El territorio para los misak no solo es un espacio físico, para este pueblo indígena colombiano la tierra también está hecha de palabras, las formas propias de nombrar el mundo —sonidos y grafías— que conservan desde hace siglos como un regalo sagrado de la naturaleza.
“Nuestra lengua es nuestro propio espíritu, si dejamos de hablar en misak, dejamos de ser misak. Apreciemos nuestra lengua para mantenerla viva por siempre”, expresa la maestra y lingüista Bárbara Muelas Hurtado, en un discurso sobre el namtrik o namui wam, que a nivel popular se conoce como el idioma guambiano.
Su comprensión de la lengua nativa es de un arraigo absoluto, por lo que la lucha territorial del pueblo misak se libra al mismo tiempo en dos campos: el geográfico y el lingüístico. En este sentido, los misak bien podrían afirmar, como el filósofo rumano Émile Cioran, que “no se habita un país, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más”.
Mamá Bárbara, como la llaman todos en el Resguardo de Guambia (Wambia), ubicado en Silvia, departamento del Cauca, tiene 81 años y es considerada por su comunidad una gran chimán y øskøwampik, “la guardiana de la lengua”, puesto que dedicó la mayor parte de su vida a preservar, estudiar y difundir el namtrik dentro de su propio pueblo, para que no lo olviden las viejas generaciones y no lo abandonen las nuevas, y a todo el mundo para que descubran la belleza, el conocimiento ancestral y la espiritualidad que tiene este idioma.
Desde la infancia, Bárbara tuvo que luchar para que no la desalojaran de su propia lengua, “fue muy difícil entrar a la escuela y tener que aprender otra lengua, el castellano, que me decían era el que servía, nos obligaron a despreciar nuestra lengua materna”, cuenta.
No desistió, aprendió español y adoptó como causa propia la protección del namtrik, formándose como maestra y luego especializándose en lingüística por la Universidad del Valle, convirtiéndose así en una de las primeras mujeres misak profesionales.
En 1991, fue escogida por las autoridades de su comunidad para traducir al namtrik los capítulos referentes a los pueblos indígenas, de la Constitución Nacional recién creada en Colombia, fue una tarea trascendental que lideró en cuestión de 10 meses junto con un equipo de maestros misak, y un abogado.
Después comenzó una tarea aún más ambiciosa, crear el primer diccionario namtrik-español, un documento que concentre —como una fuente manantial— toda la riqueza de su lengua materna.
Debido a su rigurosa labor formando este vocabulario autóctono, conservando la memoria ancestral y haciendo evolucionar su propio sistema lingüístico para que pueda ser empleado en el mundo actual, la maestra fue reconocida en 2024 como la primera mujer indígena miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.
Aceptó la distinción como un estímulo más para continuar su trabajo. Hoy sigue reuniéndose a diario en su oficina, con su equipo de maestros misak, entre ellos su propio hijo, para concluir su gran obra, el legado que dejará a las nuevas generaciones y a la humanidad.
Sin duda, Bárbara Muelas Hurtado es una de las grandes invitadas al Festival Internacional del Libro y la Cultura de Cali (CaliLee 2026), donde estuvo compartiendo los avances de su diccionario. El evento con la lingüista misak se realizó en la carpa de la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, ubicada en el Parque La Retreta, frente al CAM.
En diálogo desde Guambia, la maestra nos enseña un poco de la poesía pura que mana de la lengua nativa misak.
—¿Cómo es la historia de la lengua namtrik?
La nuestra es una lengua milenaria, los misak somos hijos del agua y nuestra lengua fluyó desde allí. Cuando nosotros decimos namtrik, decimos “nuestra boca”, cuando nosotros decimos namui wam decimos “nuestro sonido”; así nos referimos a nuestra lengua.
