Este año un fotógrafo icónico de El País, Jorge Orozco, fue elegido Reportero del Año en el Premio a la Excelencia Rodrigo Lloreda Caicedo. Conozca su historia de riesgo, aventura y valentía.
Este ha sido el mejor año de la vida del fotógrafo y periodista Jorge Orozco. Así lo confiesa. No solo nació su nieta Amelie, que lo ha inundado de un amor y una ternura insospechados. También ganó el Premio Bonilla Aragón y el Premio Semana Argos, por sus fotografías sobre las mujeres de la tribu wounaan noman que viven en los límites entre el Valle y el Chocó. Y obtuvo un premio nacional de retrato.
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Como si fuera poco, acaba de ganar tres galardones en el Premio a la Excelencia Periodística Rodrigo Lloreda Caicedo -que cada año entrega El País-, entre ellos el más importante de todos: Reportero del Año. Orozco intentó dedicarse a la ingeniería de minas pero ganó el pulso su pasión por la fotografía, oficio que le ha permitido criar a sus hijos, ver crecer a su familia, tener amigos, viajar por lugares que nunca soñó visitar, conocer personas y experiencias dolorosas, emocionantes, asombrosas y heróicas que han marcado su vida. De sus 25 años en la fotografía, lo más desgarrador que ha tenido que cubrir -y lo ha hecho por 18 años- es el conflicto armado en Colombia. Ver el sufrimiento de los niños deja marcada el alma. Ver cómo los inocentes padecen situaciones que no deberían enfrentar... verlos perder a sus padres sin entender el por qué, es lo más más duro de este oficio, asegura. Uno de los momentos más críticos de su carrera profesional ocurrió durante una emboscada guerrillera en el Cauca. Estaba cubriendo operativos de la Policía en el sector de El Tambo, al occidente del Cauca, en el 2005, cuando quedé en medio del fuego cruzado contra el ELN. Creí que ese sería mi final. Me di la bendición y no dejé de tomar fotos. Otra situación de alto riesgo la vivió al lado del cronista Jorge Enrique Rojas, en el Meta: Las Farc nos retuvieron cuatro días por no pedir permiso para hacer reportería en la zona. Temíamos que nos internaran en la selva por la presión del Ejército. Nos tuvimos que comer 10 hojas de papel con información que nadie podía ver nadie. Cada uno de nosotros se comió cinco hojas, recuerda. Hace 5 años, mientras cubría un incendio forestal en Cristo Rey, tuvo otro encuentro cercano con la muerte: Me interné en un sendero para tomar mejores fotos pero el viento me jugó una mala pasada porque cambió de dirección, cerró la vía de acceso y quedé rodeado por fuego y humo. Pensé que moriría asfixiado. Me puse la cámara de frente y tomé las que pensé que serían mis últimas fotos. Pero al cabo de un rato oí voces de personas, grité para pedir auxilio y por suerte se trataba de bomberos que me rescataron de la zona. No obstante, se siente privilegiado por haber vivido estas y otras experiencias inenarrables en nombre de un periodismo libre, con mística y valiente. Amo mi profesión porque no hay otra donde se puedan vivir tantas experiencias como las que uno ve como reportero gráfico. En su emotivo discurso de aceptación del premio Rodrigo Lloreda, expresó de forma serena y poética: Todo el que me conoce, me conoce por la fotografía. Las puertas que se me han abierto, igual, han sido por la fotografía. Pero lo más importante es que cada día se siguen abriendo, y las abren manos amigas, porque amigos es lo que me ha traído la fotografía. La relación con su esposa Yaneth la considera de novela. Van a cumplir 25 años de casados en julio y tienen dos hijos, Daniel y la pequeña Natalia. Pero hace solo seis meses nació su primera nieta, Amelie, que cambió nuestras vidas para siempre. Ahora siente la responsabilidad de enseñarle a su hijo a ser un padre excelente, para que no cometa nuestros mismos errores y su relación de pareja sea duradera, sana y feliz, añade. El periodismo es un trabajo que exige entrega y dedicación, pero sus tiempos libres los disfrutan al máximo en familia. Van al cine, salen a comer y van a pescan juntos. Palabras mayores Sobre la elección de Jorge Orozco como Reportero del Año expresó Diego Martínez Lloreda, director de información de El País: Siempre he creído que, como su nombre lo dice, el reportero gráfico es tan periodista como cualquiera de sus compañeros de la redacción. La única diferencia es el instrumento con el que el uno y los otros trabajan. Pero la tarea del reportero gráfico tiene una diferencia fundamental con la del redactor común, que la hace especialmente valiosa: mientras el redactor que se sienta frente a su ordenador a hacer su nota, puede corregir y volver a empezar y cambiar palabras, el reportero gráfico, no tiene esa posibilidad. Cuando sale con su cámara sabe que tendrá un instante, uno solo, para captar su imagen. Si ese instante se pasa, la imagen registrada no tendrá la oportunidad que se requiere. Esa es la magia del periodismo gráfico, saber obturar la cámara en el momento preciso. (...) Pero el talento de Jorge va más allá de su capacidad como reportero gráfico. Así lo demostró con la conmovedora crónica que escribió sobre el hospital de los muñecos, cuya calidad fue destacada en estos premios. Jorge es pues un periodista integral. Grandes palabras para un grande de la fotografía y orgullo de esta casa editorial.