Por Olga Lucía Criollo, editora de Poder
El tema de Venezuela no tiene que ver con frustraciones personales, sino con la necesidad urgente de mantener la democracia y el statu quo en la región. La llegada del populismo y el autoritarismo a países como Venezuela no es solo una amenaza para sus propios ciudadanos, repercute en todo el continente”.
Así se pronuncia la vicepresidenta y canciller Marta Lucía Ramírez, al hacer un balance de lo que fueron sus principales propósitos y tareas durante los cuatro años del Gobierno que termina mañana.

¿Dígame tres cosas positivas que deja su paso por la Vicepresidencia?
Fueron múltiples los temas que abordamos, con resultados satisfactorios, pero diría que las principales semillas que dejamos germinando son la Política de Equidad de la Mujer; la Ley de Transparencia, Prevención y Lucha contra la Corrupción, y el andamiaje hacia una sociedad del conocimiento que potenciamos con la creación del Ministerio de Ciencia, la Misión de Sabios y los pactos por el Crecimiento y el Empleo, que lideramos con 86 gremios de la producción.
Gracias a programas como el Fondo Mujer Emprende y el Pacto por la Mujer Rural logramos impactar a 1.937.260 mujeres con oportunidades de emprendimiento, y generamos oportunidades de trabajo para 983.688 colombianas, solo por mencionar empoderamiento económico.

En cuanto al trabajo en favor de la mujer, ¿qué le quedó pendiente?
Queda la tarea para el próximo Gobierno de aplicar el Conpes 4080, ‘Política pública de equidad de género para las mujeres: hacia el desarrollo sostenible del país’, que dejamos para convertir a Colombia en líder en la materia, asignando recursos en cada ministerio para el empoderamiento de la mujer, con un trazador presupuestal en cada entidad. Pero este no es solo un asunto institucional, les queda la tarea a todos los colombianos de seguir abonando la semilla de equidad que ya germinó. De todos los sectores de la sociedad dependerá que los múltiples programas e iniciativas que pusimos en marcha continúen prosperando.

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¿Cuál fue el momento más difícil durante estos cuatro años?
Lamentablemente, los promotores del odio se ensañaron conmigo y con mi familia, con un claro interés de sacarme del camino político. Estrenaron conmigo, hace dos años, la aplanadora destructora de posibles rivales, aplicando una campaña inmisericorde de desprestigio y calumnias, como nunca la ha sufrido ningún hombre en Colombia.
Es inaceptable que sean tan cobardes de atacar con calumnias el prestigio que, en mi caso, he construido en 40 años de trabajo honesto para llegar donde estoy.

Otra de sus banderas era la lucha contra la corrupción. ¿Qué les dice a los colombianos frente a los escándalos del Mintic y el Ocad Paz?
En el marco de nuestras competencias, conjuntamente con la Secretaría de Transparencia, pusimos el caso de Centros Poblados en conocimiento de los órganos de investigación y control, tan pronto recibimos alertas. Así mismo, se solicitó información a las entidades a cargo y se suscribieron pactos que permitieron mejorar los procesos para identificar riesgos y cerrar espacios a la corrupción.
En ambos casos, la justicia tendrá que obrar en derecho, contundentemente, con celeridad. Y a los que defina como responsables de corrupción, aplicarles todo el peso de la ley.

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Usted pasará a la historia cómo la primera colombiana en ocupar la Vicepresidencia. ¿Qué significa eso?
Por fortuna, nunca he vivido del ego ni de la vanidad de ser la primera en algo, aunque así me lo ha permitido la vida en diferentes cargos públicos. Y sí, tuve el honor de ser la primera Vicepresidenta, pero, para mí, lo que significó desde el primer día es que tenía la enorme responsabilidad de dejar abierto el camino para muchas más mujeres en este cargo, y ojalá algún día, muy pronto, en la Presidencia de Colombia.
En mi caso, abrir la trocha significó salir con muchos rasguños, pero con la satisfacción de trabajar hasta el último día con un parte total del deber cumplido frente a los colombianos que votaron por mí en la consulta y luego en la fórmula de la elección. Me llena de orgullo decir a niñas, jóvenes y mujeres de Colombia que sí es posible cultivar sueños audaces y ambiciosos y alcanzarlos con trabajo dedicado y honesto, siempre rodeándose de gente buena.
Como siempre lo repetí en los diferentes encuentros nacionales e internacionales que lideré por la equidad de género, todas tenemos la responsabilidad de abrir espacios para las que vienen detrás, de demostrar que en un mundo donde persisten tantos machismos, la capacidad de las mujeres es más urgente que nunca, no solo como una obligación moral y ética, sino como una condición para alcanzar el verdadero desarrollo.