Desde que nacemos aprendemos que la lengua está en la naturaleza, porque para nosotros la naturaleza provee todo, también las palabras. En la naturaleza uno se encuentra los verbos, los sustantivos, los nombres, todo eso que forma la lengua materna, y con el tiempo todo va organizándose en su propia gramática.
—Las 65 lenguas nativas de Colombia están en riesgo, algunas más que otras, ¿cuál es la situación de la lengua namtrik?
Está en riesgo en parte debido a que la niñez y la juventud en los últimos años han salido de las comunidad hacia las ciudades para escuelas y universidades donde todo lo aprenden en castellano, allá no hay profesores bilingües. Su lengua materna va quedando en desuso, sin práctica en la cotidianidad, ellos a la larga corren el riesgo de irla olvidando. Por eso es importante aplicar el Auto 004 de 2009 emitido por la Corte Constitucional para salvaguardar a los pueblos indígenas del exterminio físico y cultural, lo que incluye nuestras lenguas nativas.
—¿Las nuevas generaciones del pueblo misak terminan abandonando su lengua materna?
Sí, porque para poder aprender otra lengua tiene que abandonar una, aunque no totalmente; uno siempre sabe la lengua propia, entiende el contexto desde ella. Pero como uno se ve obligada a aprender otra lengua, desde la niñez, cuando nos mandan a la escuela y nos imponen el español, aprendemos a ser bilingües, pero de una forma desigual, nuestra propia lengua queda como algo secundario.
El deber que yo elegí fue trabajar para conservar la lengua namtrik y que sea reconocida como un idioma tan valioso como el español, porque es un sistema de conocimiento ancestral que mantenemos vivo y nos permite habitar el territorio con nuestra propia esencia.
Es una lengua que se comporta de otra manera, que responde a nuestra forma de vida y pensamiento, eso se puede notar en que el namtrik no tiene artículos; nosotros nombramos las cosas en campos semánticos, algo totalmente diferente que hace parte de la riqueza cultural propia. Es muy importante que podamos seguir aprendiéndola, escribirla y hablarla para que se desarrolle aún más con el tiempo.
—¿Como lingüista qué otras diferencias encontró entre el namtrik y el español?
Como mencionada, nosotros llamamos las cosas sin artículos como las y los, femenino o masculino. No decimos las casas, los árboles, decimos casas, árboles... Tampoco tenemos la vocal O, en vez esa tenemos otra que es la Ø, que se pronuncia muy diferente, pero sí tenemos fonemas que pueden adaptarse al español como las otras vocales A E I U. Y tenemos muchos otros sonidos que coinciden con los de las consonantes, y otros diferentes que no existen en castellano, los cuales representamos gráficamente usando dos letras: tr, sr, sh y ts.
—¿Cómo surgió la necesidad de hacer un diccionario namtrik-español?
Desde que yo era maestra empecé a buscar palabras y guardarlas, nombres de plantas, cosas de nuestro entorno, ideas, y luego fueron tantas que me pareció necesario guardarlas en un diccionario, algo que contuviera toda esa memoria de nuestro pueblo, y para que los muchachos de nuestra comunicad y gente de todo el mundo, investigadores, tengan un lugar donde conocerse y conocernos, porque me gustaría que el namtrik fuera una lengua también para otros que quieran aprenderla.
Ya llevamos más de 2000 palabras, avanzamos mucho también en el diseño, porque es muy importante la parte gráfica, debido a que será un diccionario diferente, no tendrá un orden alfabético como se acostumbra, sino que estará organizado en campos semánticos.
Venimos trabajando a diario con un grupo de seis personas, entre maestros misak, un revitalizador de la lengua, un ingeniero de sistemas, una diseñadora y un dibujante, porque necesitamos reforzar las definiciones con dibujos. Aquí en Silvia nos reunimos para crear las palabras nuevas o neologismos, palabras que nacen de la naturaleza y no teníamos, ya que antes no hacían parte de nuestra cotidianidad, pero conforme todo evoluciona esta lengua permite nombrar cosas del presente.
