Pocast literario Que Vivan los Libros

Mauricio es Doctor en Ciencia Política de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, y Doctor Honoris Causa de la Escuela Normal Superior de París-Saclay, Francia. Profesor afiliado del Instituto de Estudios Jurídicos de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, y del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Grenoble, Francia. Entre muchos otros es investigador, columnista y escritor.

En su más reciente libro, ‘Antes de perder el juicio’, expresa su preocupación porque los adolescentes son, hoy por hoy, muy vulnerables a la información falsa, radical o inmoral que abunda en las redes sociales, lo que incide en las cifras de depresión y suicidio.

Mientras los adultos no nos quedamos atrás: “No están libres del engaño que viene de la propaganda, de las teorías conspirativas y, en general, de la información amañada que circula hoy por todas partes”. Añade que, por tal avalancha, hoy las democracias están amenazadas e invita a entrenar virtudes que sirven para proteger la mente: la conversación, la racionalidad, la lectura, la duda, la honestidad intelectual, entre otras.

Su libro ‘Antes de perder el juicio’ nos viene a todos como anillo al dedo en estos tiempos electorales, en los que estamos casi que perdiendo el juicio con todo lo que está pasando en redes, la desinformación y las emociones que nublan el juicio.

El libro es sobre el mundo en el que estamos viviendo y sobre la manera como estamos informándonos. Cómo estamos reaccionando ante lo que hacen los demás y cómo nos estamos comunicando con los otros. Y tiene mucho que ver con la tecnología. La tecnología transforma las sociedades: cuando llegó la imprenta en el siglo XV las sociedades cambiaron. Hoy sabemos que el mundo va a ser distinto en unos años, pero no qué reglas tendrá. El mundo anterior tiene unas reglas que ya son anacrónicas, vamos en ese proceso de transición e incertidumbre. Y estamos muy confundidos.

El cerebro humano, que por siglos evolucionó a su ritmo, ha estado sometido en los últimos 20 años a la aparición de numerosas tecnologías, inteligencia artificial, redes sociales. La velocidad del clic, del algoritmo, de los datos, ¿cómo afecta nuestra mente?

Sí, el cerebro humano no evoluciona rápidamente. El ser humano apareció hace muy poco en la historia de la evolución. Si metemos toda la historia de la evolución en un año, el Homo Sapiens apareció en los últimos quince segundos. Y en el último segundo hemos transformado el mundo hasta poner en tela de juicio su viabilidad. Nuestro cerebro es de la época de los cazadores recolectores, por eso nos gusta tanto el azúcar, porque en esa época el azúcar era muy escasa y el cerebro nos indica que si encontramos azúcar vayamos tras ella y consumamos la mayor cantidad posible. Tenemos un cerebro de hace 15.000 años, instituciones de hace tres siglos, y tecnología de la semana pasada o de esta mañana. Esa disociación trifásica es la que nos tiene en problemas. La gran pregunta es si vamos a ser capaces de superar los desafíos, porque esta época de algoritmos está acabando incluso con la Democracia y no sabemos si vamos a ser capaces de superarlo antes de que haya una tragedia.

Antes de Perder el Juicio, libro de Mauricio García Villegas. | Foto: El País

¿Qué está pasando con nuestras emociones?

Las emociones son fundamentales. No se trata de suprimir las emociones, ni mucho menos, pero lo que estamos viviendo hoy es un mundo con muy pocas reglas, estamos desmontando las reglas del Estado de Derecho y abrazando los populismos. El populismo, por definición, es un régimen político que se libera de las reglas. El mundo se ha vuelto emotivo, sentimental, incluso melindroso. Entonces ponerse a sí mismo en tela de juicio es algo muy importante.

Hablas también del sesgo de confirmación, por el cual no nos interesa la verdad sino confirmar lo que ya creemos. Peligroso, ¿no?

Los sesgos son abismos del pensamiento, que nos hacen deslizar por el lado de lo irracional. Se han detectado más de 250 sesgos pero hay algunos muy famosos, como el sesgo de confirmación. Y es que los seres humanos, por lo general, estamos a la búsqueda de aquello que confirma lo que ya creemos. No buscamos lo verdadero sino confirmar lo que ya creemos. Pero hay otro sesgo típico de las campañas electorales y se llama: error fundamental de atribución.

¿En qué consiste?

En nunca reconocer méritos en los ajenos. Y siempre atribuirnos nosotros lo meritorio. Es muy importante ser consciente de ese sesgo, para no caer en algo que es muy común y muy frecuente en las redes sociales: creer que nuestros enemigos son depositarios de todos los males y de todos los vicios. Mientras que nosotros, los nuestros, los de nuestro partido, los de nuestra Iglesia, nuestros los de nuestro grupo, somos depositarios de todas las virtudes.

"Hay un número creciente de pensadores, entre ellos Harari, que piensan que líderes sin escrúpulos morales, acompañados de hordas digitales animadas por la rabia y el resentimiento, pueden hackear nuestro cerebro y llevarlo a pensar que lo falso es verdadero y lo malo es bueno”, dice Mauricio García Villegas. | Foto: Foto: Penguin Random House / cedida a El País

El cerebro humano todavía tiene esos rasgos tribales. Lo que estás describiendo es la tribu.

