A pocos días de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, organizaciones como Cali Cómo Vamos, la Fundación WWB Colombia y el Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM) presentaron en El País el análisis Lo que sienten las caleñas: ingresos, cuidado, seguridad y vida rural, un diagnóstico que expone las principales brechas que enfrentan las mujeres en la ciudad.

En materia de seguridad, las cifras son alarmantes, Cali cerró 2025 con 68 homicidios de mujeres y un aumento del 18,6 % en delitos sexuales. Además, se registraron 4.516 denuncias por violencia intrafamiliar interpuestas por mujeres, equivalentes al 73 % del total de casos.

El informe evidencia brechas persistentes en empleo, autonomía económica y sobrecarga de trabajo doméstico no remunerado. | Foto: Getty images

El director de Cali Cómo Vamos, Danny Angarita, explicó que el panorama tiene factores específicos que agravan la situación. “Uno de cada tres casos de violencia intrafamiliar tuvo como circunstancia generadora los celos”, señaló.

Agregó que en Cali “más de la mitad de los casos tuvo como presunto agresor a exparejas”, una proporción superior al promedio nacional.

Para Angarita, estos datos obligan a una reflexión más profunda: “No podemos seguir permitiendo que la mala gestión de las emociones impacte negativamente en la integridad de las mujeres en Cali”.

Aunque se reportó una reducción en feminicidios, desde el Observatorio advierten que el problema sigue siendo estructural. María Camila Hernández, coordinadora de incidencia política del OEM, afirmó que “la disminución en la cifra de feminicidios puede dar un panorama positivo, pero puede resultar apresurada si no ponemos atención a otros elementos”.

Hernández subrayó que el feminicidio es apenas “la punta del iceberg de las violencias”, y que debajo persisten agresiones sexuales, violencia intrafamiliar y violencia económica que sostienen ese fenómeno. Además, insistió en la necesidad de fortalecer los mecanismos de reacción inmediata y protección para mujeres en riesgo.

En el plano económico, el informe evidencia que el 35 % de las mujeres no tiene ingresos propios y que solo el 56 % participa en el mercado laboral, frente al 74 % de los hombres. La tasa de desempleo femenina alcanzó el 10,2 %, casi tres puntos por encima de la masculina.

Las brechas se profundizan en poblaciones específicas. “Esa tasa aumenta a 15,7 % si la mujer es afro y a casi 20 % si es joven”, precisó Angarita, al advertir que la desigualdad tiene un fuerte componente etario y étnico.

La informalidad es otro obstáculo crítico. En la zona rural, el 90 % de las mujeres ocupadas trabaja en condiciones informales y solo tres de cada diez tienen empleo remunerado. Esta precariedad impacta directamente su autonomía y su vejez: el 72 % de las mujeres mayores de 60 años no cuenta con pensión.

Soraya Husain, directora de investigación de la Fundación WWB Colombia, explicó que la falta de ingresos propios limita la capacidad de decisión. “Las mujeres que no tienen ingresos propios se les dificulta tomar decisiones sobre sus vidas”, afirmó. Y añadió que la informalidad implica que “cuando pasa cualquier situación, no vas a tener una red que te sostenga”.

Desde el Observatorio vinculan directamente economía y libertad. Hernández sostuvo que la dependencia económica “puede generar escenarios de desigualdad de poder que al final pueden llevar a perpetuar situaciones de violencia o a permitirlas bajo el riesgo de quedarse sin sustento”.

Expertos analizaron las cifras sobre seguridad, ingresos, cuidado y vida rural que marcan la realidad de las mujeres en Cali. | Foto: Captura transmisión

A este panorama se suma la crisis del cuidado. Las mujeres en Cali dedican casi ocho horas diarias al trabajo doméstico no remunerado; en la ruralidad, la cifra asciende a nueve horas. “El trabajo de cuidado no remunerado aporta cerca del 20 % del Producto Interno Bruto”, recordó Hernández, al insistir en que no puede seguir siendo invisible.

Para las organizaciones, el reto pasa por redistribuir el cuidado, formalizar el empleo femenino y fortalecer la autonomía económica. Como concluyó Hernández, es necesario avanzar hacia una “corresponsabilidad entre Estado, sector privado, familia y comunidad”, para que la igualdad deje de ser una promesa y se convierta en una realidad para las caleñas.