Algunos duermen con las botas debajo de la almohada para que no se les pierdan.

Juan Pablo Vargas se toma de los tirantes verdes de su uniforme —camisa caqui, pantalón azul— y dice:

Esto es lo que me motiva a levantarme todos los días. Amo esta oportunidad.

Es martes y Los Calidosos, un grupo de ciudadanos que alguna vez fueron habitantes de calle, recorren los alrededores del búnker de la Fiscalía, en el centro de Cali. Recogen residuos, orientan a turistas y transeúntes y conversan con personas que duermen en los andenes, como una forma de recordarles que sí es posible salir de allí.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

En el antebrazo derecho de Juan Pablo hay un nombre tatuado: Danna Stefanía. Es su hija. En el cuello, otro tatuaje dice: Keep Calm. “Siempre calma”.

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A la zona la llamaban El Calvario. Juan Pablo, que la recorrió durante años cuando habitaba la calle, cuenta que antes de que se inaugurara el búnker de la Fiscalía, en noviembre de 2025, muy pocos se atrevían a caminar por estas calles de casas antiguas.

Nadie podía entrar así, desprevenido o sin ser conocido. ¿Ve esos edificios del fondo, donde ahora hay apartamentos? Eso era un expendio de droga. Ahora se puede entrar al barrio, con cuidado, como en todas partes, pero se puede entrar —dice mientras caminamos junto a una bodega de reciclaje.

Otros Calidosos barren una esquina llena de escombros. Uno conversa con un carretillero. Otro acompaña a un hombre que camina en muletas. Más adelante, una mujer sentada sobre un andén, con manchas en la piel, escucha a dos de ellos invitarla a acercarse a Samaritanos.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

En una esquina, una pareja de ancianos vende ropa usada. Más allá hay una tienda llamada Marisol donde anuncian helados. Desde un puesto de plantas medicinales llega olor a sahumerio.

—El búnker ha servido mucho para cambiar el entorno del barrio, además de los proyectos de renovación urbana —agrega Juan Pablo.

Meses antes de que se inaugurara el búnker, una delegación de la Fiscalía llegó a El Calvario para entender qué sucedía alrededor de la obra, quiénes vivían allí, cuáles eran las dinámicas del sector y sus referentes. En el barrio señalaron hacia la Fundación Samaritanos.

La Fiscalía tocó sus puertas con una idea poco común: que el nuevo edificio no expulsara a quienes históricamente habían vivido alrededor, incluidos los habitantes de calle.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

A Libia Fanny Mina, directora de Samaritanos, y a los delegados de la Fiscalía, se les ocurrió entonces crear Los Calidosos: gestores comunitarios, ambientales y sociales que hubieran logrado salir de la calle.

Se organizó un banquete en el Club Colombia y quienes quisieran podían donar 500 mil pesos para generar proyectos alrededor del búnker. Se reunieron 38 millones de pesos. Con esos recursos iniciamos Los Calidosos —cuenta Libia Fanny.

Escogieron 12 personas (el objetivo es llegar a 200). Algunos ya habían superado la vida en calle y esperaban una oportunidad laboral. Otros permanecían en hogares de paso o dormitorios sociales. Con apoyo de Comfandi recibieron capacitación en resolución de conflictos, manejo de emociones, cooperativismo y procesos ambientales.

Los Calidosos son hoy una cooperativa de ciudadanos que alguna vez durmieron sobre andenes, en la banca de un parque o bajo el techo de alguna panadería, como le ocurrió a Juan Pablo.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

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En mi caso viví cinco años debajo del puente de La Isla, en el norte —dice Luis Alfonso Marín, sentado en el segundo piso de la Fundación Samaritanos, en el barrio San Bosco, a pocas cuadras del búnker.

Habla despacio. Sus manos son grandes. Durante décadas, cuenta, trabajó como “motorista”.

—Se llega a la calle por diferentes circunstancias. Yo me quedé solo. En ese momento era taxista. Me junté con una muchacha, no me entendí con ella y esa fue la razón para entregarme al licor y después a otras sustancias, hasta terminar en la calle. Una noche le clamé a Dios y me respondió. Hoy le doy gracias por tenerme en este proyecto.

Luis Alfonso hace una pausa.

—Sentirse parte es fundamental para dejar la calle —agrega mientras se mira, orgulloso, el uniforme.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

Hugo Ocampo, otro de Los Calidosos, dice que incluso el nombre del grupo es una forma de exigirse ser mejores personas. Un calidoso es alguien amable, solidario, luz para los demás.

Estamos en una sociedad donde se invirtieron los valores. Un perro en la calle genera más alarma que una persona viviendo en la calle. Los Calidosos queremos cambiar eso – añade Hugo.

Abajo, en la esquina de Samaritanos, un hombre permanece en cuclillas sobre unos cartones. Juan Pablo relata que hace no mucho tiempo él también dormía al aire libre, en el Parque de Las Tortugas, sobre la Avenida Sexta.

Hace unas semanas, durante una salida de Los Calidosos para repartir raciones, vio a lo lejos a un viejo compañero que seguía durmiendo en el mismo lugar de siempre. Juan Pablo caminó hasta él con una bolsa de comida entre las manos.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

Quihubo, mano. Dios lo bendiga —le dijo.

El hombre levantó la cabeza despacio. Lo miró en silencio. Primero a la cara. Después al uniforme. Luego volvió a mirarlo.

—¿Usted es Pablo?

Juan Pablo se rió.

—Sí, claro.

Pero el hombre seguía desconfiando. Es un caleño que alguna vez viajó a Ecuador y, no se sabe bien qué le sucedió, terminó viviendo en la calle allá. Después regresó a Cali de la misma manera.

—No. Usted no puede ser Pablo.

Juan Pablo recuerda que estaba limpio, recién bañado, con el uniforme de Los Calidosos puesto y las botas café bien amarradas.

—¿Y usted qué está haciendo así? No, usted no es Pablo —insistía su amigo.

Entonces Juan Pablo le contó que había pedido ayuda para salir de la calle. Que ahora trabajaba con Samaritanos. Que estaba intentando cambiar de vida. Que era un calidoso.

Los Calidosos es un programa social de la Fundación Samaritanos de la Calle que trabaja junto a la Fiscalía General de la Nación en Cali para resocializar y brindar nuevas oportunidades laborales a habitantes de calle. | Foto: El País

Su amigo guardó silencio unos segundos. Después aceptó subirse a la buseta para ir a la fundación Samaritanos a bañarse.

A Arnold Prado, otro de sus compañeros que escucha la historia con atención, se le quiebra la voz.

No fue de la noche a la mañana —comenta.

Arnold relata que hace unos meses sentía que no valía nada. Vivía en la calle. Su familia no quería saber de él. Ahora ha empezado a recuperarla. También volvió a abrir su taller de cerrajería.

— Ser parte de este proyecto es una segunda oportunidad de vida.

En la mano sostiene la gorra azul de Calidosos. A su lado está Yair Villaquirán, quien asiente. Es un joven afro que tras vivir en la calle, hoy estudia licenciatura en ciencias naturales y medio ambiente. Los Calidosos también quieren recuperar las zonas verdes alrededor del búnker. Uno de los primeros proyectos es la siembra de jardines.

Juan Pablo vuelve a acomodarse los tirantes verdes del uniforme.

A unos metros, sobre un andén, el hombre en cuclillas sobre cartones advierte a otros habitantes de calle que “están tomando fotos”. Juan Pablo lo tranquiliza.

Con nuestra presencia algunos amigos empiezan a creer que sí se puede salir de estos andenes —dice.

Después sigue caminando hacia el búnker.