Hay una famosa ley de Heródoto, el famoso historiador de la antigüedad, que decía: Yo confío en mi familia. Confío un poco menos en mis vecinos. Confío un poco menos en los vecinos de mis vecinos. Confío mucho menos en los vecinos de mis vecinos de mis vecinos.

Y bueno, si tiene otro color de piel o tiene otra religión, en ese no confío nada. Eso tiene que ver con la Teoría del Contacto: el mejor camino para que una sociedad supere sus diferencias es exponiendo a todo el mundo al contacto. Que fue un poco lo que hizo Mandela: llamaba a sus enemigos, los invitaba a su casa, él mismo les servía té y les ofrecía galletas. Y los ponía a conversar. Incluso durante la prisión: lo primero que hizo Mandela fue aprender la lengua de sus enemigos. El afrikáaners. La lengua que no era de él. ¿Por qué? Porque él tenía que conocerlos. No para atacarlos mejor, sino para entenderlos.

¿Qué nos tiene tan divididos?

Yo creo que uno de los grandes problemas que tenemos en Colombia es la educación monoclasista. En donde los ricos estudian por un lado, los pobres estudian por otro lado, y cada uno recibe una calidad distinta. Los ricos reciben muy buena calidad de educación y los pobres, muy mala o muy mediocre. Y eso es fatal para una sociedad. Lo que haces es ahondar los conflictos sociales. Lo que haces es fracturar y romper aún más a la sociedad. Entonces necesitamos contacto, necesitamos conversación, necesitamos diálogo. Eso que llaman diálogos improbables: diálogo entre gente que piensa muy distinto.

En el libro también se habla de otro sesgo y es el de simplificación.

Es un sesgo típico que los académicos lo conocemos muy bien y que las redes sociales lo explotan. La mente humana prefiere lo simple, así sea falso. Nos encantan las cosas que son de una sola pieza y que son contundentes. Y sobre todo, las cosas en donde hay una división entre buenos y malos: los buenos de mi lado y los malos del otro lado. Esas cosas son muy atractivas para la mente humana. Y los maniqueos se van por ahí. Es la mente humana, que no tiene la paciencia. Y por eso es que en las campañas electorales, y en las redes sociales lo que domina son las opiniones contundentes de una sola pieza y lapidarias. En cambio, para ser racional y razonable hay que hacer un esfuerzo, hay que ser disciplinado, hay que estudiar, hay que leer, hay que investigar, hay que conversar con otros. El facilismo y lo inmediato de las redes sociales son un chorrito de dopamina, un neurotransmisor que nos da placer. Ser racional, en cambio, no da ningún placer.

Habla mucho sobre los sofistas, ¿por qué?

Cuando a mí me preguntaron, ¿cuál es la razón fundamental del libro? Yo dije que la principal es el tremendo e imparable auge de los charlatanes. Charlatanes siempre ha habido, dicen que no hay verdad, que la realidad no existe y que, si la realidad existe, no se puede explicar. Pero los sofistas han adquirido una capacidad enorme con las redes sociales. Es decir, con la tecnología que tenemos hoy en día los sofistas tienen grandes audiencias para sus disparates.

¿Cómo afecta a la democracia?

Los que más participan en las redes sociales son los radicales. Porque los razonables se cansan, se fastidian con esa algarabía, y salen. Entonces las redes sociales están siendo monopolizadas por mensajes extremos, por eso las opiniones moderadas y matizadas no tienen una oportunidad allí. La democracia está en peligro porque estamos eligiendo presidentes con base en las opiniones de las redes sociales y del espectro de las redes sociales, y no el espectro de la realidad. O sea, la democracia ya no responde a la voluntad del pueblo, sino a la voluntad del pueblo que participa en las redes. Que no es el mismo pueblo de la realidad. Es muy probable que pase lo mismo en Colombia.

En tu libro ‘El país de las emociones tristes’ propusiste que se diera educación sobre las emociones a los niños en los colegios…

A los jóvenes de secundaria deberían enseñarles sesgos cognitivos, como les enseñan matemáticas, español o ciencias sociales, es decir, durante 5 o 6 años. Los sesgos sociales se pueden enseñar de manera grupal, con talleres y con juegos. Hay que inculcarle al niño humildad cognitiva, es decir, que no se las sabe todas. Que dude de sí mismo. Que sentir una cosa con mucha convicción no significa que sea verdadera. Que analice, dude, sopese, converse, investigue y lea más.

Dices que vivimos en el mundo de los agitadores emocionales

No de agitadores de ideas, sino de agitadores de emociones. Estamos en un mundo que venera la irracionalidad. La racionalidad es una cosa en la que tenemos que perseverar. Es una cosa en la que todos los días hay que hacer esfuerzos. Es una cosa que a veces se alcanza y a veces no se alcanza. Pero el hecho de que en ocasiones la perdamos de vista no quiere decir que debamos renunciar, sino que tenemos que seguir haciendo un esfuerzo por ella. Toda militancia debe estar acompañada de autocrítica.

LA FRASE

“Hay un número creciente de pensadores, entre ellos Harari, que piensan que líderes sin escrúpulos morales, acompañados de hordas digitales animadas por la rabia y el resentimiento, pueden hackear nuestro cerebro y llevarlo a pensar que lo falso es verdadero y lo malo es bueno”.