Más de un millón de colombianos salieron de la pobreza energética en el último año, según el más reciente informe sobre el Índice Multidimensional de Pobreza Energética, IMPE, desarrollado por Promigas, la fundación de esta compañía, con Inclusión SAS como aliado técnico.
El presidente de Promigas, Juan Manuel Rojas, explicó que el indicador, que se mide hace 4 años, ha logrado visibilizar una problemática oculta en el país que es clave para el desarrollo de las familias.
“En 2025 vimos que hubo reducción de la pobreza energética, pero quedan muchos retos en términos de la calidad. El IMPE está estructurado con 4 ítems: la dimensión de acceso y calidad de la energía, qué tan funcional es la vivienda (confort térmico, uso de electrodomésticos), la conectividad y la situación del territorio”, explicó.
De acuerdo con el informe, en 2022 el 16,9% de la población colombiana estaba en pobreza energética y ahora el indicador bajó a 13,1%; la meta es llegar al 9% para el 2030.
Destacó el directivo que el año pasado se tuvo un avance importante, con la salida de más de un millón de personas de la pobreza energética, en especial en la zona rural remota, con mejorías en el ítem de conectividad, pero que a la vez se evidenció un deterioro en la calidad de la energía.
Francisco Espinosa, socio fundador de Inclusión SAS., dice que es necesario ver todo el panorama porque, si bien se mejora, hay muchos retos por superar.
“Nos quedan 7 millones de personas que hoy en día están en pobreza energética y hay otros 7 millones vulnerables, es decir, que tienen alta probabilidad de experimentar eso, si alguno de los 15 elementos que se miden en el indicador se deteriora, sobre todo la calidad eléctrica, que es un punto que se ha deteriorado”.
Agregó que no es momento de bajar la guardia, en el sentido de que se dieron avances en el acceso a internet de los hogares y se redujo el porcentaje de hogares que cocinaba con leña y que pasaron a gas u otros combustibles. Asimismo, los hogares adquirieron más electrodomésticos, haciendo esfuerzo por proveerse de bienestar, pero “el reto principal es la calidad”, reiteró.
Los datos muestran que aún 6 de cada 10 personas viven en un hogar sin computadora; 25% de las familias en Colombia no tienen lavadora y 24% no tiene internet.
Además, 11 millones de colombianas viven en municipios con baja calidad del servicio de energía, especialmente en la Costa Caribe.
¿Cómo está el Valle?
El Valle del Cauca es uno de los departamentos con menos pobreza energética. En 2022, el 4% de la población tenía esta condición y en 2025 solo el 1,9%.
Pero el comportamiento no es homogéneo, se presentan desafíos en la zona norte de la región, por ejemplo, municipios como El Cairo y el Águila tienen un indicador de pobreza energética entre el 20% y 30%, según explicó Francisco Espinosa.
En estas poblaciones aún se cocina con leña y el acceso a electrodomésticos como la lavadora o el acceso a internet es más difícil.
Mientras, departamentos como Vichada, Vaupés, tienen más del 80% de la población con pobreza energética. Guanía, La Guajira, Amazonas, tienen porcentajes por encima del 50%.
“El IMPE nos muestra que avanzar no es suficiente si esos logros no son sostenibles o se construyen sobre cimientos frágiles. Tenemos millones de colombianos muy cerca del umbral de pobreza energética y retos importantes en calidad y confiabilidad de la energía. Esta evidencia debe ayudarnos a anticiparnos, priorizar los territorios más vulnerables y convertir los datos en acciones”, dijo Juan Manuel Rojas.
Cálculos de Promigas indican que sacar a los colombianos de la pobreza energética costaría $11 billones, unos $2,3 billones por año de recursos del sector público y privado. Sacar a cada persona de la pobreza energética vale 5,5 millones de pesos.