La música, cuando es honesta, no solo se escucha; se siente, se abraza y se convierte en lenguaje del espíritu. Eso bien lo sabe Diego Pombo, alma artística de Ajazzgo, festival caleño que este 2026 llega a su undécima edición, bajo una consigna: “ComPAZ, pasión y compasión”.
La segunda fase va del 27 al 31 de octubre.
No exento de melancolía, pero con inquebrantable esperanza, Pombo habló de un Ajazzgo que se niega a silenciar sus notas, pese al esfuerzo humano y monetario que conlleva.
¿Por qué la música tiene que alzarse y decir “estamos aquí de nuevo”?
Tuvimos que hacer el festival en dos partes, una primera fue con los artistas internacionales que compartíamos con otros festivales del país, porque ya estaban contratados y en la ciudad. No había teatros disponibles debido a los daños tras el sismo, y debimos presentar a los músicos en la sala de nuestro Teatro Salamandra. Pero fue un giro chévere, ¿sabes?, porque significó volver a nuestros comienzos. Allí nacieron nuestros dos primeros festivales, hace ya 26 años. Fue una experiencia hermosa regresar a la raíz, pero también un ejercicio de ponernos en los zapatos de la gente, de las víctimas de esta catástrofe, tanta gente que se quedó sin casa, tantos muertos...
Para esta segunda fase quisimos proyectar el evento como un espacio con paz, musicalizando esa paz interior que tanto necesitamos, y con paz, compasión y pasión, por el dolor de las víctimas, por la pasión que debemos imprimirle a la vida para echar hacia adelante, hacer el duelo, reconstruir y arrancar otra vez. Al fin y al cabo, la música es el arte espiritual por excelencia. Es puro espíritu, pura emoción. Eso nos puso en sincronía al equipo y a los artistas: una premisa en el corazón para hacer algo bonito, con mucho sentimiento, honrando a los que nos dejaron.
Ustedes sufrieron el impacto del sismo: el Teatro Salamandra tuvo afectaciones y no paran...
Sí, sufrimos daños, pero no tan intensos ni estructurales como para suspender. Debimos parar unos días porque la puerta de la entrada quedó averiada, la arreglamos de forma provisional. El próximo año cerraremos un par de meses para hacer reparaciones serias. Afortunadamente, no hubo nada que lamentar en lo humano. Perdimos algunos cuadritos y piezas de la colección de arte y una réplica de Jovita que andaba por allí... pero nada más.
En la primera fase llenaron Salamandra durante cuatro jornadas consecutivas. ¿Qué le transmitió ver ese espacio a reventar?
Esos conciertos fueron el primer espectáculo cultural que se hizo en la ciudad después del duelo estricto. La gente lo recibió con una necesidad inmensa de encontrarse, de comulgar con algo que los hiciera sentirse juntos y vibrar en armonía. La música gratifica y te llena de paz. El público estaba ávido de emociones; era un fervor absoluto.
Escuchábamos aplausos larguísimos, con la gente de pie haciendo salir a los músicos varias veces. El teatro estaba a reventar; es una sala pequeña, de 70 personas, y siempre se quedaba gente por fuera. El jazz no es un género masivo de estadios ni suena en la radio; para la mayoría son músicas desconocidas. Pero cuando la gente se expone a él, vibra y se conecta de inmediato. Si en Cali hubiera más oferta de jazz, la gente lo consumiría muchísimo más.
De hecho, ya hay varios locales que presentan jazz en vivo los fines de semana. Hoy se escucha mucho más jazz en Cali que antes y en Colombia, ¡ni se diga! En el último censo, el año pasado, registramos 27 festivales de jazz celebrándose simultáneamente en septiembre en todo el país. Es una cosa increíble.
¿Cómo sostienen un festival independiente en Cali?
Se logra con demasiado esfuerzo, gestionando por aquí y por allá. Tratamos de mantener la alianza con otros festivales del país porque es más fácil traer artistas de esta categoría si estamos aliados y se hacen las negociaciones en grupo, a través del sindicato y el Circuito de Jazz.
Hay buen talento local...
Así es. Con dolor en el alma se nos quedaron por fuera tres agrupaciones increíbles, estamos viviendo una auténtica explosión de talento en la ciudad. Programaremos dos días seguidos con varios grupos locales en el Teatro al Aire Libre Los Cristales, para que la ciudadanía descubra a estos jóvenes talentosísimos que aman la música de manera ejemplar.
¿Cuál es la importancia de apreciar un documental de jazz, como el que presentarán en Salamandra?
Es necesario formar público, que conozca la historia de una música que tanto le fascina a los caleños salir a bailar, cada ocho días, pero muchos no conocen los orígenes ni los protagonistas y por qué tiene tanto que ver con el jazz: la salsa es hija del jazz. En los años 40, grandes bandas de swing, en Nueva York, incorporaron a los músicos cubanos que fueron llegando, para darle un sonido nuevo, toda una revolución. El precursor fue Arsenio Rodríguez, que le metió piano al son, la tumbadora, amplió a tres trompetas, y compuso esos guaguancós; así nació la fusión de músicas cubanas rurales con el jazz. Luego llegaron la big band de Machito, Tito Rodríguez y Tito Puente. La audición la presentará Richard Jory, el DJ de Delirio.
Hablemos de Mikael Hyla y su cuarteto francocolombiano, donde el acordeón conecta a Francia con el Caribe, el swing, la cumbia, el pasillo y el latin jazz. Un diálogo entre diferentes territorios...
Sí, es que acuérdate que el lema nuestro es: “El encuentro de creadores de jazz, fusión y experimental”. El jazz es el género más universal de la música, se encuentra con japoneses, británicos, gitanos, la gente de Australia, los iraníes, con el Medio Oriente... Mikael ha establecido ese puente con su acordeón francés y se integra con la música colombiana con un swing y una energía que se complementan bien con músicos nacionales. Su maestría con el acordeón es cosa de locos. Se presentará el miércoles 28 de octubre, en Salamandra.
El 29, en el Teatrino del Teatro Municipal, a las 6:30 p. m., estará Greg Diamond compartiendo con Antonio Arnedo y Sam Farley (con boletería). Es la segunda vez que está en el Ajazzgo, y va a tocar una serie de composiciones de su propia autoría.
El 30 de octubre tendremos a Harley Lozano Quinteto, dos veces ganador del Latin Grammy, en una velada de Cali Afro, hip hop, Pacífico y Caribe. Me impresionó mucho la fusión que ha hecho y el esfuerzo tremendo que significó producir su disco Redbone. Había que ponerlo en Los Cristales para que la gente vea cómo los artistas caleños hacen producciones discográficas de un nivel increíble, con músicos locales de un virtuosismo impresionante. En su grupo está Freddy Colorado en la marimba y logran puntos musicales delirantes e hipnóticos, haciendo solos que te vuelan la cabeza. Y para el cierre, el 31 de octubre, los integrantes de la Big Band De Avanzada de Panamá, son los alumnos aventajados de su país, tienen un sonido impresionante.