Hablemos de la Cancillería. ¿Qué fue lo más importante de su paso por ese ministerio?
Desde la Cancillería logramos un significativo reconocimiento internacional para Colombia. Nunca busqué aplausos para mí, sino protagonismo y liderazgo para el país en los diferentes escenarios globales y, gracias a Dios, lo logré. Fortalecimos relaciones estratégicas, elevamos la voz ante organismos internacionales para poner sobre la agenda temas como la equidad de la mujer y la Paz con Legalidad; consolidamos nuestra participación en los mecanismos de integración regionales, etc.
Sin embargo, quiero destacar que, en plena crisis de salud pública por la pandemia del covid, solicité y obtuve la donación de 16 millones de vacunas por parte de EE. UU., Alemania, Canadá y España, que fueron fundamentales para salvar vidas y lograr la reactivación económica extraordinaria que hemos alcanzado.

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¿Qué piensa de la reanudación de las relaciones con Venezuela?
Es importante recordar que la ruptura de relaciones entre Colombia y Venezuela fue una decisión arbitraria que tomó Nicolás Maduro durante el Gobierno de Juan Manuel Santos; luego, al iniciar nuestro Gobierno, expulsó a todo el personal diplomático de Colombia. Nosotros decidimos acompañar una acción internacional que apoyaron más de 60 países para visibilizar la crisis que afrontaban los venezolanos por cuenta de un gobierno ilegítimo, en aras de exigir el retorno de la democracia.
Jamás hemos puesto talanquera a las relaciones comerciales y hemos mantenido abierto el Puente Simón Bolívar, así que lo que pueda seguir prosperando en esta materia, con el nuevo Gobierno, estará bien para el empresariado. Lo importante es que no se negocie el carácter democrático que merece un pueblo ultrajado por una dictadura.

¿Se siente frustrada porque Nicolás Maduro sigue en el poder?
El tema de Venezuela no tiene que ver con frustraciones personales, sino con la necesidad urgente de mantener la democracia y el statu quo en la región. La llegada del populismo y el autoritarismo a países como Venezuela no es solo una amenaza para sus propios ciudadanos, repercute en todo el continente.
Ya hemos visto las enormes olas migratorias que ha recibido especialmente Colombia y, por supuesto, el tema de la inseguridad que produce una frontera que se ha convertido en refugio de terroristas como ‘Santrich’ e ‘Iván Márquez’, por mencionar algunos. La comunidad internacional no puede seguir de espectadora ante la arbitrariedad de un régimen que se ha convertido en una amenaza para la región.

¿Cómo asumió el reto de mejorar relaciones con Washington después del distanciamiento que se evidenció en el inicio del Gobierno Biden?
Nuestras relaciones internacionales se cimientan en una visión de Estado, máxime con nuestro principal socio, como lo es Estados Unidos. Por tanto, hemos sido respetuosos siempre de los procesos electorales internos. Con el presidente Joe Biden hemos seguido fortaleciendo lazos desde el respeto y el reconocimiento de la amistad de 200 años que nos ha unido históricamente.
Hoy tengo la certeza de que hemos fortalecido, a un nivel superlativo, nuestra relación. Logramos un nivel que era impensable hace diez años, ya que logramos el status de Aliado Estratégico no miembro de Otan, que tendrá una gran transcendencia para nuestros países. Además, solo por mencionar otro logro clave, firmamos el Protocolo de Enmienda al Acuerdo de Transporte Aéreo entre Colombia y EE. UU., que permitirá incrementar el transporte internacional de carga, facilitando así el comercio entre ambos países y haciéndolo más eficaz.