— ¿Cuál es el antónimo de picante? —le preguntó hace unos días Doménico Reina, un niño de 8 años, a su papá, Hernán.
Él, ingeniero mecánico, intentó dar una respuesta rápida, pero no lo logró. Debió recurrir a Google y a la biblioteca familiar, como casi siempre le sucede con las preguntas de su hijo.
— No existe un antónimo preciso de picante —le respondió después de investigar.
Ser padre de un niño con capacidades excepcionales es enfrentarse a diario a preguntas que obligan a estudiar o que pueden dejar a cualquier adulto en evidencia.
En una ocasión, la familia se encontraba en el Lago Calima, celebrando un cumpleaños. María Victoria Villegas, la mamá de Doménico, abrazaba a su hijo y a Antonella, su hermana, mientras contemplaba el paisaje.
— Qué color tan lindo el del lago. Es como un verde o un azul aguamarina —dijo.
Doménico, muy serio, le aclaró que el agua no tiene color.
— Estás viendo el verde de la montaña mezclado con el azul del cielo.
Ella sonrió, orgullosa, aunque le dijo en broma:
—Gracias por arruinar el momento.
A sus 8 años, Doménico, nacido en Cali, acaba de entrar en la élite mundial del cálculo mental. En el World Super Topper de la Mental Math World Cup 2026, un campeonato que se desarrolló en línea, ocupó el sexto lugar de su categoría y se convirtió en el único participante de Iberoamérica entre los diez primeros.
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Doménico cursa sexto de bachillerato en el Colegio Colombo Británico. Adelantarlo de curso no fue solo una decisión motivada por sus habilidades excepcionales para las matemáticas. También tuvo que ver con su desarrollo socioafectivo, que sus padres consideran superior al esperado para su edad biológica. Los niños de 8 años le parecen infantiles. Sus compañeros de salón tienen, en promedio, 12.
— Parece un viejito —dice su mamá entre carcajadas. Mientras conversamos, él resuelve ecuaciones matemáticas en una tablet.
Su habilidad con los números surgió de forma natural. Sus papás comenzaron a notarlo cuando iban al supermercado y Doménico leía cifras de miles, incluso antes de ingresar al colegio.
Una investigación sobre sus habilidades, realizada por el Departamento de Pensamiento Lógico y Matemático de la Universidad Icesi, confirmó que tiene un potencial matemático superior al esperado para su edad.
“A sus 8 años, demuestra una capacidad inusual para identificar patrones, establecer relaciones abstractas, formular conjeturas y abordar problemas complejos”, concluyeron los especialistas.
Según el estudio, su nivel de razonamiento abstracto y variacional se aproxima al de estudiantes de noveno grado o superior, aunque en algunos contenidos procedimentales se ubica entre sexto y séptimo. Por eso, recomendaron diseñar “una ruta educativa flexible, con mayor profundización y desafíos intelectuales, en lugar de limitarse a adelantarlo de curso”.
Tiene sentido: desde 2024, Doménico es miembro de Mensa International y Mensa Reino Unido, organizaciones que agrupan a personas con un coeficiente intelectual elevado. Fundada en Inglaterra en 1946, Mensa es una de las asociaciones de este tipo más conocidas en el mundo.
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La invitación para participar en la Mental Math World Cup 2026 llegó al colegio. Doménico jamás había competido en un campeonato de cálculo mental, ni siquiera a nivel local.
Le pregunto cuánto tiempo se preparó y hace un movimiento con los labios, como queriendo decir que no necesitó estudiar demasiado.
— Practiqué en una plataforma que el mismo torneo suministra. Le dediqué unos quince minutos al día, lo necesario para afianzarme en su manejo.
En su categoría se inscribieron 8100 niños de 56 países. En la primera ronda debían presentar un examen del que clasificaban los 200 mejores. Ellos pasaban a la final, en la que debían resolver 100 preguntas o problemas matemáticos en diez minutos, todo monitoreado a través de Zoom. Cada respuesta correcta otorgaba diez puntos y por cada error se restaban dos.
