La movilidad eléctrica liviana en Colombia atraviesa hoy uno de sus momentos más decisivos. Mientras crece el uso de patinetas, bicicletas y motos eléctricas como alternativas de transporte urbano, también aumenta la desinformación alrededor de su regulación, seguridad y funcionamiento.
En medio de este panorama, empresarios del sector advierten que existe un choque entre el avance acelerado de estas tecnologías y la capacidad del Estado para regularlas de manera clara y actualizada.
Gabriel Gutiérrez Mejía, fundador y gerente general de Minca Electric, asegura que la discusión alrededor de las patinetas y otros vehículos eléctricos livianos ha estado marcada por información falsa y mensajes que generan temor entre los usuarios. Según explica, el auge de esta industria se disparó después de la pandemia, cuando miles de personas comenzaron a buscar alternativas de movilidad más económicas y sostenibles.
“Fue un boom mundial. Las ciudades empezaron a darse cuenta de que estos vehículos eran una excelente alternativa de movilidad de última milla”, señala Gutiérrez. Sin embargo, reconoce que el crecimiento acelerado también abrió la puerta a la informalidad. Muchas empresas empezaron a importar y comercializar vehículos sin controles suficientes sobre baterías, materiales o estándares de seguridad.
De acuerdo con el empresario, durante varios años existió un vacío normativo que terminó mezclando en la misma categoría a las patinetas y bicicletas eléctricas con ciclomotores artesanales de combustión que tampoco contaban con condiciones adecuadas de seguridad. Frente a esto, el sector impulsó la creación de un marco legal específico para los vehículos eléctricos livianos.
Ese proceso derivó en la Ley 2486 de 2025, aprobada por el Congreso de la República, cuyo objetivo, según Gutiérrez, era promover alternativas de movilidad más limpias y diferenciarlas de los vehículos a combustión. La norma establece que los vehículos eléctricos livianos con peso inferior a 60 kilogramos no requieren SOAT, licencia de conducción ni matrícula.
“El espíritu de la ley era favorecer estos vehículos frente a tecnologías contaminantes”, explica y añade que el límite de peso no fue fijado arbitrariamente, sino basado en estudios internacionales sobre riesgos y seguridad vial. En ese rango se encuentran, por ejemplo, las patinetas eléctricas, que suelen pesar entre 25 y 40 kilogramos.
No obstante, el empresario sostiene que actualmente existe preocupación en el sector por el borrador de regulación que prepara el Ministerio de Transporte para desarrollar la ley. Según afirma, algunas de las medidas planteadas serían “excesivas” y podrían terminar afectando el crecimiento de esta industria.
Entre los puntos cuestionados menciona la posibilidad de exigir cascos certificados similares a los de motocicletas de alto cilindraje, así como mecanismos de registro que, aunque no se llamen matrícula, terminarían funcionando de manera similar. “Cuando a un vehículo de dos millones de pesos le exigen un casco de 500.000 o 700.000 pesos, claramente hay una afectación al usuario”, asegura.
Gutiérrez también cuestiona el manejo mediático que ha tenido la discusión sobre la movilidad eléctrica. Según afirma, en los últimos meses se han difundido noticias que, a su juicio, exageran los riesgos asociados a estos vehículos y generan pánico entre los consumidores. Esto, dice, ya empieza a reflejarse en una desaceleración de las ventas y en la incertidumbre de quienes usan patinetas o bicicletas eléctricas como medio de transporte diario.
Aun así, insiste en que la transición hacia la movilidad eléctrica es inevitable. “Eso ya está pasando en el mundo. Las grandes ciudades están electrificando su movilidad y Colombia no es la excepción”, afirma. Para el empresario, más que frenar estas tecnologías, el reto está en regularlas de forma equilibrada, garantizando seguridad vial sin desincentivar alternativas que podrían ayudar a reducir la contaminación y los problemas de tráfico en las principales ciudades del país.