La Feria de la Caña de Azúcar, así se llamó en 1957 el primer evento masivo que se organizó en la ciudad un año después de la tragedia del 7 de agosto de 1956, cuando siete camiones de dinamita explotaron en el centro de Cali. El evento, que hoy se conoce como la Feria de Cali y es el de mayor impacto económico, nació como una medida para levantar el ánimo de los ciudadanos y devolverles la alegría, así como una estrategia para mover el comercio local que estaba detenido por el desastre.
A casi 70 años de aquella explosión devastadora, Cali volvió a sufrir un golpe severo, esta vez por cuenta del terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto, un mes adverso para los caleños. Desde ese momento, la ciudad se detuvo para atender la emergencia, rescatar a los sobrevivientes y atender a los damnificados.
Casi un mes después, en medio del duelo por las 154 personas fallecidas, 14 más aún desaparecidas y cientos de damnificados que aún continúan en albergues, la ciudad comienza a moverse, la reconstrucción y la reactivación van de la mano, por ello, desde la Administración Distrital no solo trabajan a nivel de infraestructura urbana, también en el fortalecimiento moral, emocional y espiritual de los caleños, dándole continuidad a los grandes eventos culturales.
En este sentido, Julián Arteaga, secretario de Cultura de Cali, conversó con El País sobre cómo estará organizada la nueva agenda de eventos tras el terremoto, las medidas que se están desarrollando para apoyar los sectores artísticos afectados, y defendió el aporte fundamental de la cultura a la reconstrucción de la ciudad.
—¿Cómo ha sido enfrentar esta contingencia desde la Secretaría de Cultura, tomando decisiones sobre la marcha? ¿Cómo vienen estabilizando todos los frentes del sector cultural afectados?
Estas son situaciones que a veces exceden las mismas capacidades humanas y, en este caso, no ha sido muy fuerte, sobre todo por el impacto social. Como Secretaría de Cultura, una situación tan disruptiva como la que vivimos, implica necesariamente que muchas cosas se tengan que interpretar de una forma distinta y teniendo otras prioridades, por eso, la primera decisión en su momento que fue muy dura, como fue haber suspendido el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez.
La decisión de suspenderlo, que tomamos con el alcalde Eder, tenía en un comienzo los límites de lo contractual, porque estábamos a dos días de iniciar el Festival, pero también la necesidad de poderse conectar con lo que estaba sufriendo la ciudad. Así esto nos obligó a nosotros a entender que la situación estaba reclamando otras cosas de la Secretaría de Cultura.
Por eso también lo que era la Casa Grande del Pacífico se convirtió en un centro de acopio y, como Secretaría de Cultura, estuvimos ejerciendo una tarea importante que era recibir lo que se movilizó en términos de aportes ciudadanos y de otros países, y poder garantizar que esos aportes pudieran llegar como medios de vida a los damnificados.
—El Petronio Álvarez ha estado en primera plana, primero porque fue suspendido justo en la semana que ocurrió el terremoto, y ahora porque se va a realizar en noviembre, ¿puede comentarnos cómo será esta versión y las modificaciones a las que se vieron obligados?
Dentro de la misma tradición del Pacífico, creo que debemos permitirnos un proceso de cierre, no dejar abierta esa necesidad de realizar por lo menos una dinámica del Festival Petronio Álvarez, porque esos ciclos son claves en términos de lo que implica espiritual, emocional y culturalmente. Pero para cerrar este ciclo el Petronio va a tener que ajustarse a la realidad misma que vivimos.
Teníamos pensada una celebración de 5 días, cuya expectativa de asistencia para este año podría haber superado el millón de personas, estamos hablando de que casi el 30 % de la población de Cali participaba de esta fiesta, pero ya no puede plantearse en los mismos términos.
Realmente el Pacífico ha sido empático siempre con Cali, por lo que esta versión no puede tener las características de una celebración sin tomar en cuenta todas las personas que hoy no nos acompañan. Debemos tomar en cuenta lo que implica para la ciudad el ejercicio de pensarse esa reconstrucción física y arquitectónica de forma más amplia, también pensarlo como una reconstrucción emocional.
