cierto modo, producto de lo que produjo esa generación.
Si pones a un hombre que anhela algo relacionado con la paternidad —que quizás ni siquiera puede poner en palabras— frente a esta niña, se enamorará dolorosa, conmovedora y automáticamente de ella, porque simplemente no puede evitarlo. Satisface una necesidad que él ni siquiera sabía que tenía. Un anhelo que no podía colmar, sumado a la presencia de esta otra figura paterna, la de Kikuo, el personaje al que da vida Akiro Emoto, es la combinación más inesperada. La dicotomía es perfecta.
Con información de Cinecolor Colombia.