El director del Teatro Colón de Bogotá dice que no hubo romance con Fanny Mikey, pero sí tuvieron una complicidad muy bonita.

Lleva décadas en olor de Cine y de Teatro con mayúsculas, porque el azar de una vida precoz, exótica y afortunada, lo llevó a toparse, todavía niño, con el séptimo arte, que para él era el número uno hasta que llegó a su vida un huracán llamado Fanny Mikey. La gran pregonera del teatro en Colombia, la actriz, la comediante de café-concert, la creadora del Festival Iberoamericano de Teatro, que cada dos años congregaba en Bogotá los mejores grupos de teatro del mundo con un éxito arrollador, lo convenció de abandonar su propia y lucrativa empresa de publicidad para trabajar con ella como director de obras teatrales y luego como gerente y productor del Festival. Hoy, Manuel José Álvarez, intelectual, investigador, director de cine y de teatro, es el director del bellísimo Teatro Colón de Bogotá, que después de ser sometido durante más de cuatro años a un cuidadoso trabajo de remodelación, fue re-inaugurado por el presidente Santos y su ministra de Cultura, Mariana Garcés, hace un par de meses.En esta entrevista habla de sus aventuras en Europa, de su amistad con la inolvidable actriz argentino-colombiana, de algunas de sus realizaciones como director del Área de Teatro de Mincultura, y de sus proyectos incluyentes para el Colón que, como bien lo dice, es “la joya de la corona” de nuestro patrimonio arquitectónico. Usted se fue de su casa muy jovencito, ¿cómo sobrevivió? Tenía 16 años y no me daban trabajo porque no tenía libreta militar, de modo que fue muy difícil. Entré a trabajar como arrastra cables con el cineasta Diego León Giraldo y comencé a aprender el oficio.Estudiaba Administración de Empresas de noche, pero un semestre antes de terminar me fui para Nueva York porque quería era hacer cine. Hasta que nos dio la locura con Darío Vallejo -un hermano de Fernando, el escritor- y nos fuimos a París. Luego a Roma, donde llegué a ser asistente de edición y viví el mundo loco del final de la ‘dolce vita’ romana, a comienzos de los 70. Un mundo fantástico en el que aprendí a desmitificar personajes como Pier Paolo Passolini a quien acompañaba en sus correrías por Roma. Iba a su casa una vez por semana a jugar monopolio con él y con su mamá -que era entrañable- y frecuentaba su grupo donde había personajes como Bertolucci, o Alberto Moravia. Yo era la mascota. ¿Cómo recuerda a Passolini?Era muy consciente de que lo que él representaba y la confrontación que generaba en el partido comunista debido a sus posiciones políticas y sus preferencias sexuales, pero era un personaje dulce y tierno. Yo tenía 22 años y me enamoré de una bella mujer, novia de Roman Polanski, que era la gran modelo del momento, solicitada por todos los grandes fotógrafos. Me quedé con ella y vivimos dos años juntos. ¿Se puede saber cómo se llama?Jan Pugh. Vino muchas veces después a visitarme a Colombia, pero con los años le perdí el rastro. Han pasado 40 años y perdí contacto con toda la gente de esa época. Solamente quedó el cineasta y documentalista Roberto Triana, que acaba de recibir el Premio Toda una Vida, del Ministerio de Cultura, con quien trabajé allá. Como ve, mi vida comenzó pronto y en unos círculos un poco exóticos. ¿Cómo conoció al director alemán R.W. Fassbinder?Lo conocí en un Festival de Venecia. Era la primera vez que él salía a un festival importante como ese y lo miraban como un personaje extraño y exótico. Era un tipo neurótico y muy raro. Ingrid, la mujer que andaba con él y que le administraba todas sus locuras de chicos, drogas y demás, se parecía a Marlene Dietrich y era la actriz de sus películas. Con ellos vivimos una temporada alucinante, mientras por la ciudad pasaban personajes como Tenesse Williams y su amante, o Chaplin -ya muy viejo- con Oona su mujer y alguna de sus hijas. Ocurría en ese momento algo así como el relevo generacional del cine. Fue un momento ilustrador, que me enseñó a moverme en ese mundo sin dejarme obnubilar. El azar ha tenido mucho que ver en su vida, según veo.Así es, pero también tenía muy claro lo que quería hacer, que era cine. El teatro me lo inoculó Fanny Mikey muchos años después. ¿Cuándo hizo su primera película?En 1981, a los 31 años. Tiempo de Amar, que tuvo mucho éxito, con Claudia de Colombia, Amparo Grisales y Julio Alemán. Mi asistente de dirección era Celmira Luzardo y Sergio Cabrera fue mi director de fotografía. ¿Además de esa ópera prima hizo más películas?Sí, La Deuda, una película muy coral, con guión de Alejandro Buenaventura, rodada en Santa Fe de Antioquia, con Vicky Hernández, Humberto Dorado y Alejandra Borrero. Una película cuyo nombre se materializó de alguna manera y nos fuimos a la quiebra. Hace poco me llamó alguien y me dijo: te estoy viendo