Doménico y otros nueve niños respondieron correctamente las cien preguntas y obtuvieron el puntaje perfecto: mil puntos. El desempate se definió por el tiempo empleado en resolverlas.
Doménico ocupó el sexto lugar, con 3 minutos y 53 segundos. El primero, Ravikorn Dilakanont, de Tailandia, lo hizo en 2 minutos y 40 segundos.
En la lista de los diez primeros aparecen niños de Rumania, Egipto, Qatar, Filipinas e India. Doménico es el único representante de América.
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— ¿Qué quieres ser cuando seas grande? ¿Cuál es tu sueño? —le pregunto. Él pone la tableta sobre sus piernas y piensa un momento.
— La verdad, no sé.
Además de un talento excepcional para las matemáticas, también se destaca en el deporte. Juega golf y es el actual campeón de la temporada Coffee Triangle, disputada en el Eje Cafetero. En Pico de Loro, en la zona rural de Cali, les da clases a otros niños como voluntario de la Fundación Sueño Alcanzado.
También toca piano. Le gusta la música clásica. Sus papás, en cambio, son salseros, “más criollos”. Hernán, a veces le pide que toque en el piano alguna canción de Ismael Rivera.
— Como papás, acompañamos e intentamos brindarle los estímulos adecuados, el ambiente, para que Doménico pueda florecer y descubra qué quiere hacer más adelante. No es tan fácil definir ese camino aún, porque se destaca en muchas áreas —dice María Victoria.
La familia, sin embargo, tiene un propósito que va más allá de acompañar el desarrollo de su hijo: quiere que la historia de Doménico sirva de referente para que Colombia y su sistema educativo incluyan, promuevan y acojan a los niños con capacidades excepcionales.
— El sistema educativo del país no está diseñado para que los papás tengan herramientas a la mano para apoyar procesos de aprendizaje tan acelerados. Es un sistema que no sabe cómo brindarles atención y oportunidades a estos niños —añade la mamá.
Según un reporte del Ministerio de Educación, en Colombia hay alrededor de seis mil niños con capacidades excepcionales identificados. La cifra, sin embargo, no necesariamente representa a todos los que tienen estas capacidades, sino solo a aquellos niños que han sido registrados.
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María Victoria es arquitecta, pero en ocasiones se le escucha hablar como una abogada.
—He debido aprender de leyes —explica.
La experiencia con su hijo la llevó a fundar Gwap, Ecosistemas del Desarrollo del Potencial Humano, una organización que reúne actores de la sociedad civil para trabajar por los niños con capacidades excepcionales.
— Se necesita abrir la conversación en torno a qué hace Colombia con la identificación de estos niños y con la garantía de su inclusión y potenciación. Es un tema de soberanía científica y tecnológica que el país no desarrolla plenamente, en parte porque el Estado no les brinda la atención que necesitan. Muchos viven en zonas rurales o marginales.
En Colombia, a diferencia de Estados Unidos, no existen centros educativos especializados en atender a niños con capacidades excepcionales. La atención depende de las posibilidades de cada institución para responder a sus necesidades y de los recursos de sus familias.
— Ser padre de un niño como Doménico es muy lindo, estimulante, pero al mismo tiempo demandante, porque uno no encuentra un lugar para él. El Colombo es su tercer colegio. Los otros han declarado que no pueden brindarle atención. Pero llegas a los mejores colegios y tampoco es lo que realmente llena. Entonces, todo el tiempo es remando —comenta Hernán.
El niño que acaba de ubicarse entre los diez mejores del mundo en cálculo mental ni siquiera cuenta con una beca. La mensualidad de su colegio, donde se está diseñando un Plan Individualizado de Formación (PIF), ronda los ocho millones de pesos. ¿Qué sucede con los padres de niños con capacidades excepcionales que no pueden pagar una educación de ese costo?
La pregunta adquiere otra dimensión cuando se observa el panorama educativo del país. Los resultados de Colombia en matemáticas en las pruebas Pisa han evidenciado deficiencias evidentes.
