En el universo de la programación hay una escena repetida: el desarrollador que pasa semanas resolviendo ejercicios de algoritmia mientras su bandeja de entrada sigue vacía. Se prepara para entrevistas técnicas que todavía no consiguió. La paradoja no es menor.

Yari Taft suele describir ese fenómeno como un desorden en la secuencia. Según su experiencia, la mayoría de los profesionales comienza por el paso tres cuando ni siquiera resolvió el primero. Y eso, sostiene, altera todo el proceso.

En los procesos internacionales, la estructura suele ser bastante predecible. Primero, una entrevista con recursos humanos. Luego, una evaluación técnica que puede adoptar múltiples formatos. Finalmente, una instancia cultural o de equipo. Sin embargo, muchos desarrolladores concentran su energía en dominar live coding avanzado o system design complejo cuando todavía no lograron generar entrevistas con reclutadores.

Yari Taft insiste en que el volumen importa. Conseguir dos o tres entrevistas semanales cambia por completo la dinámica psicológica del candidato. Deja de percibir cada oportunidad como irrepetible y empieza a entender el proceso como algo estadístico. Sin ese flujo constante, la preparación técnica se convierte en ansiedad.

No todas las entrevistas técnicas son iguales, y esa es otra fuente de frustración. Algunas son teórico-prácticas, donde se discuten patrones de diseño, arquitectura y escalabilidad. Otras exigen resolver desafíos asincrónicos, conocidos como take home challenge, que luego deben defenderse en vivo. Están también las pruebas de algoritmia y estructura de datos, que suelen ser el terror de muchos desarrolladores porque exigen precisión académica y manejo de complejidad algorítmica bajo presión.

Yari Taft observa que los candidatos tienden a entrenar un solo tipo de evaluación, generalmente la que más les incomoda, y descuidan las demás. El resultado es irregular. Pueden destacarse en una instancia y fallar en otra por falta de preparación específica.

Lo que complica aún más el panorama es que desempeñarse bien en el trabajo no equivale necesariamente a brillar en entrevistas. Yari Taft ha visto perfiles con sólida experiencia real bloquearse frente a una pizarra virtual. También lo contrario: candidatos que dominan la prueba técnica pero carecen de claridad al explicar decisiones arquitectónicas en equipo.

Desde su perspectiva, la clave no está en acumular conocimiento indiscriminadamente sino en entender dónde se está fallando. Si no hay entrevistas de recursos humanos, el problema no es la algoritmia. Si no se superan filtros automatizados, quizás el perfil no está optimizado para ser encontrado. Si la entrevista técnica no avanza, el entrenamiento debe ser quirúrgico, no general.

Yari Taft suele comparar el proceso con algo más cotidiano. Conseguir trabajo, dice, no es tan distinto de conseguir clientes o incluso relaciones personales. Siempre se parte de un universo amplio de contactos potenciales, luego se reduce a quienes muestran interés y finalmente a quienes concretan. Esa lógica de embudo no es exclusiva del marketing; es estructural.

Esa analogía incomoda a algunos desarrolladores porque traslada el foco desde el código hacia la estrategia. Pero Yari Taft sostiene que ignorarla no la hace desaparecer. El mercado funciona con esa dinámica, independientemente de que resulte más cómoda o menos.

En paralelo, el componente no técnico suele ser subestimado. Comunicación, claridad al argumentar, dominio del inglés conversacional. Muchos candidatos con capacidad técnica suficiente quedan fuera por detalles que no están en ningún manual universitario. Según Yari Taft, ese vacío explica por qué perfiles similares tienen trayectorias tan distintas.

El crecimiento de la inteligencia artificial añade otra variable. Las entrevistas empiezan a incorporar evaluaciones más profundas de arquitectura y pensamiento sistémico, precisamente porque el código repetitivo puede generarse automáticamente. Yari Taft considera que esto obligará a los desarrolladores a comprender con mayor rigor la tecnología que utilizan, no solo a ejecutarla.

Mientras el mercado se vuelve más competitivo, Yari Taft insiste en que el orden importa. No se trata de estudiar más, sino de estudiar mejor. No de practicar todo, sino de practicar lo que corresponde a la etapa en la que uno se encuentra.

Muchos desarrolladores, señala, no fallan por falta de talento sino por desalineación estratégica. Y corregir eso no requiere cambiar de profesión, sino cambiar de enfoque