No había una biblioteca en la casa de Monterrey, pero apenas dos libros —que sus padres compraron cuando él era niño— bastaron para definir su vocación literaria: ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’, de Miguel de Cervantes, y ‘Crimen y castigo’, de Fiódor Dostoievski. La exposición temprana a dosis muy altas de imaginación no impidió que —ya en su juventud— David Toscana Echegaray tomara la decisión completamente racional de dedicarse a la ingeniería industrial y de sistemas.

La vida del ingeniero David transcurrió con normalidad y relativo éxito en el mundo corporativo, “batallando para pagar la renta”. No obstante, comenzando ya la treintena, cuando se supone que un hombre maduró del todo, aún escuchaba con claridad el llamado a la aventura de Alonso Quijano y los clamores desesperados de Raskolnikov, invitándolo a tomar el riesgo de cambiar su vida con un acto irresponsable.

Primero, como para perder el miedo, asistió a un taller de escritura en Estados Unidos, empezando lo que él considera una tardía carrera literaria, pero hoy —a sus 65 años— con doce novelas y dos libros de cuentos publicados entre 1992 y 2026, deja en evidencia que la literatura no depende de la precocidad o retraso del escritor, solo es necesario tener algo para contar y mucha disciplina.

David Toscana dice que “cuando comencé a escribir ya era ingeniero, pero no sé qué tanto de esta profesión sea ayuda o estorbo para hacer literatura. Aunque siempre he creído que soy mejor ingeniero que escritor”. | Foto: El País

Como el roble, que espera 30 años para florecer y dar sus primeras bellotas, pero en adelante continúa entregando sus frutos cada año, así David Toscana conservó sus historias hasta que maduraron con la forma y lenguaje ideal para narrarlas: su primera novela —hoy inconseguible— fue ‘Las bicicletas’ (1992), luego vinieron ‘Estación Tula’ (1995) y ‘Santa María del Circo’ (1998), una historia onettiana sobre la utópica compañía circense que decide devolverle la vida a un pueblo destruido y comienzan una función interminable.

En 2005 publica ‘El último lector’, novela ubicada en el pueblo de Melquisedec, donde un hombre, antiguo bibliotecario, conserva libros que ya nadie lee y, ante la carencia de agua, la segura extinción de todos, va definiendo qué obras merecen sobrevivir a los seres humanos.

Su obra continuó ramificándose, conformando el universo particular de Toscana: ‘Los puentes de Königsberg’ (2009), ‘La ciudad que el diablo se llevó’ (2012), ‘Evangelia’ (2016) y ‘Olegaroy’ (2017).

Solo fue hasta 2022, cuando ya se había convertido en un escritor excéntrico y casi secreto de la literatura mexicana, que David Toscana llamó la atención de los lectores latinoamericanos con ‘El peso de vivir en la Tierra’, su primera obra maestra, una historia que rinde homenaje a sus dos mayores influencias: Cervantes y Dostoievski.

El 10 de julio de 1971, sin mayores sobresaltos, un oficinista de Monterrey llamado Nicolás decide que en adelante se llamará Nikolái Nikoláievich Pseldónimov y junto a su mujer, a la que renombró Marfa Petrovna, comenzarán a vivir como personajes de la literatura rusa.

'El peso de vivir en la Tierra', novela ganadora de la V Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. | Foto: Penguin Random House

La odisea quijotesca —con un poco de ciencia ficción— resulta cómica y conmovedora, al punto de que todos contribuyen a que los personajes delirantes vivan en su ficción, una realidad mucho más bella y —a diferencia de las que proponen las ideologías políticas— por completo inofensiva.

‘El peso de vivir en la Tierra’ ganó el Premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa 2023. Al respecto, el Nobel peruano afirmó que es “uno de los textos más originales publicados en los últimos años” y que “merece tener muchos lectores en nuestro idioma y otras lenguas”.

Así sería, pero no de inmediato. Toscana tuvo que esperar unos años más para que, con ‘El ejército ciego’, su más reciente novela y ganadora del Premio Alfaguara 2026, su obra llegara a toda Hispanoamérica y comenzara a traducirse al búlgaro.

Antes de continuar surge una pregunta: ¿Por qué la novela de un escritor mexicano será traducida para los lectores de Bulgaria antes que a otras lenguas más internacionales, como el inglés?

Por el tema que aborda: la historia de los soldados búlgaros que fueron cegados por órdenes del emperador bizantino Basilio II y devueltos a su país como una humillación al zar Samuel, quien cayó enfermo cuando los vio llegar y pocos días después murió.

Debido a esos 15.000 soldados, casi todos ciegos, porque dejaron “uno de cada cien tuerto para que sirviera de guía”, es que David Toscana viajó por primera vez a Colombia, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo 2026) y tuvo la oportunidad de visitar Cali, donde conversamos sobre la vigencia que tiene escribir una novela en el Siglo XXI sobre un hecho ocurrido en el Siglo XI.

"No uso la IA, pero sí sé que cualquier experimento que se haga para sustituir no solo al escritor, sino al traductor literario, es un esfuerzo inútil. Si alguien necesita una herramienta así para escribir literatura, no es un escritor”. David Toscana, escritor mexicano. | Foto: El País
¿Qué representa esta primera traducción de su obra al búlgaro?