Para María Victoria, la historia de su hijo demuestra que también es necesario revisar cómo se identifica y se acompaña a los estudiantes que aprenden a un ritmo distinto.
— Quizá el sistema educativo debe reinventarse, innovar, para identificar a ciertos chicos que están invisibilizados y que pueden representar perfectamente al país ante el mundo, ante competidores de gran nivel. Potencial hay, pero el sistema educativo lo desconoce.
Hace unos días, a través de su fundación y acompañada del Grupo de Acciones Públicas (Gapi) de la Icesi, María Victoria envió un derecho de petición al Ministerio de Educación. Buscaba entender cómo funciona en el país la atención educativa de los niños con capacidades o talentos excepcionales.
Las respuestas del Ministerio plantean interrogantes sobre la capacidad del Estado para garantizar esa atención: reconoce que no cuenta con una evaluación que permita determinar si los mecanismos de identificación, caracterización y atención de estos menores funcionan adecuadamente en todas las secretarías de Educación.
Tampoco cuenta con un indicador nacional que conecte el registro de los estudiantes con capacidades excepcionales con la atención que reciben.
En otras palabras, el Ministerio puede saber que un estudiante aparece registrado como excepcional en el sistema educativo pero no cuenta con un indicador que permita comprobar si recibe estrategias pedagógicas diferenciadas.
Para la familia de Doménico no basta con identificar a estos pequeños. Es necesario garantizar que sus capacidades tengan oportunidades para desarrollarse.
— Se necesita una política pública que unifique las normas para identificar y atender a los niños con capacidades excepcionales, tanto en colegios públicos como privados. Para ello, buscamos que la Corte Constitucional seleccione un caso piloto, como el de Doménico, y adelante un litigio estratégico que permita avanzar en esa dirección. Además, es necesario verificar cómo se utilizan los recursos del Sistema General de Participaciones destinados a esta población, pues, aunque están contemplados en la norma, no se audita su ejecución —dice María Victoria.
Doménico todavía no sabe a qué se dedicará cuando sea adulto, aunque lo más probable es que su historia termine llevándolo a transformar un país que todavía busca la manera de reconocer y acompañar a sus pequeños con capacidades excepcionales.
— Siempre me han gustado las situaciones retadoras, difíciles –dice.
Cali tiene identificados 240 estudiantes con talentos excepcionales
La Secretaría de Educación de Cali tiene identificados a 240 estudiantes con talentos excepcionales en las instituciones oficiales.
De ellos, 89 se destacan en áreas artísticas, como la danza; 74 tienen talentos deportivos; 41, en tecnología; 15, en ciencias sociales y humanas; y 4, en ciencias básicas, categoría en la que se encuentra Doménico Reina por sus habilidades matemáticas.
También hay 4 estudiantes con talentos en liderazgo social y emprendimiento, y 13 con capacidades excepcionales en dos o más categorías.
Según Sara Rodas, secretaria de Educación de Cali, la Alcaldía está fortaleciendo una ruta de atención para esta población y trabaja en una resolución que establecerá su manual operativo.
En algunas instituciones oficiales ya se brinda asistencia técnica para elaborar los Planes Individualizados de Formación (PIF), herramientas pedagógicas que permiten a los docentes profundizar en las áreas de mayor habilidad de cada estudiante, flexibilizar sus procesos de aprendizaje y ofrecer acompañamiento psicosocial.
Rodas explicó que la atención se presta en las aulas regulares, mediante estrategias de inclusión, y no en instituciones especializadas. Sin embargo, la Secretaría no tiene discriminado el presupuesto anual destinado específicamente a estos estudiantes. Tampoco cuenta con un reporte global que permita conocer cuántos niños con talentos excepcionales están matriculados en colegios privados de Cali.
En cuanto a los apoyos a las familias, Rodas dijo que los estudiantes del sistema oficial pueden acceder a beneficios generales, como transporte escolar, cuando cumplen las condiciones establecidas, alimentación y acompañamiento psicosocial.