Un relato estremecedor e impactante, durante más de cuatro horas, fue el que Diana Ospina, la mujer que fue víctima de un secuestro y hurto en un taxi de Bogotá, y que apareció después de cerca de dos días desaparecida, rindió ante una fiscal especializada del Gaula.
Su historia de terror inició cuando empezó el recorrido (que ella creyó sería de regreso a casa) en un taxi que abordó luego de salir del establecimiento nocturno, en el sector de Chapinero, en la madrugada del domingo 22 de febrero.
Diana le contó a la Fiscalía que desde que inició el recorrido, tuvo la sospecha de que el conductor del taxi no era de fiar, porque lo escuchó hablar “como en clave” con otras personas a través de su celular.
Pero como el recorrido parecía normal hacia su casa, la mujer no alertó ni a sus amigos ni a sus familiares. Y es que fue preciso cuando estaba por llegar a su hogar, que dos hombres, en cuestión de segundos, abrieron las puertas del taxi y se subieron. Y empezó a perpetrarse el delito de secuestro.
Durante las primeras horas, Diana permaneció encerrada en el vehículo de servicio público, con los desconocidos que cada vez se tornaban más agresivos, incluso nerviosos e inexpertos, al parecer. Ellos la obligaron a mantener la cabeza agachada, para que no viera el camino que estaban tomando.
El conductor y quienes aparecieron en los videos de seguridad a los alrededores del establecimiento nocturno donde estaba Diana con sus amigos, fueron quienes la retuvieron en el automóvil y la amenazaron constantemente con un arma de fuego, incluso intentaron golpearla.
Se conoció que el recorrido los llevó hasta el sur de Bogotá, en el sector de Ciudad Montes, localidad de Puente Aranda, donde realizaron algunos retiros en cajeros electrónicos.
Diana fue víctima de un robo que superó los 40 millones de pesos, de acuerdo a lo reportado por su familia.
Posteriormente, los delincuentes entregaron a la víctima a otra organización criminal. Diana, quien iba en la silla trasera del taxi, con su cabeza agachada, se percató de que los delincuentes se empezaron a desplazar, sintió que el vehículo iba como por una pendiente, hasta que la llevaron a una casa y la tuvieron encerrada en una habitación.
Ella alcanzó a percibir que estaban saliendo de Bogotá, porque en cuanto el carro más subía, más lejano se escuchaba el ruido de la ciudad. Mientras le pedían silencio, los secuestradores hablaban en clave.
Durante todo ese tiempo, la víctima estuvo con los ojos vendados y con una capucha.
Transcurrieron más de 12 horas en el sitio lejano a la ciudad donde otros delincuentes, al parecer, más experimentados, le advertían que la soltarían y le darían la libertad, tal como ocurrió en la noche del lunes 23 de febrero.
Pese a salir sana y salva, Diana dijo que no hubo más agresiones mientras estaba en la casa, que incluso le ofrecieron comida, pero no recibió nada.
La declaración de Diana Ospina se suma al proceso de investigación que se lleva a cabo para establecer la plena identidad de los responsables del secuestro y posterior captura.
El conductor del taxi en el que se movilizaba Diana, se acercó este 24 de febrero, a la Fiscalía y rindió una diligencia de declaración, en compañía de su abogado. Pero aseguró que también fue una víctima y que los hombres que subieron a su vehículo lo amenazaron.
Una versión que contradice la versión de la propia víctima y lo quehan determinado los investigadores, para quienes todos conocían el plan criminal.
Cámaras de seguridad en varios puntos de la ciudad contenían suficiente información para armar el rompecabezas investigativo.
En las primeras conclusiones de este caso, se asegura que no se trataría de un hecho aislado, sino de una organización criminal dedicada al paseo millonario en las afueras de los establecimientos nocturnos de la capital del país.
Hay demasiados detalles que se mantienen en reserva, con el fin de no alterar o entorpecer la investigación.