Todos saben que el fútbol es mucho más que un deporte, como afirmó John Carlin, “el fútbol da respuestas para todo, es algo shakesperiano”, una metáfora del mundo y de la vida. Cada partido, cada mundial, cada gol, cada triunfo y cada derrota de nuestro equipo, es un capítulo en la biografía de cada persona y —aunque lo experimentamos en colectivo— representa algo único.

A Nicolás Samper Camargo, periodista y escritor deportivo, el glorioso gol de Freddy Rincón ante Alemania, en la Copa Mundial de Fútbol Italia 1990, no representó solo la dignidad de un empate, para él fue un momento de completa cercanía con su padre y una amorosa despedida.

“Yo tenía 13 años y en esa época los padres eran muy distantes, era otro tipo de crianza. Ya mi papá estaba agonizante y ese día, cuando Rincón mete el gol, él y yo nos abrazamos, cosa que nunca ocurría. Ese fue como el último gran abrazo que nos dimos. A mi papá no le gustaba el fútbol, pero él me vio tan emocionado por cuenta del gol que aprovechó para abrazarme. Supongo que para él fue el mejor momento para hacerlo, porque darle un abrazo a otro hombre en otra circunstancia, desde su concepción de la masculinidad, podía ser considerado como afeminado. Pero la alegría de ese gol de la Selección Colombia le permitió abrirse emocionalmente conmigo, en un abrazo que tenía todo el amor del mundo”, cuenta Nicolás.

"Cuando vivimos un partido experimentamos muchas emociones y vemos demasiadas cosas al tiempo, por eso, cuando leemos el relato descubrimos nuevos detalles y revivimos el momento con más profundidad”, Nicolás Samper Camargo. | Foto: Penguin Random House

Por eso, creció con dos grandes afectos en su corazón, el de su padre y el fútbol, de modo que cuando comenzó a ejercer el periodismo deportivo tenía claro que “nunca se habla solo de deporte”, que más allá de las cifras, hay un gol, un triunfo o una derrota que marcó para siempre nuestras vidas.

Su sensibilidad lo llevó a coleccionar cientos de anécdotas futboleras que una y otras vez evidencian que este deporte es un teatro de lo humano donde todo es posible, como que un arquero fuera declarado muerto en la cancha, después de tapar un balonazo con el pecho, y al otro día resucitar como por milagro divino.

Entre todas estas anécdotas, que comprobó fueran reales, Nicolás Samper Camargo seleccionó 33 y las escribió con su magistral estilo, riguroso y literario, en ‘El arquero que murió en la cancha y otras historias asombrosas del fútbol’, libro publicado días antes de que iniciara la Copa Mundial de Fútbol FIFA 2026.

—¿Por qué escribir sobre los hechos curiosos y que pasan desapercibidos en los grandes relatos del fútbol?

Yo defiendo profundamente que los relatos y lo anecdótico son mucho más importantes que el dato. Siempre pongo el ejemplo de que cuando uno se hizo hincha del club que a uno le gusta, esa posibilidad que puede ocurrir en la infancia o incluso ya mayor, se da por ciertos relatos en torno al equipo, a los jugadores que estuvieron ahí, y por aquellas hazañas que lograron.

Yo no conozco al primero que se haya hecho hincha del Real Madrid porque Kylian Mbappé corrió 11,5 km en un partido, o hincha del Fenerbahçe de Turquía porque en N’Golo Kanté recuperó 64 pelotas durante el 90 minutos. O sea, los datos son importantes como un respaldo de los relatos, pero no son el relato. Ahí voy un poco en contravía con lo que se habla ahora de que el dato es más importante. Al menos hago parte de la oposición a esa tendencia, porque entiendo que el relato, contar las hazañas o las curiosidades, las cosas raras, generan mucha más cercanía con el deporte que los fríos números.

—Los partidos de fútbol ahora son narrados más enfocados en cifras y números, a veces es una descripción casi mecánica del juego...

Es una obsesión por las cifras, tal vez porque vivimos en tiempos de eso, de los clics y las estadísticas, de número de vistas, de una cantidad de palabras ridículas que no hacen sino convertir todo en una especie de máquina creadora de salchichas.

Yo pienso que el relato es una cosa más íntima, porque todos tenemos nuestro propio relato de vida. Tú tienes tu propio relato de vida. Yo tengo mi propio relato de vida, pero si yo reduzco mi relato de vida a números me deshumanizo, es decir, yo no me defino por tener 49 años y haber nacido en Bogotá, tener cierto trabajo, ingresos, etc. ¿Qué clase de vida miserable es esa?