Por ejemplo, la palabra avión que no existía en nuestra lengua, la gente no tenía necesidad de usarla. Entonces, nosotros formamos este neologismo partiendo de dos palabras en namtrik: tsantsøn, que significa “hierro”, e illi, que significa “pájaro”. Al combinarse, ambas palabras se contraen y dan origen a tsailli: “pájaro de hierro”. Y esto tiene relación con la palabra avión que en castellano también viene de ave.
Así como tsailli, hemos creado otras para decir la bicicleta, moto, carro, muchas cosas del mundo de hoy. Es un esfuerzo muy grande y complicado hacer un diccionario bilingüe, no es solo definir, hay que hacer doble interpretación en cada palabra, pero vamos avanzando.
—¿Hay algún concepto del namtrik que llevaron al español por primera vez para que se comprendiera su contexto cultural?
Propios de nuestra lengua son muchos, por ejemplo, para el nombre del sombrero de fibra que usamos las mujeres misak tuvimos que explicar el sentido la palabra. Nosotros lo llamamos tambalwarí, y esa palabra se refiere a una interpretación muy propia de nuestro pueblo, porque para nosotros el sombrero es como la cresta de los pájaros o la de un gallo, y la palabra para cresta es tambalwarí. Así que es la misma palabra, pero en una de sus acepciones se refiere a lo que en español es sombrero.
—Debido a este trabajo de preservación del namtrik ahora es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, ¿qué importancia tiene ser la primera mujer indígena en pertenecer a esta institución que viene de la Colonia?
En primer lugar fue un honor recibir ese galardón de la Academia, pero su mayor importancia es que no lo recibí solamente para mí, esto significó abrirle una puerta a las comunidades indígenas que están luchando por conservar su herencia lingüística, hablando y escribiendo en este momento con sus lenguas nativas, que quieren hacer mucho para que no desaparezcan, y estos reconocimientos ayudan a rescatar y visibilizar estos procesos.
Nosotros con un grupo de maestros veníamos desde hace muchos años realizando publicaciones, unas solamente en namtrik, otras en español, para difundir nuestra lengua y dejar por escrito ese legado. Entre esos, la traducción de algunos fragmentos sobre los derechos de los pueblos indígenas de la Constitución de 1991.
Esos trabajos comenzaron a llamar la atención de investigadores y de la misma Academia Colombiana de la Lengua que encontró valioso nuestro aporte. Ahora espero que las nuevas generaciones valoren también el namtrik, que sientan orgullo por su lengua.
—¿Cuál fue su motivación para estudiar lingüística?
Por un lado era un proyecto personal, algo que me había prometido superar. Por otro lado, sentía la necesidad de comprender a un nivel más técnico la lengua propia y escribirla con más propiedad, sobre todo para enseñar a los niños de la mejor manera. Así que un sueño personal y una motivación por la comunidad se juntaron allí.
—¿Cómo fue la experiencia de haber dirigido la traducción de los apartes relacionados con los pueblos indígenas de la Constitución del 91?
Una gran responsabilidad que me tocó asumir cuando aún no había terminado la carrera de lingüística, no me había graduado, pero las autoridades de mi comunidad me insistieron en que yo debía hacer esa traducción, porque no había otra persona más preparada en el pueblo misak. Sí habían muchos lingüistas de afuera, pero ellos querían que lo dirigiera alguien nativo, que conociera la lengua desde su nacimiento.
Así que formamos un grupo con profesores misak que colaboraron, y nos reunimos con un abogado, que interpretaba lo que decía cada artículo, explicaba en detalle a qué se refería, y nosotros procedíamos a buscar una manera de ponerlo en nuestra lengua.
Algunos términos y conceptos exigieron que inventáramos neologismos, este lenguaje técnico no existía en el vocabulario namtrik, pero tampoco era inventar por inventar, las palabras debían tener un contexto, una relación con nuestro mundo y una lógica.
