El País recorrió Altos de Santa Elena, en el sector de Meléndez en Cali; se ha convertido en uno de los epicentros del drama humano que dejó el terremoto del pasado lunes 10 de agosto.

El movimiento telúrico obligó a la evacuación de alrededor de 160 familias que habitaban en ocho torres del conjunto residencial, las identificadas entre la 83 y la 90, y que, según los primeros diagnósticos, presentan daños estructurales que hacen inviable su habitabilidad.

La situación en el terreno es de emergencia debido a que muchas familias permanecen fuera de sus hogares viviendo en ‘cambuches’, donde dependen de la ayuda humanitaria y esperan respuestas claras y rápidas sobre el estado real de sus viviendas y las medidas que tomará la administración local.

Durante el recorrido en la zona, El País presenció un panorama complejo. Jennifer Martínez, líder de la etapa 4 de Altos de Santa Elena, explica que las ocho torres afectadas han sido señaladas para demolición y que “ninguna es habitable”, por lo que las familias tuvieron que abandonar sus apartamentos de forma inmediata.

En el centro de acopio improvisado, Martínez coordina la recepción de donaciones y relata las dificultades logísticas que han enfrentado: las lluvias de los días posteriores al sismo dañaron cobijas, colchonetas y carpas, y obligaron a reforzar la protección de las ayudas para evitar que se mojen.

“Estos dos días hemos recibido mucha lluvia; gracias a Dios ya nos salió el solecito”, comenta, al tiempo que pide insumos básicos adicionales para mantener la atención a las personas desplazadas.

Evacúan Altos de Santa Elena por daños estructurales tras el terremoto | Foto: El País

La necesidad no es solo de abrigo; la comunidad de Altos de Santa Elena requiere insumos para alimentación y para mantener un comedor comunitario que hoy funciona con las donaciones que llegan preparadas.

Martínez señala que han recibido estufas y algunos utensilios, pero que hacen falta más elementos para garantizar la preparación diaria de desayunos y almuerzos que sostienen a las familias mientras permanecen fuera de sus hogares.

La logística de distribución y el almacenamiento de las donaciones son retos constantes, agravados por la precariedad de las carpas y la exposición al clima.

En el relato de los vecinos también aparece la dimensión emocional y social del desastre. Daniel, otro habitante del sector, recuerda la incertidumbre de los primeros momentos y valora la solidaridad ciudadana.

“No hay garantías”: Propietarios y funcionarios coinciden en la evacuación de las torres afectadas | Foto: El País

“Realmente, la solidaridad de los caleños, la solidaridad de todas las personas y el resto del país ha sido en estos momentos indispensable”. Esa red de apoyo ha permitido aliviar, en parte, la angustia inmediata, aunque reconoce que las condiciones de vida aún están lejos de ser las deseadas: hay seguridad y comodidad “con un poco más”, pero no la recuperación total que las familias necesitan.

Desde la perspectiva técnica y administrativa, propietarios como Juan Carlos Echeverry confirman que Altos de Santa Elena fue catalogado como “zona cero” tras el sismo. Echeverry asegura que las visitas de funcionarios de la Administración Distrital han sido constantes y que los informes coinciden en que las torres presentan daños estructurales de consideración, por lo que se recomienda la evacuación preventiva.

“No es habitable en el sentido de que no hay garantías en el caso de que haya un nuevo sismo y la torre pueda resistir”.

Se espera que en los próximos días, entes administrativos sigan realizando evaluaciones en el sector para determinar el paso a seguir. La garantía de vivienda segura y la atención integral a las afectaciones materiales y emocionales requerirán tiempo y recursos.