Es muy curioso, porque yo la escribí como si estuviera traduciendo un libro sobre la historia de Bulgaria, de tal forma que los lectores en español sientan que leen una traducción de otra lengua, pero, claro, yo lo escribí todo en español y este no es un libro histórico, sino de ficción, aunque parte de ese episodio de la guerra entre el reino búlgaro resistiendo de la invasión de Bizancio.

Y, para sorpresa mía, resulta que la literatura búlgara no tiene una novela sobre este episodio, solo hay un novelista que escribió toda la crónica de las guerras del zar Samuel, noveló sus amores, describió la política de la época, pero termina cuando muere Samuel, justo después de ver a su ejército de ciegos.

Por eso se interesaron en traducir mi novela al búlgaro y yo, entre broma y en serio, digo que la traductora no tiene el problema de traducirla del español a otra lengua, sino de traducirla a la lengua original, en la que yo hubiera deseado que se hubiera escrito.

Pero, ¿cuánto tiene de historia y cuánto de ficción? Porque si la lee un búlgaro desprevenido quedará convencido de que ese relato de su país —inventado por un mexicano— es real...

Yo encontré la referencia a los 15.000 soldados búlgaros en un compendio de historia mundial, de esos con varios tomos. Allí aparece el texto que cito al inicio de mi novela: apenas ese párrafo escrito hace mil años por Skylitzes se conserva sobre lo que ocurrió.

Hay otro historiador bizantino posterior que repite lo mismo, aunque dice que fueron 14.000 soldados ciegos, es lo único que cambia.

El historiador Skylitzes menciona este episodio en un libro que se llama ‘Sinopsis de la historia’, esto quiere decir que él se basaba en otros libros y en crónicas de la época donde estaría más detallado, pero se perdieron todos estos textos y hoy solamente nos sobrevive este párrafo, así que no sabemos qué pasó con los ciegos después de su regreso al país. Lo que a través de la ficción fue contar el destino que tuvieron estos personajes tras su llegada, porque, de lo contrario, la historia no los incluiría en su relato.

Uno de los personajes es el escriba Kozaro, que acompañó al ejército y también fue cegado. ¿Esta es una de sus creaciones?
El Premio Alfaguara 2026 reconoció una novela que se sostiene por su pura calidad literaria y su poderosa imaginación. | Foto: Penguin Random House

Sí, para hacerlo me basé en mi investigación, dado que en aquel momento había muchos escribas en Bulgaria, donde adoptaron el cristianismo ortodoxo, y trabajaban en monasterios traduciendo textos eclesiásticos del griego. Me pareció que él sería el único que podía contar esta historia, pero a su regreso, cuando le hacen una prueba, descubren que ya no sabe escribir.

Entonces, de algún modo esta novela permite leer esa historia que se perdió. Luego, los búlgaros se sorprendieron de que un mexicano escribiera sobre este tema, porque ellos no tienen una investigación sobre este tema y tampoco una novela.

Después de investigar mucho, tenía muchos personajes, pero cuando empecé a escribir la novela yo mismo me sorprendí de que fuera tan breve, todo quedó narrado de forma muy compacta, dejando lo esencial.

A la historia de estos soldados búlgaros que fueron torturados por un emperador que busca colonizar su país no es difícil encontrarle correspondencias con el presente que vivimos en el Siglo XXI...

Las novelas siempre dicen más cosas de lo que el autor quiso decir. Yo construyo la novela querido contar un evento del Siglo XI, de la manera mejor posible, un refleje la condición humana. Pero no puedo explicar o imponerle una agenda a mi novela, es cada lector quien, de acuerdo con su experiencia, su memoria y su perspectiva del mundo, le otorga un sentido.

Yo no puedo afirmar, como me han dicho, que Basilio II es como hoy Donald Trump, porque eso debilita el poder literario de la novela. Cada persona hace su propia experiencia de la lectura. Por ejemplo, los búlgaros me han dicho que ellos pueden ver en esta novela no solo su historia, sino su liberación de la Unión Soviética, la lucha del débil contra el poderoso, y la revancha de los vencidos.

Otras personas ven las guerras contemporáneas, ya sea la de Israel y Gaza, Estados Unidos e Irán, o la de Rusia y Ucrania.

Más allá de cuestiones deliberadas con la guerra, lo que se ve en la novela es el poder del fuerte contra el débil, y la fuerza del débil para sobreponerse. Pienso que cualquier lectura es correcta, en la medida que corresponda con el lector y su pensamiento, porque la literatura vive precisamente de tener muchas lecturas individuales. Si todos leen igual una novela, esto quiere decir que no es buena, que no tiene esta posibilidad de convertirse en algo personal, y que el escritor quiso hacerse cargo de todo, dejando de lado al lector.

Novelas como ‘El ejército ciego’, donde mis padres literarios son Juan Rulfo o Ismael Kadaré o Juan Carlos Onetti, se prestan a que si la lees ahora le des una interpretación, y si la lees dentro de 30 años, vas a ver otra cosa, porque ya la política y el mundo cambió, y a lo mejor ya no verás a Trump y Estados Unidos, sino a China.