No sé si les ha pasado que en medio de la peor pesadilla de repente una voz inconsciente les dice que están soñando y tratan de despertar y no lo logran, y solo después de unos segundo o minutos de angustia y desconcierto lo consiguen. Es la sensación que por estos días me acompaña a un mes de terminar el peor gobierno en la historia y de un presidente que da asco. Un epílogo de vergüenza acompañado de engaños, amenazas e incoherencia.
Por un lado tenemos a Petro -quien no merece haber sido y ser llamado Presidente- diciendo que no reconoce el resultado de las elecciones pero afirma que el siete de agosto entrega el poder porque es un “demócrata”. Mientras tanto su ventrílocuo de camisa con cuello Mao repite el libreto y llama a una desobediencia civil que ni él mismo sabe de qué trata, al tiempo en que acepta la curul del Senado que la Constitución da a los perdedores.
Un No pero Sí que más allá de generar incertidumbre y atizar toda clase de especulaciones, busca deliberadamente engañar a su fanaticada. Mantenerlos en un limbo. Su derrota es un castigo al mal gobierno, al desastre de la izquierda y a su ideología pauperizante. No saben cómo explicarles que perdieron, con todo el billete que le metieron y con la feria de contratos y puestos. No lo esperaban y aún están en negación. De ahí su discurso errático.
La mayoría de los colombianos despertó y dijo No más. No más a un presidente que llegó con trampa, con dineros del narcotráfico y del peor contrabandista; no más a un gobierno que permitió y alentó el control de vastas zonas del territorio por parte de los criminales, que le amarró las manos al Ejército y silenció a la Policía, que compró lealtades a punta de salarios, y que nombró gestores de paz a los peores criminales de esos grupos armados.
No más a un gobierno que asfixió y quebró el sistema de salud sin importarle el impacto en las personas y en especial en los más pobres -que no tienen medicina prepagada-. Que mantuvo a un ministro de salud que debió ser destituido y que debe terminar en la cárcel. Un gobierno asesino y una izquierda política cómplice que dice importarles los pobres y no se inmutó al verlos morir por falta de un tratamiento o un medicamento oportuno.
Ni qué decir de la corrupción a la que he hecho referencia en varios apuntes, la destrucción de Ecopetrol y del sector energético que amenaza con desabastecimiento de gas natural y racionamiento eléctrico. Igual de desoladora es la situación en infraestructura y vivienda, que cito a manera de ejemplo. Por donde uno mire, el legado es de tierra arrasada. Incluso en materia de tierras; ya empiezan a conocerse las cifras, que distan de las cuñas radiales.
En el pasado se podía estar o no de acuerdo con un gobierno, pero cumplían unos mínimos de decencia. Este presidente -aunque lo oculten- vivió de farra y en más de una ocasión apareció borracho, negó criar a su hijo mayor -igual de hampón- y se paseó con sus mozas en el exterior enriqueciendo a más de una y, se dedicó cuatro años a insultar, difamar y calumniar a la oposición para luego retractarse por orden judicial. Caímos muy bajo.
Podría seguir. En buen momento las Fuerzas Militares le pararon el macho, como se dice coloquialmente. Vamos a ver con qué salen en el mes que falta, él y Cepeda. En qué termina su show del fraude y la famosa desobediencia civil. Les falta coraje para ser consistentes, por eso reculan y se acomodan. Pero, la pesadilla aún no termina: faltan cuatro semanas para iniciar la remoción del estiércol y los escombros que no será fácil y tomará tiempo. Momento en el que empezarán a torpedear la esperanza, para tratar de retornar al poder.