actuar en tu película y es muy bella. Pero yo no la quiero volver a ver. No me atrevo. ¿Por qué?Porque yo me retiré en 1997 de la Gerencia del Teatro Nacional para hacer esa película y Fanny no me lo perdonó. Pensé que hecha la película, yo volvería al teatro, pero Fanny no cedió y me tocó exiliarme en España, donde viví diez años haciendo teatro y producción de espectáculos con Sara Varas, con Joaquín Cortés, con Antonio Canales o con Antonio Gades. Hicimos grandes giras con el Ballet Nacional de España. ¿Por qué no lo volvió a recibir Fanny?Porque consideró que era una deslealtad y porque uno era propiedad de ella. Fanny era un ser espléndido pero al mismo tiempo era de un gran egoísmo en esas cosas. Si uno estaba cansado y no quería ir a cine, tenía que ir, sí o sí, porque, si no, se molestaba. Éramos muy amigos desde la época en que vivíamos en el centro de Bogotá, donde las fiestas eran fenomenales. Le ayudé con los comerciales de apertura del Teatro de la 71 porque en esa época yo era una máquina de hacer comerciales y ya estaba saturado. Y Fanny me decía dejate de joder, ¿qué estás haciendo? venite a la asistencia de dirección. Era la época en que nos íbamos de rumba porque éramos cómplices y nos amanecíamos en un antro hablando y tomando trago. Ella salía de allí a trabajar y yo iba a morirme del guayabo. Era un monstruo. ¿Y cómo arrancó a dirigirla incluso a ella?Un día me dijo “venite, hacé una asistencia de dirección de Ricardo Camacho, yo voy a hacer La Dama de las Camelias. ¿Pero no estás un poquito mayor? No importa, la voy a hacer. Le dije: voy, si la próxima obra del teatro la dirijo yo. Me dijo, bueno. Pero no creyó que yo fuera capaz. A los pocos meses, le dije que haría ‘Hay que deshacer la casa’, con Vicky Hernández y Margalida Castro, que resultó un éxito enorme. Luego dirigía incluso a Fanny y abrí el Teatro La Castellana, con ‘Doña Flor y sus dos maridos’. En otro momento Fanny me dijo ayudame cuando tengas tiempo con elteatro que está quebrado. Terminé trabajando en el teatro y dejando atrás lo mío, que era lo que me había dado un buen vivir como dicen las señoras paisas. ¿Hubo romance entre ustedes?No. No hubo romance, pero sí una complicidad muy bonita. Fanny era mi polo a tierra. Yo le ayudé desde el primer Festival Iberoamericano y fui gerente y productor, antes de mi ‘destierro’. Ya en el de 2008 vine de Madrid y me dijo: “Nos vemos en Nueva York”. Estuvimos allí 12 días con un grupo chiquito y fue la despedida. Yo le decía Fanny, ¿por qué no dejas organizadas las cosas? Dices que estás muy cansada, que no se pierda lo que has hecho. Y la respuesta era más o menos: ¡Que se jodan! Pero todo era para comprometerme a regresar porque ya me había perdonado. Iba a hacerlo cuando de repente me llaman y me dicen que Fanny está en el hospital en Cali. Yo me moría porque no podía en ese momento apurar las cosas y me quedó el sabor amargo de haberme despedido de ella por teléfono. Fanny murió el 16 de agosto de 2008 y yo llegué el 27. Me sentí totalmente perdido y mi polo a tierra desapareció.Volví a Madrid, pero al mes ya estaba de nuevo en Bogotá para recuperar mi vida y estoy aquí desde ese año. ¿Por qué dejó el Festival Iberoamericano de Teatro, del que fue productor general en 2009 y 2010, después de la muerte de Fanny?Porque no estaba de acuerdo con algunas cosas y en ese momento la ministra Mariana Garcés, me invitó a dirigir el área de Teatro del Ministerio. ¿Qué hizo allí?Contraté un estudio que reveló que hay 700 circos en Colombia y que muchas familias viven del circo, que es tal vez fue la primera imagen artística que uno tiene de niño y eso marca.El circo inclusive existe antes del teatro, de manera que me parecía que había que rescatarlo, visibilizarlo y respetarlo y para eso se creó una Mesa Permanente del Circo que adelanta una tarea muy bonita. Comenzamos a recuperar también la memoria del teatro con investigaciones sobre la dramaturgia del conflicto. Publicamos libros y, hasta donde investigamos, encontramos 300 obras de teatro escritas en los últimos 50 años en el país, que tienen que ver con el conflicto armado. Porque aquí todo tiene que ver con el conflicto armado: el cine, la literatura, la pintura, la música, la poesía, la memoria. No somos conscientes de eso porque como vivimos metidos en el conflicto no logramos visualizarlo. Trabajamos por la circulación de las obras colombianas en el exterior. Apoyamos la asistencia de artistas colombianos a festivales internacionales y hoy día unos 30 grupos viajan anualmente a festivales importantes del mundo, de manera que puedan confrontar su trabajo con los demás. ¿Cómo asegurar el gremio de los actores y actrices, que pasan largas temporadas sin que los contraten y algunos mueren en condiciones muy precarias para sus familias, sin apoyo, ni