"A nosotros nos enseñaron que hay algo que debe tener siempre el periodista, yo creo que el ser humano, que es el sentido de observación, y para narrar el fútbol siempre hay que ver más allá del juego”, Nicolás Samper Camargo. | Foto: Sergio Bejarano

Pero si uno comienza a contar qué le ha pasado, que hizo esto y aquello, que vivió esto, estuvo en tal momento, conoció, viajó... Ahí uno construye un relato interesante, como en un acto teatral, porque la vida es eso, y el fútbol contado desde esa perspectiva también es un teatro.

Y, algo que me parece maravilloso, es que la vida de los jugadores que admiramos también termina siendo un acto de nuestras propias vidas, sus logros y sus historias terminan metiéndose en la nuestra, inspirándonos y también dando lecciones, incluso sabiduría.

Por eso sí soy un convencido de que las historias son lo más lindo que uno pueda encontrar y explorar a lo largo de cualquier disciplina, no solo del fútbol, sino de cualquier otra.

—¿De dónde proviene su estilo para narrar estas historias futboleras?

A mí me crio mucho, en términos de escritura, porque fue como lo primero realmente estructurado que leí en deportes en mi vida, las sección deportiva de revistas, pero a la hora de escribir sobre fútbol, yo me eduqué con El Gráfico de Argentina. Para mí fue como esa escuela en la adolescencia, donde yo leía cosas emocionantes que a veces no podía entender y, entonces, me tocaba ir a los libros para entender qué eran.

Si los periodistas deportivos hacían una referencia sobre Bukowski, entonces uno decía, “¿Pero qué carajo es Bukowski, eso es un medicamento, qué es?”. Entonces, te tocaba ir a buscar qué era Bukowski en un diccionario, eran otros procesos de conocimiento en esa época y a mí el gráfico me ayudó un montón a entender el mundo de otra manera, a relatar, por ejemplo, las cosas que pasan en el mundo del deporte, a escribirlas desde otro lugar más interesante. Esa crianza, a partir de El Gráfico creo que sí me marcó mucho más allá de las charlas sobre fútbol del bar, porque a veces son buenísimas también, pero también hay que tener cierto rigor y en El Gráfico sabían mezclar la posibilidad de lo coloquial, con referencias a lo culto, usando un estilo literario y utilizando también una buena selección de estadísticas. Era una muy buena mezcla de varias cosas en un texto de 3500 caracteres.

—¿Cuál fue esa primera anécdota asombrosa que le quedó grabada en la memoria?

Uno como hincha acumula muchas cosas, nombres, historias, comentarios, recortes, grabaciones, que para mucha gente son como desechos. Parece que ocuparan una papelera de reciclaje muy grande en la mente y a mí cada hecho del fútbol me llama mucho la atención desde que empecé a ir al estadio, y desde esa época guardo mucha información que luego voy convirtiendo en crónicas.

Por ejemplo, hace unos años, hice un libro con unos amigos, partiendo de un blog que teníamos que se llamaba ‘El bestiario del balón’.

Pero, para responder tu pregunta, a mí hay una historia que me parece está en los límites del realismo mágico: ocurrió en el año 89 y es muy llamativa, cuando Rambo Sosa, en un partido de Santa Fe contra Pereira, en Bogotá, metió un gol. Los hinchas de Santa Fe de esa época quedaron indignados, porque además el árbitro había validado un gol, en una pelota que no había cruzado, que había estado a 5 m de la línea de gol.

Yo creo que esa es de las jugadas más absurdas de la historia, solo esa jugada da para escribir un libro. Tiempo después, ya siendo periodista, logré contactarme con Héctor Ramón Sosa, con el Rambo Sosa, para hablar de ese gol y echamos bastante carreta. Y hablé con varios jugadores del Pereira que sufrieron una absoluta injusticia esa tarde en el Campín.

Pero esa no es al historia a la que me quería referir, si no otra que está dentro del libro, que es la del arquero que murió en la cancha. Es la historia de Mario Jiménez, arquero que supo estar en Selección Colombia y demás, quien fue declarado muerto después de un partido Sporting contra Once Caldas, por cuenta de un balonazo. Yo no recuerdo algo más literario, más poético que un arquero fuera declarado muerto después de recibir un balonazo en el pecho. Algo que salió publicado incluso en medios. Pero, luego resultó que no fue así.

