La vanidad y la codicia son dos pecados encapsulados en forma de biopolímeros. Biogel, metacrilato, células expansivas, dimetil polisiloxano, rellenos musculares, ácido hialurónico o vitamina C, son algunos de los nombres bajo los que algunos mercaderes de la ciudad están comercializando los biopolímeros, que no son más que sustancias sintéticas que, pese a las promesas de ser absorbibles por el cuerpo, no son compatibles con el organismo y generan una respuesta adversa conocida como Alogenosis Iatrogénica, que es la aparición de dolores, pigmentaciones, fibrosis, infecciones, fístulas, desplazamientos del material, entre otros males. Los biopolímeros transforman la obsesión de la belleza en una pesadilla sin forma. Lea también: Nuevo llamado de alerta por uso de biopolímeros en cirugías clandestinas

La vanidad colma a hombres y mujeres que desean mejorar su cuerpo con métodos estéticos; al tiempo que la codicia se adueña de peluqueros, masajistas, esteticistas y hasta médicos y cirujanos que aprovechan el afán de los vanidosos para inyectarles sustancias que realzan la figura a precios irrisorios. Aunque las autoridades en salud municipal y departamental no tienen registro de cuántas personas hay afectadas con biopolímeros, cirujanos plásticos de la ciudad dicen que el número de pacientes que se han inyectado podría superar las 120.000 personas, solamente en Cali.

Según Medicina Legal, el año pasado fallecieron en el Valle del Cauca 14 personas luego de practicarse procedimientos estéticos irregulares. Una de esas muertes estuvo ligada con la inyección de biopolímeros. Este año se ha registrado una muerte por sustancias no autorizadas; la víctima fue Leidy Johanna Leyton, 34 años, a quien le habrían inyectado un aceite industrial en los glúteos y eso le generó un tromboembolismo pulmonar.

El drama de Norma

“Yo siempre tuve poca cola y eso siempre me acomplejó, porque estamos en una sociedad que tiene unos estándares de belleza basados en la abundancia. Cinco vecinas me recomendaron a una esteticista que les había agrandado la cola con una inyección, ninguna me habló de dolores o malformaciones, todo les había salido bien.

Un día, hace ya diez años, fui donde la señora para que me hiciera una valoración; todo estaba en orden en ese local de la Autopista Sur, cerca a La California, se veía limpio y me daba confianza que ella había sido instrumentadora del Servicio Social. Me cobró $2 millones por inyectarme algo que, dijo, era ácido hialurónico. Q uedé regia.

Cuatro años después de haberme inyectado, se formaron unas bolitas en la cola y algunas migraron hacia la espalda, empezaron los dolores y la inflamación. No sabía qué era, solo sabía que me dolía cualquier esfuerzo, por mínimo que fuera. Fui a un internista, estuve en terapia con el fisiatra y hasta me hicieron terapia neural, pero nada sirvió.

El doctor me mandó una resonancia magnética para ver qué pasaba y así supe que tenía biopolímeros. El retiro de buena parte de esas bolitas costó $18 millones. Perdí la cola, pero recuperé la salud.

"Nunca fui a pelear ni denuncié porque sabía que tenía la culpa, la vanidad pudo más que la salud. El otro día pasé por la Autopista Sur, cerca a La California, la estética que era un local pequeño ahora es un edificio de tres pisos en el que siguen promocionando el mismo ácido hialurónico”.

La pesadilla de Cindy

“Esa peluquería - spa es famosa en el norte. Allí va mucha gente de La Flora y Santa Mónica a aplicarse cosas para rellenarse la cara y la cola. Varias de mis amigas lo han hecho y no han tenido reacción alguna. La esteticista me dijo que me aplicaba Biogel en los glúteos por $2,5 millones y, teniendo en cuenta que una operación cuesta más de $10 millones, acepté sin pensarlo.

Cuando estalló el caso de Jessica Cediel, se encendieron las alarmas. Yo sabía que tenía biopolímeros y fui donde la esteticista a preguntarle qué hacer y solo respondió que ella llevaba 20 años con el Biogel en la cola y no le había pasado nada, que esperara.

El año pasado empecé a sentir dolor en la zona sacra, siempre estaba cansada y aburrida, estaba perdiendo la memoria. Me tocaba y sentía bolitas ir y venir. Luego, esas peloticas bajaron a la parte externa de las piernas y decidí no seguir esperando. Fui donde el doctor Carlos Alberto Ríos y me hizo dos cirugías: una de retiro de los biopolímeros y otra de reconstrucción de glúteos. Ya voy en $40 millones y falta otra intervención para mejorar el aspecto de la cola”.

Las cicatrices de Stella

“Yo siempre había querido rellenar los surcos de la nariz y aumentar un poco el tamaño de los muslos. Esa esteticista tenía un local en el sector de La Luna, donde también había odontología, me dijo que los biopolímeros no tenían problema, que estaban aprobados por el Invima y que el cuerpo los asimilaba sin problema.