seguro social?Sí, falta seguridad social para el artista colombiano y la ministra Mariana está trabajando en eso. No es un proceso fácil porque son cargas pensionales, pero hay que lograrlo porque no es posible que cuando los artistas, que nos han dado entretenimiento y alegría, mueren haya que hacer colecta para enterrarlos. ¿Por qué ha sido tan importante el proyecto del Teatro Colón de Bogotá?Porque el Colón tiene hoy una hermosa sala del siglo XIX y un escenario del siglo XXI, apto para recibir cualquier compañía del mundo. Antes teníamos un escenario pequeño y anti-funcional con una tramoya tan bajita que ni siquiera el telón alcanzaba a encajar arriba. Tenía unos arcos muy románticos intocables, hasta que la Ministra dijo: ¿qué queremos: un teatro-museo o un teatro funcional? Su decisión fue la acertada. Se modificaron cosas como la platea que era plana y ahora tiene la inclinación que debe tener, se demolió el escenario y se construyó otro dotado de la última tecnología y con suficiente espacio para que las escenografías puedan circular.Ahora tenemos una caja escénica maravillosa y el teatro se va a seguir ampliando con tres salas más: La sala de ensayos de la Orquesta Sinfónica Nacional, otra sala para 600 personas, con foso y tramoya y una sala alterna que es al mismo tiempo una sala experimental, una caja negra similar a la que tiene el teatro- estudio Julio Mario Santodomingo, para 300 personas. Habrá laboratorios de luz, de audio, sala de ensayo de música, ballet, teatro, una plazoleta de eventos, un centro de documentación, cafetería y parqueaderos.Ese proyecto revitalizará completamente esa zona de La Candelaria y la ciudad tendrá por fin el gran centro cultural que merece como capital del país. Alrededor de este proyecto hay varios más que sería largo enumerarle. ¿Cuál es su nueva orientación del Colón?Llevamos 48 funciones en menos de tres meses. Más de 25.000 espectadores. Eso se dice rápido, pero tiene un trabajo enorme detrás y estamos cambiando esa percepción que se tenía del Teatro Colón como un teatro elitista y casposo, para que sea un teatro abierto a todos los colombianos, a todos los artistas y a todos los géneros, absolutamente incluyente. Bogotá tiene al año cuatro millones y pico de visitantes y una gran porcentaje de ellos va al centro para conocer el Colón. Ahora vamos a tener cafetería a la entrada para que la gente tomarse un café y hacer visitas guiadas. Queremos acercar los jóvenes y por eso no sólo tendremos también las músicas urbanas que ellos escuchan, sino que haremos ese género musical con la Sinfónica y con el coro de la Opera. A la franja infantil y familiar los domingos es increíble como llega la gente. Volviendo Festival Iberoamericano de Teatro, ¿podrá subsistir? Es verdad que pasa trabajos?Lleva pasándolos desde 2010, porque se hizo un festival excesivamente grande, sin los recursos suficientes y se perdió mucho dinero, en el siguiente también se perdió y en el siguiente. Y aunque no ha logrado volver a balancearse yo creo que el Festival tiene que sobrevivir y que hay que apoyarlo, pero tiene que cambiar.Creo que se debe generar un debate sano porque así como está no tiene futuro. No se puede estar viajando, seleccionando, dirigiendo, pensando y consiguiendo plata a la vez, porque nadie tiene la capacidad de Fanny. ¿Las nuevas leyes del cine aseguran un buen futuro para el cine y sus realizadores?Sí, ahora se están haciendo más de 20 películas al año. Cuando yo hice La Deuda, fue la única que se hizo ese año y me tocó a mí financiarla; la pagué, pero me quedé ilíquido. Ahora hay apoyosporque las dos leyes han sido estructurantes del sector. La Ley de 2003 fue importantísima y sus frutos ya se ven. Y la Ley que sacó la Ministra Mariana en 2012, es espléndida. Se quiere convertir a Colombia en un país de locaciones y facilidades para hacer películas y los incentivos son muy importantes: un 40 % de devolución de lo invertido en rubros como artistas, técnicos, equipos y locaciones.Creo que Colombia es el único país que da eso en el mundo. Hay otras disposiciones que retornan entre el 25 y el 30 % de lo que se invierte en logística, transporte, hoteles, alimentación. Eso atraerá mucha gente, sobre todo si el país logra mantener la idea de que es un país cada vez más seguro. ¿Entonces será importante y rentable hoy, estudiar Cine?Sí, Colombia tiene muchas cosas que contar. Vamos a ver muchos Escobares y muchos capos, violencia y guerrilla, tanto en televisión como en cine, pero, ¿cuántas películas les tocó a los gringos aguantarse sobre el Oeste y la mafia? No podemos ser más papistas que el Papa: esa es nuestra realidad y sobre ella seguirán publicándose libros, series y películas, de manera que no hay que estigmatizar tanto las cosas. Todo se decantará y surgirán otros temas.