En el marco de la conmemoración del Día Mundial de los Humedales, celebrada el pasado 2 de febrero, el humedal de Charco Azul se destaca por su valor ecológico y por el trabajo articulado entre la comunidad y el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma) para su protección, conservación y recuperación.
Durante años, la laguna de Charco Azul fue vista como un lugar peligroso, asociado a relatos populares sobre animales, desapariciones y riesgos. Esa percepción negativa alejó a muchos ciudadanos de un ecosistema clave para la biodiversidad urbana. Hoy, esa imagen ha cambiado.
Gracias a procesos de restauración ambiental y participación comunitaria, Charco Azul es reconocido ahora como un espacio de conservación, educación ambiental y encuentro ciudadano, donde el avistamiento de aves, los senderos ecológicos y las huertas comunitarias han transformado los antiguos mitos en orgullo ambiental.
El humedal cuenta con un sendero ecológico desde el cual es posible observar 53 especies de aves, entre residentes y migratorias.
“Estos espacios tienen tres funciones principales: conservación, educación ambiental y recreación paisajística. Estamos recuperando este espacio para el disfrute de Cali y de todos los visitantes”, explicó Luis Alberto Acevedo, integrante del grupo de Guardianes de Humedales.
Actualmente, Cali cuenta con nueve comités de co-manejo en la zona urbana y tres en la zona rural. Solo en 2025 se realizó una inversión de más de 800 millones de pesos en la recuperación de espejos de agua, franjas de protección, recolección de residuos, embellecimiento, acciones pedagógicas y mantenimiento permanente.
Beatriz Mosquera, lideresa del proceso y representante de la Asociación Mejorando Vida, destacó el alcance social y pedagógico del proyecto. “Hemos creado una metodología que permite que personas de la comunidad, de otras ciudades y de otros países, vengan a aprender sobre este espacio. Hemos recibido visitantes de más de 12 países y tenemos alianzas con universidades de Bogotá, Canadá e Inglaterra. Aquí se hacen recorridos por los senderos y aprendizajes sobre las especies vegetales y las aves”, señaló.
Desde las huertas comunitarias, Yurani Mosquera recordó cómo el territorio cambió con el trabajo colectivo. “Antes, esto era quema de basura y escombros. Con la siembra hemos generado un impacto positivo: el humedal está más bonito, hay protección alimentaria y se aprovecha la tierra. Sembramos plátano, papaya, maracuyá, guayaba, tomate y plantas medicinales”, dijo.
El mantenimiento permanente del ecosistema recae, en buena parte, en quienes han vivido allí toda su vida. Miryam Valencia, habitante del sector desde hace más de 40 años, explicó que la comunidad se encarga del “mantenimiento alrededor de la laguna: limpieza, poda, extracción de moños, control de hormigas arrieras, caracol africano y plantas invasoras como el buchón. Contamos con el apoyo del comité y del Distrito, que siempre está pendiente de los procesos de la comunidad”.
Según el diagnóstico ambiental, en Cali habitan cerca de 600 especies de aves y más de 700 especies de fauna.
“El 14 de febrero tendremos una jornada de avistamiento de aves en Charco Azul”, anunció Mónica Londoño, líder del Grupo de Ecosistemas del Dagma.
El humedal también guarda memoria. Historiadores recuerdan que durante los Juegos Panamericanos de 1971, Charco Azul fue utilizado como escenario para prácticas de canotaje.
De los 61 humedales que existen en Cali, conocida como la ‘Capital Biodiversa de Colombia’, 16 están en predios públicos y 43 en privados. Charco Azul hace parte del grupo de humedales públicos priorizados por su valor ecológico y social, consolidándose como un pulmón ambiental del oriente caleño.