Me inyectó hace dos décadas, pero los síntomas de cansancio en las piernas y pesadez en los labios los empecé a sentir hace tres años; fui donde un doctor en Bogotá que me cobró $15 millones por sacar esa gel, pero no me quitó nada y los dolores en las piernas y el malestar siguieron. Varios cirujanos también prometieron quitarme los biopolímeros, pero ninguno cumplió.

El doctor Ríos me quitó los grumos que tenía en las piernas y una parte de los que tenía en los labios, porque el material que me inyectaron en los surcos de la nariz se dispersó por la boca.

Yo denuncié a esa esteticista, junto con otras cinco pacientes a las que también les puso biopolímeros, porque la inyección que me aplicó no es nada si se compara con las cicatrices de 15 centímetros que hoy tengo en las piernas y me impiden ponerme faldas y pantalones cortos. Eso fue suficiente para que sellaran el local de La Luna y ella terminara en la cárcel”.

El bisturí de Ríos

Las historias de Norma, Cindy y Stella están unidas por el mismo eslabón: Carlos Alberto Ríos, uno de los pocos cirujanos plásticos que se dedica al retiro de biopolímeros en Colombia.

Cuenta Ríos que en Cali muchas mujeres se están inyectando aceites y siliconas. Ellas recurren a ese método para rellenarse los glúteos, la cara, las piernas, los senos y los genitales. También hay hombres que se inyectan en el rostro, pectorales, pene y glúteos. Comenta el cirujano que semanalmente 50 pacientes acuden a su consultorio porque tienen complicaciones con sus biopolímeros. Al mes, asegura, está retirando esas sustancias a 60 personas.

Explica el cirujano que para retirar esos materiales, en primer lugar se realizan incisiones pequeñas para introducir cámaras de video con las cuales explora los tejidos en búsqueda de daños. En segunda instancia, a través de incisiones más grandes y con diferentes tecnologías, se levanta la piel y el tejido subcutáneo para llegar directamente hasta la musculatura, o en ocasiones hasta el hueso, donde estén alojados los biopolímeros.

“En la ciudad puede haber al menos 100 personas que están inyectando estas sustancias en garajes, peluquerías, a domicilio. Si se tiene en cuenta que diariamente se puede inyectar a 5 personas y lo aplican durante 20 jornadas, estamos hablando de 10.000 pacientes al mes. Solo en el perímetro urbano de Cali, 120.000 personas se pueden estar aplicando biopolímeros al año. La gente no habla porque tiene vergüenza y esconde el dolor, pero si de cada 10 pacientes que se han inyectado biopolímeros en Cali falleciera uno, diariamente se estarían reportando 30 muertos. Este es un problema de salud pública, al que no se le está prestando la atención que merece”, asegura Ríos.

El secretario de Salud de Cali, Alexander Durán, aseguró que mensualmente ese despacho recibe dos denuncias por afectaciones ocasionadas por biopolímeros.

“El número de denuncias es bajo porque cuando le van a practicar el procedimiento, el paciente firma un consentimiento. La gente está conviviendo con las secuelas y queda con desazón, porque sabe que la denuncia no tiene trámite, debido a que en su momento firmó un documento que libraba responsabilidades. Eso sí, cuando la persona que va a practicar un procedimiento de estos no le informa al cliente lo que le está aplicando, sí cabe una denuncia y debe ser reportado por las víctimas”, concluyó Durán.

Buscan regulación

El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, espera que la próxima semana se radique en el Congreso un proyecto de Ley que regule los procedimientos estéticos que, si bien abordará el manejo de insumos adecuados, se centrará en regular quiénes son las personas idóneas para hacerlos.

“Este es un objetivo de salud pública, para que no se sigan haciendo procedimientos mal hechos que terminan en complicaciones de salud y sufrimiento de los pacientes”, dijo Gaviria.

El articulado contempla que todos los insumos, medicamentos y tecnologías que se usen en procedimientos invasivos, deberán gozar de autorización por parte de las autoridades. Asimismo, se estipulan sanciones por parte del Tribunal de Ética de su profesión de hasta por 2500 salarios mínimos mensuales vigentes para quienes realicen procedimientos médicos o quirúrgicos sin el cumplimiento de requisitos, además de la suspensión del ejercicio hasta por 15 años.

De igual forma, se considera la pérdida de la habilitación y el cierre temporal o definitivo del servicio, multas adicionales de hasta 10.000 salarios mínimos mensuales legales vigentes; y la indemnización solidaria a los pacientes afectados.

Apuntes

  • Biopolímeros que son comercializados como vitamina C, se pueden conseguir en el mercado por $92.000. Otros, como silicona industrial, pueden costar $20.000 en una ferretería.
  • Según el cirujano Carlos Ríos, quienes más se están inyectando biopolímeros, son las mujeres entre los 18 y 30 años. Sin embargo, algunas niñas de 13 y 14 años también están inyectándose.
  • En una operación se pueden retirar entre 1,5 y 3 kilos de material y tejido.