En un momento en que la política energética del actual Gobierno ha suspendido la firma de nuevos contratos de exploración petrolera y donde la industria de los hidrocarburos en Colombia parece agonizar, un libro vuelve a poner el tema en debate público.
Se trata de ‘Los santos óleos’, el texto escrito por el reconocido empresario, periodista, diplomático y político Francisco José Lloreda, quien sostiene que el sector enfrenta un panorama desolador tras la pérdida de la autosuficiencia energética.
Para él, la industria petrolera en Colombia tiene los años contados si no se le da un giro radical a la política actual de exterminio, y aunque reconoce que los problemas no empezaron recientemente, sí considera que la orientación actual ha debilitado la confianza inversionista.
“Sus dificultades no empezaron ayer, pero este gobierno se ha empecinado en acabarla, y mientras agoniza esquilmarla, succionarle cada peso”, asegura el autor, quien, en ‘Los santos óleos’, aporta a una discusión más informada de algunos de los temas más controversiales de la industria. “Este es un libro periodístico, no técnico, con sustento académico. Para distintas audiencias”
El País habló con Lloreda sobre lo que representa este declive progresivo en una industria clave para el país, y sobre cómo afectaría a largo plazo ingresos fiscales, balanza comercial y estabilidad macroeconómica.
¿Cuál es el mayor riesgo que enfrenta hoy la industria petrolera colombiana: una decisión ideológica, un error técnico o un problema institucional?
Su exterminio por razones ideológicas a partir de la premisa falsa de que es la culpable del cambio climático mundial, más cuando el país aporta el 0.4% de los gases de efecto invernadero a nivel global y la industria petrolera aporta el 8% del total de emisiones del país.
Eso no significa que nos crucemos de brazos. No. Debemos aportar a la solución, pero con sensatez y realismo, y velando por los intereses nacionales.
El título es muy potente: ¿cree usted que la industria petrolera está realmente en estado terminal o aún hay margen de recuperación?
Va a depender de si elige un sepulturero o un resucitador.
¿Cree que la suspensión de nuevos contratos de exploración compromete la seguridad energética?
Sin duda. Se perdió la autosuficiencia en gas natural y el importado es más costoso. Eso explica, en parte, que el consumo esté cayendo. Absurdo, teniendo gas enterrado.
Con el petróleo ocurrirá igual en unos años si no se endereza la política energética.
¿Qué escenario concreto visualiza para Colombia en los próximos cinco o diez años si esa política se mantiene?
Si no se reactiva pronto la exploración y se mantiene el nivel actual de producción, -750,000 barriles al día-, las reservas se agotarán entre siete y diez años. No de un día para otro, sino de manera gradual.
Si se produce menos, tardarán más años en agotarse, pero se sacrificarían ingresos de corto plazo.
Al paso que vamos, es cuestión de tiempo para que la industria languidezca, empezando por Ecopetrol.
Muchos defienden que la transición energética es necesaria para enfrentar el cambio climático. ¿Cómo responde a quienes ven la producción de hidrocarburos como un obstáculo ecológico?
La transición energética, como sustitución de los combustibles fósiles, no existe. Y es posible que no se dé pues dependerá de si hay una disrupción tecnológica. No en vano, muchos expertos señalan que estamos en un proceso de “adición energética”, es decir, de nuevas fuentes que complementan las tradicionales. Principalmente con la solar y la eólica.
¿Es decir, no se cumplirán las metas del Acuerdo de París?
No. La meta de incremento de 1.5 grados comparado con la temperatura de 1850 no es realista. Tampoco, que el calentamiento sea culpa de los combustibles fósiles. La actual era de calentamiento inició cuando terminó la Pequeña Era de Hielo hacia 1750. Cosa distinta es que el incremento se haya disparado desde la década de los 80 y que coincida con un aumento en el dióxido de carbono. Hay muchos mitos y mentiras.
¿Cuál cree que debería ser la estrategia energética de Colombia si se quiere equilibrar sostenibilidad ambiental y seguridad energética?
Es un error pretender aplicarles una misma receta a todos los países. La receta de la transición como sustitución de los fósiles la impuso Europa porque más del 70% de sus emisiones provienen del sector energético. Pero esa no es la realidad de todos.
En Colombia, el 59% de las emisiones se origina en el sector agrícola, ganadero, la deforestación y cambios en el uso del suelo.
¿Qué hacer?
Colombia debe diversificar su generación eléctrica con renovables para no depender tanto de las hidroeléctrica sin perjuicio de ampliar esta fuente, pero para ser menos vulnerable a los cambios en el nivel de los embalses.
Segundo, transformar el parque automotor incentivando el vehículo eléctrico y en especial la moto eléctrica, y usar el gas natural como fuente de respaldo y para transporte masivo y vehículos de carga. Y, tercero, reforestar y aforestar para capturar dióxido de carbono, proteger las cuencas hidrográficas y la biodiversidad.
¿Y el petróleo?
Lo señalado no se contrapone con seguir produciendo petróleo y gas natural para consumo interno y externo durante las décadas que sea necesarias, mientras diversificamos el sector productivo, las exportaciones y las fuentes de recursos fiscales. Eso requiere de tiempo, confianza y voluntad política