Pódcast literario Que Vivan los Libros

En los últimos y frenéticos meses, a José Manuel Restrepo lo han entrevistado todos los medios de comunicación, por todos los temas y todas las coyunturas, pero no sobre un libro llamado ‘Al borde de la esperanza’, que presentó en Cali en octubre de 2025, cuando aún era rector de una universidad y vivía resguardado entre la academia y su familia.

Tardó tres años en escribir ese diagnóstico sobre Colombia, cuando no pasaba por su mente la arena política ni imaginaba ser vicepresidente de un país tan complejo. Hablamos sobre la interesante brecha que se abrió en estos nueve meses, en que pasó del libro a la práctica. Y lo que aprendió en el camino.

Lo primero que le quiero preguntar es, ¿usted está consciente de que ese libro, ‘Al borde de la esperanza’ era, sin saberlo, un programa de gobierno de 376 páginas?

Eso me dijo alguna vez Juan Lozano: “Usted es el único personaje que tiene ya programa de gobierno y no es candidato”. Me lo dijo en el lanzamiento del libro, en Bogotá. Y la verdad es que en ese libro yo lo que pretendía era dejarle una hoja de ruta a quienes fuesen candidatos presidenciales.

Cuando arranqué a hacer el libro, hace tres años y medio, tenía claro que se venía un momento desafiante en la decisión democrática de Colombia.

Fue publicado por Intermedio Editores-Círculo de lectores. | Foto: Foto: Cortesía Intermedio Editores / El País

En el momento de publicar ‘Al borde de la esperanza’, que salió con Intermedio Editores, usted vivía muy bien como rector de una universidad, que es el cargo soñado para un gran académico, y no tenía los problemas diarios que tiene ahora. ¿Por qué salió de esa zona tan maravillosa que es la academia?

Yo lo hago por dos razones. La primera es porque genuinamente creo que nosotros, los que hemos recibido más del país, tenemos responsabilidades mayores. En palabras de Santa Teresa, quienes hemos recibido más, debemos tener las espaldas lo suficientemente anchas para soportar la responsabilidad.

Entonces, mi reflexión, la que yo hice, fue por mis hijos. Ellos hubieran podido estudiar en el exterior, pues fueron muy buenos estudiantes e incluso les dijeron: preséntense a universidades americanas.

Ellos dijeron no, nosotros queremos estudiar en Colombia y queremos vivir en Colombia. Yo digo: ¿Cómo puedo dejarle un país destruido en su democracia, a mis hijos, y a tus hijos, y a los hijos de todos los colombianos? Y lo segundo es porque yo genuinamente tengo una vocación de servicio. Tengo la convicción de que quien no vino al mundo para servir, no sirve para vivir.

Era rector de la universidad EIA (Escuela de Ingeniería de Antioquia) cuando publicó el libro ‘Al borde de la esperanza’. | Foto: Colprensa

En la página 34 de su libro tiene un capítulo sobre la erosión de la democracia...

Fíjate que ahí no se necesita ser un mago para anticiparlo, porque el problema es que esta realidad es calcada de otros países del mundo.

Los modelos autoritarios, populistas, polarizantes, se están repitiendo en muchos países. Y es lo que habría que superar en Colombia, independientemente de quién venga después. Si a la vuelta de cuatro años llega un gobierno de una tendencia distinta, no importa, es que eso no debería importar en una democracia, siempre y cuando no tengamos el temor de perderla.

Los cambios en política son normales. Los cambios ideológicos en un país son normales. Son anormales cuando tu temor es la destrucción de la democracia. Eso es lo que no puede pasar en un país como Colombia.

Yendo a la página 323, hay un capítulo que dice que uno de los síntomas más graves de lo que está pasando en Colombia y el mundo es el ataque al mérito. Y dice: “La meritocracia ha comenzado a ser entendida como una tiranía encubierta” porque se cree que “reproduce desigualdades”. ¿Cómo ve hoy eso que escribió allí?

Mira, ese punto es esencial. Es un punto esencial que yo he tratado de reivindicar por todos lados. En esto tengo una posición distante de una persona que es reconocida en el mundo y que respeto, que es Michael Sandel, en el sentido de que hay una tiranía en el mérito y de que el mérito no vale.

