Desde que fue presentada por primera vez en la Feria Internacional Americana del Juguete, el 9 de marzo de 1959, que se convirtió en su fecha oficial de nacimiento, la muñeca Barbie generó polémica a su alrededor, en primer lugar, porque se trataba de un juguete que ofrecía una proyección adulta de la mujer, cuando lo tradicional era que las niñas jugaran con muñecos de características infantiles.

De hecho, Barbie fue inspirada en una muñeca alemana llamada Lili, que circuló entre 1954 y 1964, cuando Mattel compró los derechos y la descontinuó para promocionar en exclusiva la creación de Ruth Handler, esposa del dueño de la compañía.

Lili, basada en una historieta para adultos, era una muñeca con traje de noche, pelirroja y con mirada seductora; no apuntaba al público infantil, pero muchas niñas, entre ellas, la hija del dueño de Mattel, preferían jugar con este juguete, en vez de con los bebés y las muñecas que representaban niñas.

Barbie también ha representado a mujeres con diabetes tipo 1, a través de una muñeca que tiene un monitor de glucosa y una bomba de insulina, que permite a los niños reconocer esta enfermedad autoinmune. Otra muñeca que refuerza el propósito de inclusión de Mattel es la Barbie con alopecia, que representa a las mujeres con problemas cutáneos o que padecen por diferentes condiciones clínicas que afectan el crecimiento de su cabello. | Foto: Mattel

Pero Barbie buscó imponer otra representación de la mujer, independiente y con capacidad de realizar múltiples oficios, más de cien a la fecha, aunque siguiendo los estereotipos femeninos de aquella época en Estados Unidos: rubia y delgada, que a lo largo del tiempo ayudó a configurar un limitado estándar de belleza, cuya popularidad y comercialización en casi todo el mundo impuso una hegemonía estética sobre los cuerpos.

Para 1971, la escritora y activista Marge Piercy denunció en un estremecedor poema titulado justamente ‘Barbie doll’ el daño psicológico que podía causar la representación de mujer que Barbie, de forma quizá ingenua, venía promoviendo. Esto es: el rechazo de la propia apariencia y la baja autoestima por no encajar en el molde de lo que se valida mediáticamente como atractivo.

Dijo Piercy en su poema:

Todos veían una nariz gorda en piernas gruesas. Le aconsejaron que se hiciera la tímida, la animaron a ser cariñosa, a hacer ejercicio, a hacer dieta, a sonreír y a ser persuasiva.

Su buen carácter se desgastó como una correa de ventilador.

Así que se cortó la nariz y las piernas y las ofreció.

En el ataúd, expuesto sobre satén, yacía con los cosméticos de la funeraria pintados, una nariz respingada y de masilla, vestida con un camisón rosa y blanco.

¿A que está guapa?, decían todos. La consumación al fin. Para cada mujer, un final feliz.

También es revelador el testimonio de la escritora colombiana Edna Liliana Valencia: “Mi hermana y yo nacimos en Bogotá en los años 80. Éramos las únicas niñas negras del barrio y ninguna de las dos fue fan de las muñecas Barbie”.

La famosa muñeca, afirma Valencia, “era el ejemplo de la perfección. Vaya problema: no se parecía a mí. O más bien, yo no me parecía a ella. Jugando con Barbies, empecé a odiar, de manera inconsciente, mi cabello afro y mi piel oscura”.

“Me costó décadas recuperar mi autoestima y le costó décadas a la empresa Mattel entender el daño que la muñeca tradicional les estaba haciendo a tantas niñas”, cuestionó, a propósito de la película ‘Barbie’, hace un par de años en El Espectador.

Son 35 diferentes tonos de piel, hasta el momento, los que se han empleado tanto en las muñecas Barbie como en los Ken. | Foto: Mattel

Como afirmó el periodista Juan Sanguino en Vanity Fair, “la muñeca Barbie no es solo el juguete más vendido de la historia, es también un campo de batalla cultural” y, en este sentido, Mattel no desiste en buscar una reivindicación en la opinión pública, dándole desde hace algunos años, con el lanzamiento de las Barbies Fashionistas, un giro hacia lo políticamente correcto a su marca.

