En medio de la encrucijada eterna frente a las aspersiones aéreas tras los intentos fallidos por erradicar los cultivos de uso ilícito en el país, el sector palmicultor propone una revolución silenciosa desde la legalidad y el arraigo rural.

Tras un año registrando cifras récord de producción, consolidándose como el segundo producto más cultivado en Colombia y como motor clave del agro en Colombia, Carlos José Murgas, presidente de la Junta Directiva de Fedepalma, lanza una premisa contundente: el desarrollo rural y la agroindustria sostenible son las herramientas más poderosas para arrebatarle el territorio a las estructuras ilegales.

Oleoflores, una de las empresas modelo del sector palmicultor en Colombia, fue creada por el exministro Carlos Murgas Guerrero y agrupa a 3500 agricultores, que son la columna vertebral del insumo para las plantas extractoras en varias regiones del país. | Foto: El País

En diálogo con El País, el dirigente gremial se refirió a los desafíos del sector palmicultor en materia de seguridad, el fortalecimiento de la industria y las razones por las que considera que la palma de aceite, más que un negocio, es el camino más viable para transformar la economía y la convivencia en las regiones más vulnerables del país.

“La palma ya demostró en el Catatumbo, en el sur de Bolívar, que es una solución para toda todas esas familias cocaleras; porque no hay que olvidarse que son campesinos, familias parceleras, cocaleras, para que tengan un cultivo cierto, industrial y con comercialización asegurada en ese cambio que quieren hacer”, explicó el dirigente.

“En el Catatumbo tenemos una muy buena experiencia, empezamos con 350 hectáreas, llevamos por 42.000 y es pura economía campesina. ¿Por qué? Porque se le asegura al palmicultor excocalero: uno, la plata para erradicar. Dos, plata para establecer y sostener el cultivo, y se le invita para que sea socio de la planta extractora”, indicó Murgas, señalando que ese es el modelo que hay que replicar en todo el país si se quiere convencer a las familias de no volver a sembrar coca.

Aseguró frente al tema de precios que los resultados y las cifras son concretas de cuánto deja la coca en el Catatumbo y cuánto deja la palma e indicó que es por lo menos 12 a 14 puntos más de rentabilidad y sin recurrir a la ilegalidad.

Cuestionado sobre el respaldo que necesitan los pequeños palmicultores en zonas complejas por materia de orden púbico, indicó que el nuevo gobierno tendrá que tener un paquete específico para el tema de sustitución de cultivos.

Dirigentes de diferentes gremios de la producción y la industria se dieron cita en el Congreso Nacional de Fedepalma para discutir sobre los desafíos de la economía y el agro en Colombia. | Foto: El País

“Para mí lo que funciona es: uno, que un núcleo palmero de los cinco o seis que hay en Tumaco se comprometa a hacer un vivero. Ese vivero es el principal insumo porque demora un año para que las palmas estén listas. Reunir a las familias campesinas, hacer un programa asociativo, que el Banco Agrario, Finagro, actúen mucho más rápido con el modelo de financiamiento porque a veces, como nos pasa actualmente, los palmicultores ya llevan un año sembrado y aún no les han salido los crédito. Entonces, ahí cualquiera se desestima”.

Frente al modelo creado por la empresa Oleoflores, de propiedad de su familia, resaltó que lo que hacen es asumir los costos de los palmeros mientras sale el crédito para incentivar al productor. Si el campesino ve que se están moviendo rápidamente con los recursos, siembra, se mantiene y le va bien.

“Entonces, el programa de gobierno tiene que ir directo a esas zonas cocaleras que tengan la posibilidad de integrarse, de tener asistencia técnica, desembolsarles el crédito de una vez y darles los incentivos. De ahí para adelante, una vez ya han sembrado, esa gente no vuelve más a la coca”, aseguró el Presidente de la Junta Directiva de Fedepalma.

Frente al modelo de Oleoflores, creado por su padre Carlos Murgas Guerrera cuando fue Ministerio de Agricultura, señaló que “es una empresa familiar que agrupa 3500 agricultores, que son la columna vertebral de la proveeduría y son nuestros accionistas en las plantas extractoras alrededor del país”.

Oleoflores es una compañía que procesa la producción de 72.000 hectáreas de familias campesinas y posee cuatro plantas extractoras, dos refinerías, una planta de biodiésel y dos plantas de empaque de aceite y margarina. | Foto: El País

“Sin esos pequeños agricultores, Oleoflores sería todavía una extractora pequeña, una refinería pequeña con 3000 hectáreas. Hoy somos una compañía con 72.000 hectáreas, cuatro plantas extractoras, dos refinerías, una planta de biodiésel, dos plantas de empaque de aceite y margarina, y estamos llegando a productos especializados para la bioquímica, todo gracias a esas 3500 familias que producen la materia prima y que son dueñas de la tierra”, concluyó Carlos José Murgas.