Y este concepto es opuesto al nuestro, porque, cuando uno pone en riesgo el mérito, llega a conclusiones equivocadas, como eliminar las pruebas de Estado de la educación superior porque, supuestamente, “terminan privilegiando el mérito y el mérito genera desigualdad”.

Esa es la lógica. Yo quiero volver a reivindicar el mérito del que estudia, del que trabaja, del que hace la tarea, del que se esfuerza, del que emprende, del que genera empresa y empleo. Cuando uno entiende la lógica de una sociedad de esa manera, se da cuenta de que este concepto de “tiranía del mérito” en el fondo lo que causa es una tiranía de la mediocridad.

Y esa tiranía no la podemos permitir en una sociedad. Allí sí hay una distancia ideológica importante.

¿Qué quiere decir con esa “distancia ideológica”?

Es un problema ideológico elegir entre el mérito o la mediocridad. Yo particularmente siento que llegó el momento de que Colombia valore el mérito.

Fíjate que, con base en esa teoría de la “tiranía del mérito”, llegaron a eliminar un programa como Ser Pilo Paga. Eso no es conveniente, porque termina siendo una causal de desigualdad.

Yo creo que, por el contrario, hay que tener programas como ese para volver a reivindicar el mérito del joven talentoso, que no tiene recursos económicos, que quiere llegar lejos y ha hecho un enorme esfuerzo por llegar donde está.

La reivindicación del mérito es importante en la educación, es importante en el deporte, es importante en la cultura, es importante en muchos frentes.

Habla sobre los ‘ninis’, jóvenes entre 15 y 28 años que ni estudian ni trabajan, habla de un Icetex debilitado, una asfixia a la universidad pública, un Colfuturo que tiene menos de 40 % de recursos. De cada diez estudiantes que se gradúan, solo cuatro entran a la universidad. La deserción es altísima. Usted escribió esto siendo rector…

Todo eso que dije ahí, lo recogí de mi libro para dejarlo en el plan de gobierno. Pero, ¿por qué es importante trabajar por los niños y convertirlos en ‘sísís’, jóvenes que sí estudian o sí trabajan? En Colombia hay que liberar las capacidades potenciales que están escondidas: entre 2.500.000 y 2.600.000 jóvenes que no tienen la oportunidad de estudiar o trabajar.

¿Qué hace un joven nini? Pues nada, se despierta, pero ni trabaja ni estudia y termina siendo una persona frustrada, entonces hay que liberar esa capacidad.

Por eso creo en los programas de ciclo corto, que permiten que la persona desarrolle empleabilidad, capacidades en tecnología, en servicio, en bilingüismo y que sea productiva y útil a la sociedad. Pero no es el único talento que hay que liberar. Piensa tú en liberar las capacidades de los adultos mayores.

¿Son otros ‘ninis’ porque muchos ni estudian ni trabajan?

El concepto de ‘nini’ no lo circunscribo solo a ‘ninis’. Por donde yo mire, hay capacidades potenciales desperdiciadas o no utilizadas.

Somos una sociedad que cada vez envejece más. Yo, de hecho, propuse los contratos plateados. Un adulto mayor que sigue recibiendo una pensión o que tiene una pensión, ¿por qué lo tienes que dejar como un trasto viejo? Tienes que recuperarlos para la educación, para la cultura, con un contrato especial que se puede crear, que yo llamo contrato plateado, como sucede en otros países.

Tienes 5.200.000 de micronegocios informales, ¿por qué no transitarlos a la formalidad y liberar su capacidad? Así como eso, me he dedicado a identificar fuentes potenciales de capacidades que este país podría tener para crecer, para desarrollarse, para ser mejor.

En la página 98 del libro advierte sobre la creciente desconfianza en el sistema electoral colombiano. Fíjese, era septiembre de 2025 y hoy está pasando...

Ese es uno de los temas más preocupantes que tenemos hoy. En nuestra democracia nunca había pasado. Estamos acostumbrados a que nuestro sistema de electoral es muy bueno, porque hay que decirlo: ¡Es muy bueno! Uno ve lo que sucede en Perú, donde llevan días y todavía no tenemos resultados.