Así que estamos organizando este Petronio Álvarez orientado a esa conexión sanadora desde la cultura, más que un evento festivo será, como diríamos nosotros, un arrullo sanador que nos permita conectar estas manifestaciones con la ciudadanía, que la gente pueda estar cerca del Petronio, pero en un evento más íntimo.
—¿Ya tienen definido el nuevo espacio donde realizarlo?
Estamos buscando cuál va a ser el espacio más adecuado, sobre todo porque debe cumplir las condiciones de seguridad, no solo para los artistas, sino para los ciudadanos.
Estamos revisando tres opciones de espacio que tenemos y entendemos que nuestra agenda cultural va a estar muy apretada en noviembre, pero lo haremos y vamos a anunciar la fecha prontamente. Será en un espacio más íntimo y de conexión con la comunidad, pero sobre todo pensando en la necesidad de ser empáticos y de poder generar esas conexiones culturales y emocionales que requiere la ciudad para sanar.
—¿Hasta el momento que registro tienen de cómo está afectado el sector cultural?
Apenas se generó la situación de sismo, empezamos a atender como por fases cada urgencia que se venía identificando, sobre todo en un ejercicio permanente de ajuste, porque todo se venía haciendo sobre la marcha. Emprendimos unas acciones iniciales de mitigación que era entender cómo estábamos, qué estaba pasando con el sector para poder empezar a pensar en soluciones.
Entonces, generamos un esquema de autorreporte por todos los sectores y la fecha de hoy nos están diciendo que tenemos casi el 70 % del sector cultural en una baja operación o sin operación. Es una afectación muy importante que toca escuelas de salsa, no solo las escuelas de reconocidas, sino las que están en los barrios populares de Cali.
Estamos hablando de salas de teatro independiente y las salas concertadas. Estamos hablando también de organizaciones de danzas folklóricas, de música urbana.
Son muchas las manifestaciones que han tenido que detenerse por la situación que vivimos y no solo porque haya afectaciones físicas o de infraestructura en estos espacios, sino porque también hay desde el sector artístico y cultural una preocupación por proceder de forma empática.
Si bien no es un momento para hablar de celebraciones o de fiesta, en esa misma preocupación nosotros venimos trabajando en la necesidad de podernos dinamizar desde la empatía, en una misma lógica narrativa, porque la cultura es un elemento fundamental que requerimos para volver a levantarnos como ciudadanos.
Y eso es clave, porque no solamente necesitamos evaluar cómo está la infraestructura de la ciudad, sino también cómo estamos nosotros en nuestro interior, emocionalmente como público y cómo están nuestros artistas.
Esos los elementos claves que tenemos en cuenta para podernos plantear la necesidad de ese ajuste de cronogramas, la necesidad de ofertas culturales que no solamente son las institucionales desde la Alcaldía, sino también las de todos los gestores culturales de Cali.
Esos elementos son muy importantes dentro de toda esta ecuación, porque hay que armonizarlos para que podamos dinamizar de nuevo un sector cultural que requiere generar ingreso, pero siendo empáticos con la situación de la ciudad.
—¿Los espacios para estos eventos serán un desafío?
La nueva realidad plantea una dinámica totalmente distinta, porque no vamos a poder estar en los espacios con los aforos tradicionales que teníamos. El Coliseo ya no es un espacio que podamos usar, allí era donde hacíamos normalmente el Festival Mundial de Salsa, y la Ciudadela Petronio o la Unidad Deportiva tampoco podemos utilizarla en estos momentos, porque no se afectó estructuralmente, pero algunos espacios alrededor, en las zonas residenciales se afectaron totalmente y están deshabitadas en estos momentos.
Así que para nosotros ahora lo importante es, bajo ese panorama de evaluación y de las condiciones de infraestructura, entender que vamos a movernos sobre dos premisas fundamentales: una es tener condiciones seguras donde vayamos a generar nuestros espacios de festivales, y la otra es que no lo vamos a hacer todo centralizado en un lugar. Nos toca obligatoriamente descentralizar la oferta y llegar al territorio.
Y creo que esto finalmente es una oportunidad clave también para la ciudad y para la zona rural y urbana, pues las condiciones también nos motivan a poder hacer mucha más presencia en el territorio con nuestros festivales, va a ser una oportunidad para conectarnos y movilizar economía local. Así se llevará a cabo la agenda de la ciudad.