El impacto económico del sismo del 10 de agosto empieza a mostrar una dimensión que va más allá de los daños físicos en los negocios del suroccidente colombiano. Más de 30. 000 empresas han reportado algún tipo de afectación en las zonas consultadas por la Línea de Afectación Empresarial de la Cámara de Comercio de Cali y Confecámaras. En Cali, el 63 % reporta daños críticos y el 39 % señala que no puede operar.
Pero hay una parte del impacto que resulta menos visible: un negocio puede seguir en pie y, aun así, haber perdido su capacidad de vender. Esa es una de las preguntas que buscó responder la Fundación WWB Colombia con la Radiografía de la emergencia: así afectó el sismo de 2026 a la población emprendedora, un ejercicio realizado a 4.000 personas emprendedoras de 147 municipios para identificar los efectos del sismo sobre sus negocios y los hogares que dependen de ellos.
Los resultados muestran que el 48,7 % reportó una disminución de las ventas y el 38 % una disminución en el flujo de clientes. También se registraron pérdidas de inventarios o insumos (20,9 %), dificultades para conseguir insumos (11,3 %) y daños en maquinaria y equipos (10,4 %).
La interrupción de la actividad también fue significativa: el 76,2 % de los negocios consultados no operaba con normalidad y el 47,1 % había detenido sus actividades. Sin embargo, solo el 11 % de los locales fue considerado inutilizable.
La diferencia permite entender una parte de la emergencia que puede quedar por fuera de los registros de daños físicos: la afectación económica puede mantenerse incluso cuando el establecimiento no ha quedado inutilizable.
Para Esneyder Cortés, director de Planeación y Estrategia de la Fundación WWB Colombia, este hallazgo permite identificar necesidades que van más allá de la recuperación de la infraestructura. “Lo que encontramos es que para muchas personas el problema no termina cuando pueden volver a entrar a su casa o abrir su negocio. Necesitan recuperar la posibilidad de vender, abastecerse y generar ingresos, mientras todavía enfrentan los efectos emocionales y familiares de la emergencia. Esa combinación es importante para pensar cómo acompañar la recuperación”.
Esta situación tiene una particularidad entre los micronegocios: el 71,6 % de las personas consultadas desarrolla su actividad productiva dentro de su vivienda. Cuando la casa es también taller, tienda, salón, cocina o espacio de producción, una afectación habitacional puede convertirse en una afectación productiva. La recuperación de un lugar puede depender de la recuperación del otro.
Una emprendedora de Cali describió así los daños en su vivienda: “En mi casa se separaron un poco algunas paredes de la columna, ladrillos flojos, algunas paredes flojas, caída del cemento de una parte de una columna, quiebre de un vidrio, se movió el techo, se corrieron las tejas dejando un espacio entre las paredes”.
En otro caso, la afectación obligó a cerrar el espacio de trabajo: “En el punto donde realizo producción y venta colapsaron algunas vigas y parte del techo se vino abajo con su estructura. El sitio permanece cerrado por seguridad y no se puede habitar, afectando directamente la producción y las ventas de mi negocio”.
La relación entre vivienda y negocio hace que la recuperación productiva tenga una condición adicional: poder volver a habitar y utilizar de manera segura el espacio donde se trabaja.
Impacto en los hogares
La reducción de la actividad económica también se refleja en las condiciones de los hogares. El 60,4 % de los hogares consultados tiene una limitación alta o moderada para cubrir sus gastos básicos. Para el 27,7 %, el emprendimiento ya no genera lo suficiente para cubrir lo esencial. Otro 32,7 % logra hacerlo, pero con dificultad y reduciendo otros gastos.
La alimentación también aparece entre las necesidades afectadas: el 11,7 % manifiesta necesitar apoyo alimentario, mientras el 8,3 % accede a alimentos mediante ayudas o comedores comunitarios.
A la presión económica se suma una dimensión emocional. El 81,4 % de las personas encuestadas dice estar alterada o muy afectada emocionalmente: “Nos falta paz y mucha tranquilidad, no podemos dormir en las noches, tenemos los nervios alterados, inestables totalmente, sentimos mucha angustia de estar dentro de la casa por temor a otra sacudida”, relató una emprendedora de Cali.
¿Qué necesitan los negocios?
Entre las principales necesidades identificadas, el 34,9 % de las personas consultadas señaló el capital para recuperar el negocio como prioridad. Le siguieron el acompañamiento psicosocial (22,5 %) y la adecuación de la vivienda (21,7 %). También fueron mencionadas la ayuda humanitaria (15,1 %) y la información y orientación (15 %).
Las respuestas muestran que estas necesidades están conectadas. Para quien trabaja desde su vivienda, recuperar el espacio de trabajo puede requerir primero resolver una condición habitacional; recuperar las ventas puede requerir capital para reponer inventario; y retomar la actividad puede ocurrir mientras persisten los efectos emocionales de la emergencia.
La experiencia internacional frente a desastres muestra que la recuperación de los medios de vida hace parte de la recuperación de las comunidades. En distintos contextos, el Banco Mundial ha documentado las dificultades que enfrentan los hogares de menores ingresos y los pequeños negocios para absorber pérdidas y periodos prolongados de reducción de ingresos, y la importancia de combinar la reconstrucción física con medidas para recuperar las actividades productivas.
En esa línea, el diagnóstico de la Fundación propone combinar capital de trabajo con asistencia técnica, recuperación de conexiones con clientes y mercados, fortalecimiento de redes locales de abastecimiento y acompañamiento territorial y psicosocial. Para quienes tienen su negocio dentro de la vivienda, plantea además considerar la adecuación habitacional como parte de la recuperación productiva.
La primera fotografía de la emergencia permite saber cuántos negocios resultaron afectados. La siguiente pregunta es qué ocurre con ellos después del impacto y qué necesitan para recuperar su capacidad de generar ingresos.
Para muchos pequeños negocios, esa recuperación tendrá una señal concreta: volver a producir, recuperar clientes y volver a vender.