—Entre tantas historias, ¿cuáles fueron los criterios para seleccionar las que componen el libro?

La idea de la selección de las historias era que debían tener un ingrediente curioso, otro ingrediente de pronto dramático, y con esto me refiero a un conflicto por resolverse o una situación que necesita ser desanudada, y debían tener también, en varios casos, humor. Es que a mí me parece que si uno desdeña el humor es porque uno básicamente es una máquina, yo creo que el humor es muy importante en cualquier situación. No creo mucho en esa gente que es sumamente seria para todo. Eso me parece como medio sospechoso, parece como que esconden algo, pero es una percepción mía.

Nicolás Samper Camargo es periodista deportivo y colaborador de medios como RCN Radio y también miembro del equipo ESPN. | Foto: Cortesía RCN / PRH

Entonces, las historias debían tener esos ingredientes y, además, yo busco generar curiosidad, por lo que no podían ser historias a veces tan conocidas.

Y otro criterio fundamental es que debían contar con respaldo testimonial, porque así quedan verificadas. Para eso hablé con varios exfutbolistas que fueron compañeros y que son compañeros míos en el trabajo, y busqué a otros para entrevistarlos sobre anécdotas puntuales y descifrando a veces enigmas.

Entre esas hay una historia, que también está en el libro, sobre Nelson Tapia que fue un arquero de la Selección chilena y que fue al Junior de Barranquilla y dizque luego dejó el equipo por las culebras. Entonces yo le pregunté a Martín Arzuaga, que es un gran tipo y es compañero mío en ESPN. Yo le decía, “Martín, ¿pero por cuáles culebras se fue? ¿Por las deudas o por qué?”.

Me dijo que porque, “había unas culebras muy grandes en el entrenamiento y una vez nos bañábamos con galones de agua que estaban en unas canecas, y resulta que una vez había una cantidad de serpientes que se metieron dentro de un galón de agua. Nelson Tapia se echó ese galón de agua encima sin ver que había serpientes, quedó como una medusa, por supuesto, y eso le generó a él una cosa absolutamente traumática que tuvo que irse del Junior porque le tenía fobia a las culebras”. Esa me pareció una historia válida para el libro, porque sí es cierta, y los protagonistas me la contaron, de modo que después de eso ahí uno se sienta a escribirla.

—Y ahora, en lo que va corrido del Mundial 2026, ¿qué anécdotas encontró?

Este campeonato está lleno de historias, empezando por lo que está sucediendo con Irán, que es algo aterrador. La persecución que se le ha hecho a Irán durante esta Copa del Mundo es para escribir un libro, el estúpido de Gianni Infantino yendo al camerino de Irán a decir que ellos estaban dando un mensaje muy poderoso y que si les hacía falta un delantero, él podía ser uno de ellos, me parece indignante.

Cuando yo veo a Infantino hacer esas idioteces, porque básicamente Infantino ha matado el fútbol, o sea, por su culpa estamos viendo otro deporte, que no es fútbol como lo conocíamos. Él asesinó el fútbol por su profunda ambición. Cuando cada vez que veo a Infantino con sus salidas, recuerdo con gran cariño a Gerardo Bedoya, que es el lateral que estuvo en el Cali, en el Racing, bueno, en varios clubes, y en un partido amistoso que se jugó aquí con leyendas de FIFA.

A ese partido Gerardo fue invitado, y como todos saben, es el tipo que más tarjetas rojas vio en un campo de fútbol en el mundo, o sea, nadie más tiene tantas tarjetas, él tiene 45 tarjetas rojas. Y en ese partido amistoso, en el que también jugó Gianni Infantino, aquí en Bogotá, la primera jugada es una historia que hay que escribir, porque es hermosa. En la primera jugada toma la pelota Gianni Infantino, pues él es el dueño del balón realmente, él tiene la pelota en su poder, y Gerardo como si se le hubiera olvidado a quién enfrentaba, hizo la que hizo muchas veces en el campo de fútbol ante otros adversarios, que fue buscar la pelota con una tijera y lanzar por los aires de una patada a Infantino. Desde ese día yo siento que Gerardo Bedoya es un héroe, de los más grandes que he tenido en mi vida por cuenta de esa patada que le metió al presidente de la FIFA, porque yo creo que mucha gente siente ganas de ser Gerardo Bedoya cuando lo ve haciendo esas estupideces como lo que hizo con Irán.