El torneo más grande del fútbol mundial llega con un adversario que no aparece en ningún sorteo: el calor. México, Estados Unidos y Canadá recibirán el Mundial de 2026 en pleno verano del hemisferio norte, y los pronósticos climáticos ya generan preocupación entre organizadores, selecciones y el sindicato mundial de futbolistas.
Según un análisis del World Weather Attribution, un 25 % de los 104 partidos del torneo se disputarán con temperaturas que superan los niveles recomendados para jugar de forma segura. Eso equivale a 26 encuentros en condiciones comprometidas, de los cuales al menos cinco se jugarían con un índice WBGT, que combina calor y humedad para medir la capacidad del cuerpo de regular su temperatura, de 28 grados.
En términos concretos, ese umbral equivale a 38 grados con calor seco o 30 grados con alta humedad. Niveles que FIFPRO, el sindicato mundial de futbolistas, considera directamente inseguros para la práctica deportiva.
Por qué esta vez no hay cambio de fecha
Lo que ocurrió en Qatar 2022, el torneo se movió a diciembre por las temperaturas imposibles del Golfo Pérsico, no se repetirá. El Mundial de 2026 mantendrá su ventana tradicional de junio a agosto, coincidiendo con el parón de las ligas europeas. Esa decisión, sin embargo, deja expuestos a jugadores y aficionados a condiciones que la ciencia ya señala como un problema real.
Joyce Kimutai, investigadora del Imperial College de Londres, advirtió que el cambio climático ha incrementado el riesgo respecto al último Mundial jugado en territorio estadounidense. “Es un riesgo real enfrentar partidos en condiciones que no son seguras ni para jugadores ni para la gente en las tribunas”, señaló la científica.
El cuerpo paga la factura del calor
El calor extremo no es solo incomodidad: tiene efectos medibles sobre el rendimiento. El organismo destina energía adicional a regular la temperatura corporal, lo que reduce la capacidad física y eleva el riesgo de deshidratación, calambres y golpes de calor. Ese desgaste invisible puede definir partidos.
La infraestructura disponible agrava el panorama: solo tres de los estadios del torneo cuentan con refrigeración interna. El resto de las sedes dependerá de pausas de hidratación, ajustes en los horarios de los partidos y protocolos de emergencia.
FIFPRO exige garantías antes de que ruede el balón
El sindicato de futbolistas ya tomó posición. FIFPRO le solicitó a FIFA protocolos claros que incluyan sistemas de enfriamiento accesibles para los jugadores, posibilidad de cambiar horarios de partidos según las condiciones climáticas del día, y mecanismos de suspensión cuando el riesgo para la salud sea elevado.
La presión del gremio apunta a que las medidas queden establecidas antes del inicio del torneo, no como respuesta a una emergencia durante la competencia.
*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.