En Colombia, las mujeres continúan percibiendo ingresos inferiores a los de los hombres, incluso cuando cuentan con empleos formales. En Cali, por ejemplo, el ingreso laboral promedio mensual de las mujeres en 2025 fue 15% menor que el de los hombres. Esta diferencia va más allá de una cifra, ya que refleja desigualdades que atraviesan tanto su vida laboral como personal.

Un análisis conjunto del Observatorio para la Equidad de las Mujeres, la Universidad Icesi, la Fundación WWB Colombia y el programa Cali Cómo Vamos evidencia que esta brecha de ingresos está directamente asociada a dos factores estructurales: las dificultades para acceder a empleos formales y la alta carga de trabajo de cuidado no remunerado que asumen las mujeres.

Aunque la participación femenina en el mercado laboral ha aumentado, sigue siendo menor que la de los hombres. En 2025, 56 de cada 100 mujeres en edad de trabajar estaban activas laboralmente, frente a 74 de cada 100 hombres. Además, al conseguir empleo, ellas enfrentan mayores tasas de desempleo y condiciones más inestables.

Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos, señala que estas diferencias no son marginales. “Las brechas se amplían especialmente entre las mujeres jóvenes, donde el desempleo es significativamente mayor que en los hombres, lo que impacta sus trayectorias laborales desde el inicio. Adicionalmente, la última información del Dane evidencia un aumento en la brecha de género en la tasa de desempleo. Entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, las mujeres registraron una tasa de desempleo 2,8 % superior a la de los hombres (10,5 % vs. 7,7 %), mientras que entre diciembre de 2024 y febrero de 2025 la brecha fue de 1% (11,3 % vs. 10,3 %), lo que demuestra la persistencia de esta problemática”, explica.

La brecha de género se mantiene en Colombia. | Foto: El País

Menos ingresos, menos autonomía

Percibir menores ingresos no solo implica contar con menos recursos, sino también con menor capacidad de decisión. Cuando los ingresos son bajos o inestables, disminuyen las posibilidades de independencia económica y de proyectar el futuro.

Para Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres, este es un punto clave del problema. “Existen brechas muy marcadas en la contratación de mujeres, pero también observamos que el mercado laboral termina expulsándolas. En un periodo de 10 años, una mujer puede resultar obsoleta para las organizaciones, en parte porque no logra conciliar el trabajo de cuidado con el trabajo productivo”, advierte.

Estas condiciones se acumulan con el tiempo. En la vejez, por ejemplo, siete de cada diez mujeres no están pensionadas ni cotizando, una proporción superior a la de los hombres. Esto refleja trayectorias laborales más fragmentadas y con menor acceso a la protección social.

El cuidado: el trabajo que no se paga

Detrás de la brecha salarial hay una realidad cotidiana: las mujeres dedican más horas al trabajo, aunque no todas se reconozcan como tal. En Colombia, el trabajo de cuidado no remunerado, como cocinar, limpiar o cuidar a otras personas, representa el 19,6 % del PIB nacional y recae principalmente en ellas.

Soraya Husain, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia, señala que esta carga tiene efectos directos. “Para las mujeres, las brechas son amplias. Es fundamental avanzar en el cambio de roles de género para que puedan acceder a recursos propios y a la inclusión financiera, y para que las labores de cuidado se asuman de manera corresponsable”, afirma.

En promedio, las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a estas actividades. Este uso desigual del tiempo limita su disponibilidad para trabajar, capacitarse o asumir empleos de tiempo completo.

Las mujeres se ven afectadas laboralmente porque realizan labores de cuidado, un trabajo no remunerado. | Foto: CREADA CON IA

En Cali, 36 de cada 100 mujeres se dedican principalmente a oficios del hogar, frente a solo 7 de cada 100 hombres. Esto ayuda a explicar por qué menos mujeres logran insertarse en el mercado laboral formal o lo hacen en condiciones más precarias.

Las cifras evidencian que la brecha de ingresos no es un hecho aislado, sino el resultado de un sistema en el que el trabajo no se distribuye de manera equitativa.

“En este Día del Trabajo queremos recordar que la tarea como sociedad es construir y sostener entornos laborales que promuevan la soberanía económica de las mujeres. Está demostrado que una mujer con soberanía económica puede romper más fácilmente los ciclos de violencia. Hacer del mundo laboral un espacio más favorable para nosotras es clave para la movilidad social y el bienestar general de las mujeres”, concluye Lina Buchely.