Hugo Penagos volvió al lugar donde hasta hace pocos días estaba su casa. Bajó de un carro, miró los escombros y sintió que el corazón se le aceleraba. Una presión en el pecho lo hizo detenerse por un momento. Frente a él ya no estaba el apartamento que había construido junto a su esposa durante años de esfuerzo. Estaba lo que quedó del edificio Cantabria, en el sur de Cali, reducido a ruinas después del sismo del pasado 10 de agosto.

“Cuando venía bajándome del carro, se me acelera el corazón, siento una presión en el pecho, se pone uno como algo tenso”, cuenta Hugo, mientras permanece de pie frente al lugar en el que estuvo a punto de morir.

Han pasado once días desde aquella mañana. Hugo todavía lleva un brazo inmovilizado. Su mano permanece hinchada y en su rostro son visibles varias laceraciones. Su hombro también está afectado. Desde el día del colapso permaneció hospitalizado y tuvo que ser sometido a tres cirugías. Pero está vivo. También lo están su esposa y su pequeña hija. Esa es, para Hugo, la razón principal para intentar comenzar de nuevo.

El 10 de agosto había llegado de trabajar a las 5:00 de la mañana. Regresó a su casa alrededor de las 6:20 a. m. y se puso, junto con su esposa, a ayudar a preparar a la niña para llevarla al jardín. Ella alistaba la lonchera cuando comenzaron a sentir el movimiento de la tierra.

Su esposa se asustó.

—¿Qué hacemos, qué hacemos? —le preguntó.

No hubo mucho tiempo para pensar. Hugo tomó la decisión de bajar.

Su esposa cargó a la niña en brazos y salió corriendo por las escaleras. Hugo salió junto a una vecina. El edificio comenzaba a sacudirse y ellos solo tenían una prioridad: llegar a la salida.

Bajaron rápidamente desde el cuarto piso. En medio de la carrera encontraron una puerta que tuvieron que forzar para poder salir. Primero salió la niña. Luego su esposa. También logró salir la vecina. Hugo alcanzó a llegar a la zona de la recepción, pero fue allí cuando una pared se vino abajo: “Yo salgo pero me cae una pared encima”, recuerda.

Si desea ayudar con un aporte económico a Hugo Penagos, lo puede hacer al Nequi o la llave 3177636827

Hugo Penagos volvió al lugar donde hasta hace pocos días estaba su casa. | Foto: El País

La estructura lo dejó tendido y desorientado. Su esposa, a su vez, quedó atrapada entre la recepción y otra pared que había caído. Fueron los vecinos quienes acudieron a ayudarlos. Entre varios lograron levantar la pared que había caído sobre Hugo y sacarlo de allí. Después, los recuerdos se volvieron confusos.

“Yo salgo desorientado. Yo quedo justamente por acá, donde ustedes me están haciendo esta entrevista. Yo quedo aquí parado desorientado. Hay muchas cosas que no las recuerdo”, relató.

Hugo recuerda haber hablado con personas, con amigos y familiares, pero asegura que buena parte de lo ocurrido después del colapso permanece borrosa en su memoria. Lo que sí recuerda con claridad es que su familia había logrado salir.

Sus lesiones fueron graves. Tuvo que someterse a una cirugía facial y a una cirugía en la mano, donde tenía un hueso expuesto. También sufrió una luxación de hombro y lesiones en ligamentos y tendones. Mientras Hugo se recuperaba en una clínica, su hogar quedó sepultado entre los restos del Cantabria: “Lo perdimos todo”, dice.

Algunos vecinos han logrado rescatar unas pocas pertenencias. Pero, según cuenta, es muy poco frente a todo lo que quedó allí. Entre los escombros también permanece su camioneta.

Hugo, junto con un amigo, volvió al que era su hogar hasta el pasado 10 de agosto. | Foto: El País

Allí quedaron años de trabajo, esfuerzos, proyectos y objetos que representaban la vida que él y su esposa habían construido. Sin embargo, cuando habla de lo perdido, Hugo vuelve una y otra vez a lo que sí conserva: su familia.

“Hay ratos que uno está bien, a ratos está mal. Son situaciones muy complejas, muy difíciles”, reconoce.

Durante estos días, además de las heridas físicas, ha tenido que enfrentar el impacto emocional de regresar al lugar y comprobar que su vivienda ya no existe. Aun así, dice que no ha estado solo.

Familiares, amigos, conocidos e incluso personas que no lo conocían se han acercado para ayudarlo. Algunos lo han acompañado con mensajes. Otros han entregado ayudas materiales. Un amigo, cuenta Hugo, incluso les ofreció un apartamento para que él, su esposa y su hija puedan vivir allí durante algunos meses.

“Cada mensaje de apoyo, eso me alentaba mucho estando en la clínica en estos momentos. Eso es lo que más me ha servido”, cuenta.

Hugo debe volver a iniciar de nuevo su vida junto a su familia. | Foto: El País

Por eso, ahora que comienza una nueva etapa, Hugo intenta aferrarse a la posibilidad de recuperar, poco a poco, lo que tenía: “Hay que iniciar nuevamente. Vamos a salir de este suceso tan difícil”, dice.

El edificio Cantabria quedó reducido a escombros. Hugo, en cambio, salió de allí con heridas, con recuerdos que todavía intenta reconstruir y con una familia que logró sobrevivir a uno de los momentos más difíciles de su vida. Ahora le toca empezar de nuevo.

Hugo, su amigo y don Armando Carrillo, quien también vivía en el edificio Cantabria, se reencontraron luego del desastre. | Foto: El País