En medio de las reflexiones propias de la Semana Santa, uno de los episodios más recordados de la tradición cristiana vuelve a despertar curiosidad: la traición de Judas Iscariote y el pago de 30 monedas de plata por entregar a Jesús de Nazaret. Más allá de su significado religioso, surge una pregunta recurrente: ¿cuánto valdría hoy ese dinero?

De acuerdo con análisis de expertos en numismática, las monedas mencionadas en los relatos bíblicos no eran piezas comunes. Según explicó el especialista Carlos Amaya Guerra, miembro de la Sociedad Numismática de Monterrey, para el medio Desde la fe, estas habrían sido acuñadas en la ciudad de Tiro, en Fenicia.

Se trataría de siclos o tetradracmas de alta pureza, con un contenido de plata cercano al 92 %, superior al de otras monedas que circulaban en la región en esa época.

Las 30 monedas de plata que recibió Judas tendrían un valor total que oscila entre los 87 y 329 millones de pesos. | Foto: Colprensa

Estas piezas eran ampliamente utilizadas en transacciones importantes y tenían características distintivas: en el anverso figuraba el dios fenicio Melcart, asociado con Hércules, y en el reverso un águila posada sobre una embarcación, símbolo de la ciudad.

Hoy, más de dos mil años después, estas monedas no solo tienen valor por el metal, sino por su relevancia histórica y su alta demanda en el mercado de coleccionistas.

De acuerdo con estimaciones, cada pieza podría costar entre 800 y 3000 dólares, dependiendo de su estado de conservación.

Bajo ese cálculo, las 30 monedas de plata que recibió Judas tendrían un valor total que oscila entre los 24.000 y los 90.000 dólares. En pesos colombianos, esto representaría aproximadamente entre $87 millones y $329 millones.

Más allá de su valor económico, las 30 monedas de plata siguen siendo un recordatorio del peso simbólico de las decisiones humanas, especialmente en un tiempo como la Semana Santa. | Foto: El País

Lo que dice la Biblia

El destino de este dinero también quedó registrado en los textos sagrados. Según el Evangelio de San Mateo, tras sentir remordimiento, Judas intentó devolver las monedas a los sumos sacerdotes. Ante la negativa, las arrojó en el templo antes de acabar con su vida.

Las autoridades religiosas, al considerar que se trataba de “dinero manchado de sangre”, decidieron no devolverlo al tesoro. En cambio, compraron un terreno conocido como el Campo del Alfarero, destinado a sepultar a los extranjeros. Este sitio fue llamado Aceldama en arameo, o ‘Campo de sangre’, y se encuentra en las afueras de Jerusalén.

Con el paso de los siglos, este lugar mantuvo su función como cementerio hasta comienzos del siglo XIX y hoy permanece como un símbolo histórico ligado a uno de los relatos más impactantes de la tradición cristiana.