Escribíamos y debatíamos, pensábamos mucho y repetíamos las palabras para escucharlas, hasta que llegábamos a un consenso de cómo iba a ser escrita y pronunciada. Recuerdo mucho la palabra “minería”, un acto que nosotros no manejamos en nuestra lengua, nosotros no concebimos lo que son minas de oro o yacimientos de petróleo, lo más cercano que tenemos es el balastro que sacamos del río.
Tuvimos que crear el neologismo a partir de tres palabras en namtrik: Pirø, que significa “tierra”; ann, que significa “economía”; y srøl, que significa “venas de la tierra”. Al combinarse, estos términos se contraen y dieron origen a piransrøl, el equivalente de minería. Quedó bonita y a todos les gustó, a las autoridades misak y a los maestros.
—En algún momento lamentó la vergüenza que sentían las nuevas generaciones por su lengua nativa. No obstante, hoy encontramos jóvenes profesionales misak: abogados, periodistas, médicos, sociólogos, incluso escritores y poetas, que reivindican el namtrik. ¿Considera que ha cambiado la percepción sobre las lenguas indígenas?
Antes se creía que como esta lengua es de una minoría a lo mejor no servía, nos decían que la lengua poderosa era el español, porque era la lengua cristiana y estábamos obligados aprenderla y dejar la nuestra. La escuela ayudó mucho en eso, porque si hablábamos en namtrik se burlaban, eso hacía que sintiéramos vergüenza, o nos decían que no sabíamos hablar bien el español.
Mucha gente misak creció con esa idea en la mente, cargando con el complejo de no querer hablar con nuestras palabras, pero resulta que todos nosotros somos bilingües y aprendemos a hablar muy bien los dos idiomas, lo que nos permite integrarnos al mundo sin perder la conexión con nuestra cultura. De hecho, ya tenemos jóvenes que han empezado a aprender inglés.
Antes algunos podían sentir vergüenza, pero en este momento ya no, creo que lo hemos superado, porque a pesar de que no sea el idioma más poderoso, el namtrik tiene una riqueza y belleza propia. Para nosotros es un motivo de orgullo y yo sueño que también toda Colombia se sienta así.
Eso también pasaba porque en mi tiempo tuve dificultades para estudiar y acceder a la educación superior, pero hoy las mujeres misak tienen muchas oportunidades para formarse. La mayoría llegan a ser profesionales en áreas distintas: licenciadas, abogadas, médicas.
Esto no quiere decir que no haya riesgos, algunas familias misak abandonaron el namtrik y solamente hablan castellano, y enseñaron solo este idioma a sus hijos, pensando que lo nuestro no sirve. Precisamente por eso es importante el diccionario, ya que ellos podrían recuperar su lengua nativa y comenzar a adoptar el vocabulario que allí está conservado, el diccionario está pensado para los que quieren aprenderlo, o en este caso para los que quieren recuperarlo.
—¿Cuáles son las palabras o frases en su lengua materna que considera más bellas?
Una sería, por ejemplo, el saludo que damos por la mañana, decimo Ka kualmake?, eso es algo que suena bonito y quiere decir: “¿Cómo amanecieron?”. Todos los días la repetimos con los niños y todos los que nos encontramos.
Hay muchas palabras bonitas, de tantas hay una que me gusta mucho, es otro saludo o una pregunta: Munasrøn kutre atruku?, que en su traducción literal sería como “¿De qué infinidad vienes?”.
Esto se debe a que antiguamente nuestro pueblo caminaba mucho, grandes distancias, hemos sido caminantes, y en el encuentro con otra persona era común preguntar “¿De dónde vienes?”, pero sabiendo que siempre venían de lejanías, por eso lo de infinidad. De esta forma la otra persona contaba su relato de viaje, porque antes eran caminatas de meses, los misak caminaron por todo el continente, y al encontrarse tenían una historia para compartir.