Aunque Mattel lanzó desde los años 60 diferentes modelos de Barbie, incluyendo a Christie y la enfermera Julia, ambas de color, y ha venido incluyendo representaciones latinas, no fue sino hasta el 2015 que presentó nuevos tipos de cuerpo y altura para sus muñecas.

Desde entonces, la diversidad se convirtió en su bandera, por lo que actualmente se pueden encontrar diferentes modelos de Barbie afro, orientales, de talla grande, de baja estatura, en silla de ruedas, con prótesis y con enfermedades de la piel como vitíligo y una con síndrome de Down, buscando “ser más inclusiva y reflejar el mundo que nos rodea”, como sostiene la compañía.

Aún falta representar a la comunidad LGBTIQ+, pese a que en 2022 Mattel lanzó la Barbie Laverne Cox, inspirada en la actriz trans.

La más reciente inclusión en su colección de Barbie Fashionistas fue el modelo autista, una muñeca diseñada en alianza con la Red de Autodefensa del Autismo y presentada en 2026.

Para la escritora Valencia, se trata de “un simple tema de conveniencia mercantilista”.

Mientras que para Franki Acosta, neuropsicólogo de la Universidad del Valle, estos modelos diversos “pueden ayudar mucho, en cuanto a verse reconocida, identificarse con una figura externa, que resulta importante para la confianza. Pero debe hacerse de forma ética, para no caer en el error de banalizar la singularidad de cada persona, llevando al extremo de negar las diferencias, que también son fundamentales en la construcción de la identidad, logrando el objetivo contrario en ocasiones”.

Por otro lado, señala el neuropsicólogo, “claramente es una propuesta comercial, donde la marca responde a presiones sociales y culturales, y se aprovecha para crear productos dirigidos a clientes específicos”.

No obstante, “hay algo bueno en eso, que los juguetes, como objetos simbólicos pueden ayudar mucho. Podríamos pensar que el objetivo de la empresa finalmente es el dinero, pero también se logra obtener un beneficio real para grupos diversos de personas”, concluye.

Barbie también tiene referencias curvy o de talla grande, aunque mantienen un estándar que ha sido criticado. | Foto: Mattel

AUTISTA

La muñeca busca sensibilizar sobre el espectro autista. Entre sus características tiene una leve desviación en la mirada, que alude a la falta de contacto visual en algunas de estas personas, también supresores de ruido. En sus manos lleva un spinner para la ansiedad y una tablet de comunicación alternativa, útil para los que tienen dificultades para interactuar.

SÍNDROME DE DOWN

La Barbie que representa a esta población fue desarrollada con la Sociedad Nacional de Síndrome de Down de Estados Unidos en 2023. Sus rasgos faciales son más redondos, con la zona nasal un poco plana, las orejas pequeñas y el torso más largo.

MOVILIDAD REDUCIDA

La primera versión de una Barbie en silla de ruedas fue Becky, de 1997, que se vendió con éxito, pero fue descontinuada. Para 2019, Mattel la trajo de vuelta en varios modelos, incluso una infantil.

CABELLO AFRO

Los primeros modelos de Barbie afroamericana tenían el cabello lacio y muchas niñas aprendieron a peinarlas de tal forma que les hacían rizos, pero desde los 90 Mattel comenzó a crear modelos con extraordinarios looks afro. Hasta ahora se han creado 97 tipos de peinados para los modelos de Barbie.

INVIDENTE

En 2024, la marca presentó su primera Barbie ciega, una muñeca con un bastón, gafas de protección y una mirada levemente dirigida hacia arriba como, por lo general, hacen las personas con esta condición. Así mismo, su ropa es táctil, con diferentes texturas para generar mayor estimulación en los niños invidentes que jueguen con ella. Mattel la desarrolló con el Real Instituto Nacional de Ciegos, de Estados Unidos, entre otras organizaciones.