Desde tempranas horas de este miércoles, 18 de febrero de 2026, miles de feligreses madrugaron para participar de la imposición de la ceniza, una práctica que marca el inicio de la Cuaresma dentro de la tradición de la Iglesia Católica.
Este gesto simbólico en el que el sacerdote o diácono traza una cruz en la frente mientras pronuncia la frase: “conviértete y cree en el evangelio”, ocupa el lugar central del Miércoles de Ceniza.
Anteriormente se usaba la frase “polvo eres y en polvo te convertirás”, expresión tomada del libro del Génesis que recuerda la fragilidad humana y la necesidad de conversión.
Mientras que la ceniza utilizada en la ceremonia proviene de la quema de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, lo que refuerza el sentido de continuidad en la liturgia católica.
¿Es pecado borrarse la cruz?
Una de las preguntas más frecuentes entre los creyentes es si quitarse la ceniza después de la misa constituye pecado. No obstante, esta acción depende de la disposición interior de la persona.
Es decir, no es pecado borrarse la cruz en la frente, ya que la Iglesia no establece un tiempo obligatorio para conservar la cruz.
Así que retirarla por razones prácticas, como evitar manchas o incomodidad, no se contempla como una acción negativa, puesto que el valor de la imposición de la cruz no radica en la duración visible de la marca, sino en el valor del gesto.
No obstante, quitarse la cruz por vergüenza o temor a manifestar públicamente su fe, si podría interpretarse de manera negativa.
Además, no recibir la ceniza tampoco es pecado. Se trata de una práctica voluntaria, no de un sacramento obligatorio, por lo que su ausencia no implica sanción espiritual.
“Al iniciar hoy nuestro camino de Cuaresma, pidamos al Señor que nos conceda el don de la verdadera conversión del corazón, para que podamos responder mejor a su amor por nosotros y compartir ese amor con quienes nos rodean”, manifestó en redes sociales el Papa León XIV.
Así que más allá de la imposición de la ceniza, el Catecismo invita a la reconciliación, al arrepentimiento y al compromiso con una vida coherente con el mensaje de esta religión.
Para la Iglesia, la cruz de ceniza no funciona como amuleto ni requisito formal, sino como recordatorio del llamado a la humildad y a la renovación espiritual en esta fecha, la cual da apertura al inicio de la Cuaresma, y a un periodo que culminará con las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.