En Colombia, tú a las 7:00 de la noche, 7:30, ya tienes resultados electorales. Y en Colombia estábamos acostumbrados a la decencia y al espíritu demócrata de que, quien perdía, casi que ipso facto, 7:30 de la noche, salía con discurso de “reconozco los resultados electorales y reconozco a Fulanita de tal como presidenta de la República”.

Así le doliera en el alma...

Eso. Así le doliera el alma, porque esa es la democracia también. Preocupa mucho por la institucionalidad y creo que los medios de comunicación pasaron muy de agache con esa historia. No destacaron lo suficiente el hecho de que es un tema atípico. Y, además, muy peligroso para el futuro del país. Reconocer las que vengan, cualquiera que sea el resultado, esa sería la actitud de un demócrata.

El libro dedica una gran parte a entender el tema fiscal colombiano, y advierte que nuestra deuda asciende al 62 % del Producto Interno Bruto, PIB...

Y ya en este momento está casi en 65 % del PIB. O sea, desde el libro hasta acá ha crecido tres puntos.

Quería poner de presente ese problema, anticiparme a lo que viene, que es la afectación profunda de las finanzas públicas del país. Pero también quise meter otros temas, seguridad, infraestructura, vivienda, educación, cultura, relaciones exteriores.

Desde la página 336 habla del Pacífico. Ahora que tuvo que recorrer esa zona del país con otro ropaje, ¿qué aprendió?

En donde más siento sentimiento de dolor es en el Pacífico y el suroccidente colombiano. Me ha sucedido, especialmente en Cali, en Tuluá, en Popayán, en Pasto: gente que me recibe llorando a decirme, cuídenme, protéjanme, no nos abandonen, frases como esas.

Las he sentido por el tema de inseguridad, de extorsión y microtráfico. Y un sentimiento también muy duro en el sentido de ausencia de inversión, de infraestructura social y productiva hacia estos territorios.

Pasando al José Manuel lector y no al político, ¿qué libro tuvo que dejar abandonado en la mesa de noche?

Tengo pendiente de todo. La verdad es que no he tenido tiempo sino para hacer campaña, pero bueno, ya tendremos el espacio para eso.

Así que sigo pendiente con mi libro de Wade Davis sobre el río Amazonas.

¿Qué libro le leyó a sus hijos?

Le leía a mi hija ‘Mujeres Valientes’. Es una mini biografía de varias mujeres que han cambiado la historia. Yo creo que le ha servido mucho para ser una mujer berraca.

A los chicos les leíamos algunos libros de cuentos y novelas sencillas, pero con ella me encargué de que fuera una mujer empoderada, que no le tuviera miedo a nada, que fuera lo suficientemente líder y que en su vida sea capaz de sacar cosas adelante.

Hoy me emociona mucho verla capitana del equipo de fútbol de mayores. Ella es juvenil y va de tú a tú con las de mayores, y ahora está aspirando a ser líder en su instrumento de banda de guerra.

No tiene miedo a enfrentarse a los grandes, es una mujer valiente y se esfuerza mucho.

¿El libro que le gustaría escribir cuando todo esto pase?

Uno sobre liderazgo. Sí, yo creo que el siguiente será un libro sobre el liderazgo, pero sobre todo mi concepto de liderazgo, que es con integridad y felicidad. Pero más adelante, cuando haya tiempo.

PERFIL

Economista, especialista en finanzas de la Universidad del Rosario y magíster en economía del London School of Economics, doctorado en Dirección de Instituciones de Educación Superior en la Universidad de Bath; exministro de Hacienda y Crédito Público y rector de cuatro universidades: Cesa, Rosario, Fundación Empresarial de la Cámara de Comercio de Bogotá y Escuela de Ingeniería de Antioquia (Universidad EIA). Nuevo Vicepresidente de Colombia 2026-2030.

En frases

“Sin ser yo del Pacífico, creo que necesita atención especial, porque ha estado históricamente en la orfandad”.

“Los que hemos recibido más del país, tenemos responsabilidades mayores”, asegura.