Desde la infancia, el sistema de recompensas tradicional entrena a las personas para asociar de manera directa el error con el rechazo. El éxito temprano se traduce en aplausos, caritas felices o medallas, mientras que el fallo desencadena dinámicas de corrección, vergüenza, culpa o silencios prolongados.

Aunque no se verbalice de forma explícita, los individuos crecen bajo la creencia de que equivocarse pone en riesgo su valor personal. Como consecuencia directa, los adultos dejan de intentar nuevas metas o solo se inclinan hacia aquello que dominan con certeza. A este comportamiento defensivo se le suele catalogar socialmente como una actitud “estratégica”, cuando en realidad constituye miedo disfrazado de sensatez.

Este patrón psicológico se evidencia en la práctica diaria de quienes asocian su valía personal con el triunfo continuo. Estas personas evitan el error sistemáticamente hasta que enfrentan un quiebre estructural que las obliga a replantearse sus bases. En ese punto de inflexión, la experiencia fallida deja de ser una amenaza y adquiere el potencial de convertirse en un nuevo punto de partida.

Muchas personas asocian su valor con el éxitoy terminan evitando el error hasta que enfrentan un quiebre que los obliga a replantearse todo. | Foto: El País

La confusión entre el evento y la identidad

El periodista, conferencista, coach y creador del podcast Máximo Desempeño, Pablo Jacobsen, vivió este proceso en primera persona tras liderar publicaciones de alto perfil en el ámbito editorial. “A los 27 años me nombraron director de la revista Maxim en español para Latinoamérica. Por fuera, parecía el mejor trabajo del mundo, pero por dentro estaba completamente vacío. Me había desconectado de lo que realmente me importaba”, relata Jacobsen, quien también se desempeñó como director editorial de la revista SOHO en Colombia.

Pablo Jacobsen, creador del podcast Máximo Desempeño, conferencista, coach. | Foto: Planeta

Esta desconexión interna lo llevó a renunciar sin tener un panorama claro sobre su futuro. Sin embargo, el desafío principal no radicó en la pérdida del empleo, sino en la interpretación personal de la situación. “Lo peor fue la historia que me conté: no pensé tuve un fracaso, pensé soy un fracasado. Confundí el evento con mi identidad. Esa confusión casi me destruye, pero también me obligó a reconstruirme desde cero”, explica el especialista.

Quienes buscan alcanzar objetivos significativos deben asumir que el camino incorpora incertidumbre, decisiones complejas y momentos de duda. Modificar la actitud ante estas circunstancias depende de la historia que cada persona se cuenta a sí misma, lo que permite recuperar la capacidad de responder con claridad en lugar de reaccionar bajo el impulso del temor.

“El miedo a evitar los errores eleva la posibilidad de fallar, afecta la confianza y tiene un impacto negativo sobre la motivación y la concentración”, asegura Jacobsen.

El rol de las aulas en la resiliencia del futuro

Esta transformación conceptual impacta directamente en los modelos de crianza y formación escolar. Jacobsen enfatiza la necesidad de trasladar este aprendizaje a las nuevas generaciones: “Ese es el tipo de pensamiento que hoy quiero inculcarle a mi hija y que considero fundamental en su formación: entender que equivocarse no define quién es, que el error hace parte del aprendizaje y que los momentos difíciles también construyen”.

El conferencista señala que las crisis complejas moldean los criterios con los que los padres eligen la educación de sus hijos, buscando instituciones alineadas con este desarrollo humano. En este escenario, las instituciones educativas asumen una responsabilidad que trasciende la transmisión de conocimientos académicos. Los colegios se convierten en los espacios principales donde los estudiantes adquieren herramientas para gestionar la incertidumbre y tomar decisiones con autonomía.

Un ejemplo de esta coherencia metodológica es el Colegio Hacienda Los Alcaparros, cuyo modelo pedagógico se fundamenta en el aprendizaje activo y la educación por proyectos.

En este proceso, el error se asume como parte natural del aprendizaje: al aprender haciendo, los estudiantes se equivocan, reflexionan y ajustan, entendiendo que es una oportunidad para mejorar y fortalecer sus resultados.

A través de experiencias prácticas y espacios que fomentan la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, el colegio impulsa la autonomía y la capacidad de asumir retos.

Además, su enfoque en el desarrollo humano fortalece habilidades socioemocionales y promueve una visión en la que los desafíos se integran como parte esencial del crecimiento. Así, forma personas capaces de enfrentar la incertidumbre y construir su camino con criterio y confianza.

En definitiva, la reflexión que plantea Jacobsen cobra especial relevancia para quienes enfrentan momentos de incertidumbre o están cuestionándose si dar el siguiente paso. Más que evitar las dificultades, el reto está en desarrollar la capacidad de aprender de la experiencia y avanzar con mayor claridad. En ese proceso, los entornos educativos juegan un papel clave al formar personas capaces de adaptarse, tomar decisiones y construir su propio camino con seguridad y propósito.